Gustavo Petro, el exguerrillero que quiso cambiar Colombia
El presidente colombiano rompió la hegemonía de la derecha con el objetivo de traer igualdad social y paz al país
Bogotá"A pesar de no haber sido militar, sé, de la guerra y de la clandestinidad", dijo Petro hace pocos días cuando Trump lanzaba advertencias a Bogotá. Una tensión e intercambio de mensajes públicos que duró poco: el miércoles por la noche hicieron las paces con una llamada de una hora que rebajó la tensión, según el embajador colombiano en Washington. Trump apuntó que había sido "un honor" hablar con el propio presidente al que pocos días antes tildaba de narcotraficante. Por su parte, Petro publicó en las redes sociales una fotografía de dos animales –un águila y un guepardo– que simbolizaban un paso hacia la amistad entre ambos países. Pero Petro ya lo avisó: "Juré no tocar ningún arma más desde el pacto de paz de 1989, pero por la patria volveré a tomar las armas que no quiero".
Sólo Petro y sus compañeros de trincheras saben si realmente tiene las manos manchadas de sangre o si su carrera guerrillera no fue más allá de los campos de entrenamiento del M19, un Movimiento 19 de Abril formado por jóvenes con ideas de izquierdas en las décadas de los 70. grupo– eran más propagandísticas que bélicas, mientras compaginaba la actividad clandestina –bajo el sobrenombre Aureliano– con una concejalía en el Ayuntamiento de Zipaquirà, pueblo situado a unos 50 kilómetros de Bogotá. "Actividades políticas", dicen los analistas que han estudiado la figura de Petro para referirse a sus operaciones. Unas funciones que empezaron cuando el ahora presidente sólo tenía 18 años y estudiaba ciencias económicas en la universidad. De las acciones opacas con el grupo pasó a la clandestinidad y, posteriormente, acudió a prisión. Un par de años en una celda que no le acalló.
Petro salió para fundar la Alianza Democrática M19, un partido –ya legal– que reunía los principios de la organización para ser expuestos en las bancadas con argumentos y no en las montañas con pistolas. Como senador, Petro ganó adeptos en todo el país por su lucha contra el paramilitarismo, pero tampoco se casaba con las acciones de las FARC. Y muchos apreciaron un puente entre dos visiones o un interlocutor para dos Colombias que no hablaban.
El alcalde presidente
Petro logró imponerse a la ciudad de Bogotá en 2012 con un Movimiento Progresista que reunió el apoyo de los ciudadanos de la capital. Justicia social y reducción de la pobreza fueron sus principales eslóganes. De hecho, logró rebajar la pobreza monetaria de un 11,6 a un 10 por ciento, según datos oficiales. También creó una Oficina de la Mujer o un Centro de Ciudadanía LGBTI, se crearon centros para el control natal y también de atención de abortos en los casos permitidos por la ley. Un mar de progresismo en un contexto en el que la clase política tradicional –y de derechas– había tenido carta blanca durante décadas.
Pero su momento estelar llegaría cuando se presentó –por tercera vez– a una presidencia que parecía sólo apta para candidatos conservadores. En 2022, con la candidatura de Pacto Histórico, rompió con la hegemonía de la derecha. Junto con Francia Márquez, activista ambiental conocida en todo el país, llevó a debate unas propuestas nunca vistas: servicios públicos, derechos civiles, ambientalismo o relaciones externas que rompían con gobiernos anteriores. Porque Petro, además de querer construir de cero un estado del bienestar, buscaba dar la mano al vecino venezolano, aunque significara hacer temblar las relaciones con Washington.
La última entrada de Trump en la presidencia de Estados Unidos, un país que siempre había tenido bien apretado al socio colombiano, estuvo marcada por una Casa de Nariño que se alejaba ideológicamente. De hecho, aunque Trump haya invitado recientemente a su homólogo al Despacho Oval, tendrá que hacer gestiones con las autoridades migratorias: A Gustavo Petro se le anuló formalmente el visado la última vez que pisó el país con motivo de la Asamblea General de Naciones Unidas. "Llamo a los militares estadounidenses para que no obedezcan las órdenes de su presidente", dijo en las calles de Manhattan con un Roger Waters –cofundador del grupo de rock psicodélico Pink Floyd– que quedó deslumbrado. De repente, subió al aeropuerto y cuando llegó a Bogotá le comunicaron que ya no era bienvenido en Estados Unidos.
Pese a la retórica contraria a Trump, cuyas elecciones se celebran en el 2026 a las que él no se presentará, las acciones hablan por sí mismas. El diario El País, citando fuentes diplomáticas, dijo que esta semana Petro ha bombardeado campamentos de las disidencias de las FARC, ha fumigado con glifosato varios cultivos de torta y ha aceptado la extradición del narco Andrés Felipe Marín. Por otra parte, sobre la mesa del presidente Petro existe una petición del Pentágono para que incluya a grupos guerrilleros de las disidencias o al ELN como organizaciones de narcotráfico. Un Petro que salió de las trincheras para cambiar Colombia ahora mismo estaría haciendo caso a un Trump al que no le tiembla el pulso cuando se trata de entrar en casa sin llamar a la puerta.