Internacional 25/01/2022

Brasil se prepara para una campaña muy polarizada con Bolsonaro y Lula como protagonistas

El presidente ultraconservador se hunde en las encuestas mientras que el petista tiene opciones de ganar en primera vuelta

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Luiz Inacio Lula da Silva, expresidente del Brasil, saluda a los asistentes a una rueda de prensa a Sao Bernardo don Campo, Brasil

Santiago de ChileFaltan todavía nueve meses para las elecciones de Brasil, pero ya hace tiempo que las encuestas publican pronósticos y la sociedad brasileña ha entrado de lleno en una precampaña electoral que se prevé eterna. El favorito indiscutible es Luiz Inácio Lula da Silva, que disputaría la presidencia al actual presidente, Jair Bolsonaro. En el Palacio del Planalto las alertas están encendidas por la bajada en intención de voto y aprobación que registra su actual inquilino. 

Según las últimas encuestas de Datafolha y la Ipec, las dos de mediados de diciembre, Lula sería presidente por tercera vez y, a diferencia de las dos anteriores (2002 y 2006), esta vez no tendría que pasar por una segunda vuelta porque supera a Bolsonaro por casi 30 puntos. Por otro lado, solo entre el 19% y el 22% aprueban la gestión del actual gobierno. Según analistas locales, empezar el año electoral en una posición de desventaja es una mala señal para un presidente que busca la reelección. Todos los presidentes que lo han conseguido han empezado el enero por delante sus opositores.  

“Si ganara en primera vuelta sería un hecho inédito para el Partido de los Trabajadores (PT), pero creo que es difícil”, opina Talita Sao Thiago Tanscheit, politóloga e investigadora del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad de Río de Janeiro. Para ella, uno de los elementos que juega a favor de Lula es que “la gente tiene muy buena memoria de sus gobiernos”. Recuerda que ya en 2018 era el preferido en todas las encuestas de intención de voto, pero su inhabilitación judicial dio la victoria a Bolsonaro. “Hace dos años que la derecha y el centroderecha intentan hacerle frente con diferentes candidaturas, pero ninguno ha sacado una buena evaluación en las encuestas. Tanto Bolsonaro como la derecha convencional lo tienen muy difícil para superarlo”, añade. El pulso entre el ultraderechista y Lula se interpreta ahora como una manera de pasar las cuentas pendientes en esa ocasión, en la que la disputa no se concretó. 

“Será una campaña muy sucia”

A pesar de que ninguno de los dos ha hecho oficial su candidatura, en el país se da por hecho que serán ellos los que se disputarán la presidencia. Con 76 años, Lula empezó a sonar como candidato después de que la justicia le anuló las condenas por corrupción y tras pasar 580 días en la prisión. Bolsonaro, de 66 años, busca un segundo mandato pero carga el lastre de una pésima gestión de la pandemia y de una administración profundamente desacreditada. “La población se ha empobrecido, la economía ha reducido su capacidad de producción; han aumentado el paro, el hambre y la pobreza”, apunta Fernando Horta, historiador y profesor de la Universidad de Brasilia.

La campaña se prevé extremadamente polarizada y dividida. Horta se muestra preocupado ante la posibilidad de que se desate la violencia y augura que "será una campaña electoral muy sucia, de muy bajo nivel”. Según él, los adversarios de Lula recuperarán temas como la corrupción y el caso Lava Jato y desacreditarán las razones por las que los tribunales anularon las sentencias. “Los adversarios de Lula tienen dos caminos para intentar disminuir la ventaja: la paranoia de la amenaza del comunismo, que llegará dentro de poco a las redes sociales y a las pantallas, y retomar todo lo que Lula ha tenido que afrontar en el ámbito judicial”. Tanscheit sostiene que, de momento, los temas de campaña tienen que ver con el país y su recuperación: “Habrá una incidencia especial sobre el tema del hambre. Brasil salió del mapa del hambre durante el gobierno de Dilma Rousseff [2011-2016] y ahora ha vuelto a entrar”. 

El sector que considera que los dos candidatos son demasiados extremistas ha intentado promover, sin éxito, nombres alternativos. El que ha tenido más adhesión, hasta ahora, es el juez Sergio Moro, que fue quien encarceló a Lula y posteriormente se convirtió en ministro de Justicia de la primera parte del gobierno de Bolsonaro. Datafolha le da un 9% de votos en la primera vuelta. “Moro representa a las élites brasileñas de Sao Paulo y el norte de Paraná y a una parte del electorado que es antilulista, pero no son suficientes votos para llegar a la presidencia. No tiene opciones y en poco tiempo anunciará que concurre al Senado porque tendrá problemas con la justicia por la gestión de las investigaciones abiertas por el caso de Lula y necesitará la protección de un cargo político”, expone Horta.

Atraer a los sectores moderados

Hace meses que Lula explora posibles alianzas con varias fuerzas más moderadas. La pista clave, sin embargo, pasa por la elección de su vicepresidente. Por ahora, se perfila Geraldo Alckmin, un veterano del Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y ex gobernador de Sao Paulo, al que derrotó en las presidenciales de 2006. “Parte del PT considera que Alckmin podría garantizar la gobernabilidad en una sociedad tan polarizada y desgastada políticamente como es la brasileña”, dice Tanscheit. El nombre del número dos será el primer gran señal de Lula sobre cómo se está planteando su posible mandato.

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