Netanyahu, el arte de sobrevivir a todas las crisis

Ha sido el más votado en las elecciones del martes, aunque ha perdido la mayoría parlamentaria

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El primer ministro israelí y líder del partido Likud, Benjamin Netanyahu durante la jornada de elecciones nacionales de Israel, en Jerusalén, el 28 de octubre de 2026.
31/10/2026 - 19:03 h

JerusalénHay pocas figuras políticas que hayan convertido su supervivencia en un rasgo tan definitorio de su carrera como Benjamin Netanyahu. A los 77 años, después de décadas dominando la derecha israelí, continúa en el centro de la política de Israel a pesar de las crisis diplomáticas, las protestas multitudinarias contra sus políticas, las investigaciones judiciales e, incluso, el fracaso de seguridad más grave de la historia del país, el 7 de octubre de 2023. Las elecciones del martes han vuelto a demostrar su resistencia: el Likud ha sido la fuerza más votada, aunque su bloque ha perdido la mayoría parlamentaria.

Su manera de entender la política está marcada por sus orígenes familiares. Nacido en Tel-Aviv en 1949, creció en una familia vinculada al sionismo revisionista. Su padre, Benzion Netanyahu, historiador emigrado de Polonia especialista en la Inquisición, defendía una concepción expansiva del estado judío y una visión desconfiada de las relaciones con los otros pueblos. Su hermano mayor, Yonatan, murió durante la operación militar en el aeropuerto de Entebbe, Uganda, para liberar a los rehenes de un avión secuestrado. Su muerte reforzó la narrativa del primer ministro en la que el sacrificio, la amenaza exterior y la necesidad de proteger a Israel ocupaban un lugar central.

Después de servir en Sayeret Matkal, una unidad de élite del ejército israelí, Netanyahu, conocido popularmente como el Bibi, estudió arquitectura y administración de empresas en el Massachusetts Institute of Technology e inició una carrera diplomática en los Estados Unidos. Entre 1984 y 1988 fue embajador de Israel ante las Naciones Unidas, una etapa en la que perfeccionó su capacidad de comunicarse con la opinión pública internacional. Con un inglés impecable y una retórica centrada en las amenazas contra Israel, entendió pronto la importancia de la relación con Washington, que más adelante se convirtió en uno de sus principales activos políticos.

El primer ministro más longevo

En 1993 asumió el liderazgo del Likud y tres años después se convirtió, con 46 años, en el primer ministro más joven de la historia de Israel. Perdió las elecciones de 1999, pero volvió al poder en 2009 y se mantuvo allí durante doce años consecutivos, hasta 2021, hecho que lo convirtió en el primer ministro más longevo del país. Tras una breve etapa en la oposición, volvió a formar gobierno en diciembre de 2022, hasta hoy.

Su longevidad no se explica solo por su capacidad de comunicación. Netanyahu ha sabido convertir la naturaleza fragmentada del sistema parlamentario israelí, en el que ningún partido consigue una mayoría absoluta por sí solo, en una oportunidad de perpetuarse en el poder. Ha sabido negociar con los partidos ultraortodoxos y los sectores nacionalistas, ofreciéndoles concesiones e influencia institucional a cambio de lealtad parlamentaria. También ha sacado provecho de las divisiones de una oposición incapaz de articular una alternativa común.

Sus socios han encontrado en él un garante de sus intereses: los partidos ultraortodoxos han presionado para preservar las exenciones del servicio militar, mientras los sectores nacionalistas y religiosos han ganado influencia sobre la política en los territorios palestinos ocupados. En este equilibrio, los dirigentes de la extrema derecha religiosa, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, siguen siendo decisivos. Aunque Netanyahu se ha distanciado de Ben-Gvir durante la campaña, sus partidos han obtenido 7 y 6 escaños, respectivamente, y son claves para articular una mayoría de derechas.

La estrategia política del primer ministro también se ha basado en un mensaje recurrente: Israel vive rodeado de amenazas y necesita un dirigente experimentado para protegerse. Irán y su programa nuclear, que Netanyahu presenta como una amenaza existencial y que resuena más allá de su electorado, ocupan un lugar central en este relato desde hace décadas. La guerra en diversos frentes –desde Gaza y el Líbano hasta Siria y el Yemen– también le ha ofrecido la oportunidad de recuperar este discurso.

Como señalaba el profesor Yehudah Mirsky, de la Universidad Brandeis, en los Estados Unidos, y experto en la política israelí, en una entrevista publicada en 2025, Netanyahu es un maestro de la supervivencia política, capaz de combinar prudencia estratégica y audacia táctica y de adaptar su discurso belicoso a las circunstancias. Según Mirsky, la confianza en sus propias capacidades es una de las claves de su permanencia en el poder.

Figura divisiva

Pero su continuidad política ha ido acompañada de una creciente polarización en Israel. Netanyahu ha presentado a menudo las instituciones que le cuestionan –los medios de comunicación, la justicia y la fiscalía– como adversarios políticos. En este clima, en 2020 comenzó el juicio que todavía tiene pendiente, en el que está acusado de soborno, fraude y abuso de confianza. El primer ministro ha negado los cargos y denuncia que se trata de una persecución política.

Esta tensión con las instituciones llegó a un punto álgido en enero de 2023, cuando la reforma judicial impulsada por su gobierno –que, entre otras medidas, quería dar más peso al ejecutivo en el nombramiento de los jueces– desencadenó meses de protestas. Quienes se oponían veían en ella un intento de debilitar la independencia de la justicia; sus partidarios defendían que era necesario limitar el exceso de poder de los tribunales. La iniciativa quedó en buena parte detenida, pero sus aliados quieren recuperarla.

Aquel mismo año, el ataque de Hamás del 7 de octubre, con 1.200 muertos y 251 rehenes, puso en cuestión su principal argumento político: la seguridad. Su continuidad política parecía entonces comprometida, pero el primer ministro atribuyó el fracaso a los servicios de inteligencia y a los mandos militares y rechazó la creación de una comisión estatal de investigación independiente, una negativa que mantiene hasta hoy.

Con una orden de detención del Tribunal Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad, que él rechaza, Netanyahu ha convertido las crisis en instrumentos de supervivencia. Cuando ha perdido apoyo, ha reconstruido alianzas; cuando le han cuestionado, ha denunciado una persecución, y cuando su política de seguridad ha quedado en entredicho, ha apelado a la amenaza exterior. Las elecciones del 27 de octubre vuelven a situar a Israel ante un dilema de fondo: imaginar un futuro sin Bibi o dejar que vuelva a maniobrar para mantenerse en el poder.

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