Era la economía, estúpido: las claves de la derrota de Trump
La inflación, la guerra de Irán, el apoyo a Israel y las agresivas políticas antiinmigración han decidido las 'midterm'
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BarcelonaTrump había planteado las elecciones de mitad de mandato como un referéndum sobre su gestión, y el resultado ha sido un contundente triunfo del no. Los demócratas han obtenido el control de las dos cámaras y los republicanos han perdido estados que habían controlado durante décadas, incluso Texas. No le han servido las millonarias donaciones ni los altavoces de los tecnooligarcas –Elon Musk, Mark Zuckerberg y Jeff Bezos– que le rodeaban el día de su investidura, hace dos años, aunque parecen veinte.
La célebre frase que escribió en una pizarra James Carville, el estratega de la campaña que el demócrata Bill Clinton ganó en 1992, resuena hoy en las paredes de la Casa Blanca: "Es la economía, estúpido". El incremento del coste de la vida y unos precios de la gasolina disparados por su impopular guerra de Irán han hundido la aprobación de la gestión de Trump.
Estas elecciones de mitad de mandato eran el primer examen electoral del segundo mandato de Trump. Y confirman lo que las encuestas indicaban desde hacía meses: un profundo descontento con Trump, que ha fallado en sus promesas electorales, sobre todo una "era dorada" para los bolsillos de los estadounidenses y un repliegue que no arrastrara al país a librar guerras lejanas. Los demócratas sólo han tenido que responsabilizar a la guerra contra Irán y a los aranceles de Trump de las dificultades económicas que alimentan el malestar en todo el país. Los republicanos han fracasado en la estrategia de presentar a sus adversarios como extremistas, radicales, comunistas y antiamericanos. Repasemos las claves de la derrota del trumpismo.
El coste de la vida
El encarecimiento del coste de la vida ha sido un factor determinante del castigo electoral a Donald Trump y al Partido Republicano. En septiembre la inflación continuaba situada en el 3,7% interanual, según los últimos datos oficiales. Los precios de la energía han aumentado un 20,4% en un año (la gasolina un 34,2%). La cesta de la compra tampoco ha dado tregua a las familias: las frutas y verduras se han encarecido un 3,7%. La vivienda se ha encarecido un 3,2% y los seguros médicos dentro del Obamacare, un 22%.
La guerra de aranceles de Trump también ha disparado la inflación, y su respuesta para intentar contener los precios ha acabado enfadando todavía más a sus bases rurales: la Casa Blanca ha importado carne del extranjero, y esto ha golpeado a los ganaderos locales, que además han tenido que afrontar los precios disparados del combustible. La gente lo ha percibido: en las encuestas dos tercios del electorado responsabilizaba a Trump del encarecimiento de la vida.
La revuelta contra los tecnooligarcas
Previendo las dificultades de Trump en las encuestas, los tecnooligarcas invirtieron fuerte en la campaña republicana. Solo Elon Musk destinó 291 millones, según Open Secrets. De los diez primeros megadonantes, ocho han financiado al partido conservador, con un total de más de mil millones de dólares.
Por ello, en su histórico discurso de victoria, James Talarico, el primer demócrata elegido senador por Texas desde 1988, ha planteado el resultado como la victoria de David contra Goliat: "Hemos demostrado que ni todo el dinero del mundo puede ganar a la gente de Texas".
La impopular guerra de Irán
La guerra contra Irán ha acabado pasando factura electoral a Trump. El presidente había prometido que sería una operación rápida, pero el régimen de los ayatolás ha resistido y ha podido cumplir su amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio mundial de gas y de petróleo. El fracaso militar estadounidense ha tenido un impacto directo en los bolsillos de los norteamericanos: la gasolina se ha encarecido un 34% y el gasoil cerca de un 70%.
Más allá del impacto económico, el rechazo a la guerra muestra también el malestar por el incumplimiento de una de las grandes promesas con las que Trump llegó a la Casa Blanca hace dos años: dejar de hacer de policía del mundo y no malgastar más vidas ni más dinero en librar guerras fuera de casa, bajo la bandera de America first. Según una encuesta de Reuters, el 55% de los norteamericanos consideran que la guerra contra Irán no ha valido la pena, y un sondeo a pie de urna de la CBS constata que la mayoría de electores creen que Trump se equivocó al atacar Irán, una opinión que comparte incluso una cuarta parte del electorado republicano.
El apoyo a Israel sale caro
El apoyo incondicional al Estado de Israel en pleno genocidio de Gaza también ha acabado costando caro a los republicanos, muy especialmente entre el electorado joven y las minorías de origen árabe. Trump pidió el voto para el primer ministro Benjamin Netanyahu, después de haber pedido su indulto, y ha mantenido la ayuda militar a Israel durante todos estos años. Pero según el Chicago Council on Global Affairs, el 56% de los estadounidenses quieren reducir o eliminar la ayuda militar a Israel, un porcentaje que llega al 72% entre los demócratas. La nueva generación de demócratas ha roto con la política tradicional de apoyo a Israel, que también tuvo un coste electoral en la derrota de Kamala Harris en 2024.
El debate ha tenido una incidencia especial en Michigan, donde el candidato demócrata al Senado, Abdul El-Sayed, de origen egipcio y defensor de poner fin a la ayuda militar a Israel, ha ganado pese a una intensa campaña del lobby proisraelí AIPAC. Hasta el punto de que su rival en las primarias demócratas, Haley Stevens, acabó dando apoyo al candidato republicano, Mike Rogers. Talarico también pidió en la campaña de Texas limitar la venta de armas a Israel. En un intento a la desesperada de contener la derrota, Trump prometió antes de la apertura de los colegios detener la financiación a Israel, que se eleva a los 4.000 millones de dólares anuales.
El giro a la izquierda de los demócratas
La campaña de los republicanos se ha centrado en intentar llevar a cabo una caza de brujas contra sus rivales, acusándolos de "comunistas" o "radicales". Para el partido, estas elecciones eran una oportunidad de reencontrar una voz y una identidad propias y volver a conectar con el electorado que se quedó en casa en la victoria de Trump en 2024.
El veterano senador independiente Bernie Sanders, el alma del ala progresista del partido, acertó el diagnóstico hace dos años: "No debería sorprendernos mucho que un partido demócrata que ha abandonado a la clase trabajadora descubra que la clase trabajadora le ha abandonado a él". Sus palabras dejaron de ser una prédica en el desierto y el efecto Mamdani, representante de los Socialistas Democráticos de América (DSA) en las elecciones municipales en Nueva York, terminó de demostrar que tenía razón. Al menos cinco candidatos vinculados al ala izquierda han conseguido un escaño en la Cámara de Representantes: Darializa Avila Chevalier y Claire Valdez, en Nueva York; Melat Kiros, en Colorado, Donavan McKinney, en Michigan y Chris Rabb, de Pensilvania. Estarán al lado de Alexandria Ocasio-Cortez. El-Sayed se distanció de esta ala, aunque defiende la sanidad pública, y ha tenido el apoyo del establishment del partido, incluyendo el del expresidente Barack Obama.
El ascenso de esta nueva generación de dirigentes progresistas, muchos de los cuales han derrotado a representantes del establishment demócrata en las primarias, refleja una demanda de renovación política y de propuestas económicas más ambiciosas. Pero el giro a la izquierda no es homogéneo: los candidatos moderados también han logrado victorias importantes, lo que mantiene abierto el debate sobre el futuro ideológico del partido.
Las minorías se reivindican
Otra clave ha sido la reivindicación de las minorías tras dos años de políticas de racismo institucional de Trump, con las agresivas redadas del ICE, el cuerpo de inmigración y control fronterizo, contra las comunidades negras y latinas. Diversos electos representan este fenómeno: Keisha Lance Bottoms se ha convertido en la primera mujer negra elegida gobernadora de Georgia, y Abdul El-Sayed, en el primer senador musulmán de la historia de los Estados Unidos. Hakeem Jeffries será el primer presidente negro de la Cámara de Representantes. Chris Pappas, elegido por Nuevo Hampshire, será el primer senador hombre abiertamente gay de la historia de los Estados Unidos.