Netanyahu agita el fantasma del fraude y pone el voto árabe bajo sospecha

Las acusaciones de irregularidades y de injerencia extranjera sacuden la política israelí tras los comicios

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Manifestantes israelíes participan en una protesta ante la residencia de Gadi Eisenkot, líder del partido Yashar, para instarle a formar una coalición con partidos árabes israelíes en lugar de permitir que el primer ministro Benjamin Netanyahu inicie un nuevo mandato, después de las elecciones nacionales en Israel
30/10/2026 - 20:30 h

JerusalénBenjamin Netanyahu, en medio de las dificultades para reunir los apoyos necesarios para continuar al frente del gobierno, ha abierto un nuevo frente político: cuestionar las elecciones del martes, en las que perdió la mayoría parlamentaria. “Las elecciones en Israel han sido robadas”, ha repetido en diversas ocasiones el partido del primer ministro, el Likud, que acusa a los partidos árabes de haber manipulado el resultado.

La controversia comenzó antes de que se cerraran las urnas. En un vídeo difundido durante la jornada electoral, Netanyahu denunció que los votantes árabes del sur del país estaban “corriendo hacia las urnas”, –aseguraba que intentaban “robar las elecciones”– y aludió a la detención de tres personas sospechosas de comprar votos a favor de la Lista Árabe Unida (Ra'am), el partido árabe de Mansour Abbas. Aunque la investigación continúa abierta, el primer ministro los presentó como dirigentes destacados del partido. Los tres han sido puestos en libertad este viernes.

El primer ministro recuperaba así una estrategia ya utilizada en otros comicios: presentar la movilización de los ciudadanos árabes, que el martes fue histórica, como una amenaza. Tras el cierre de los colegios, el Likud mantuvo las acusaciones de fraude y reclamó investigar presuntas irregularidades, incluido el uso de un supuesto software ilegal para movilizar votantes. Según los medios israelíes Channel 12 y Haaretz, el partido ya había estudiado antes de los comicios la posibilidad de impugnar votaciones en localidades árabes si Netanyahu perdía, presentando denuncias sobre el voto de las mujeres con la cara cubierta y los horarios de votación separados por sexos.

Acusaciones de injerencias extranjeras

El caso ha adquirido dimensión institucional después de que el presidente de la Comisión Electoral, el juez del Tribunal Supremo, Noam Sohlberg, pidiera al servicio de inteligencia interior, el Shin Bet, que investigara unas “sospechas graves” de injerencias extranjeras. La Comisión ha reclamado un informe en una semana, pero ha descartado indicios de vulneraciones sistemáticas y ha asegurado que la investigación no afecta a los resultados electorales. Entre los posibles países implicados, los medios israelíes han señalado a Qatar, que habría financiado redes vinculadas a la movilización del voto árabe, con la intención de influir en la participación. El emirato ha rechazado las acusaciones, que ha calificado de “ridículas y peligrosas”.

A pesar de las cautelas de las instituciones, el Likud ha convertido las sospechas en una acusación política de gran alcance. En un comunicado publicado ayer, el partido reiteró que las elecciones habían sido robadas y atribuyó la supuesta injerencia a un intento de facilitar una “toma de control extranjera” del Parlamento, la “islamización” de Israel y la caída del gobierno de derechas.

Para la oposición, todo ello responde a una estrategia para cuestionar el resultado de las urnas. Gadi Eisenkot, el principal líder de la oposición, ha acusado a Netanyahu de impulsar “una campaña orquestada y organizada para deslegitimar los resultados electorales”. El exgeneral ha reclamado que cualquier sospecha de interferencia extranjera se investigue a fondo, pero ha advertido que esto no puede servir para poner en duda los comicios ni para retrasar la constitución del nuevo parlamento.

Incitación al odio

Los partidos árabes también han denunciado las palabras del Likud como una campaña racista. Mansour Abbas ha negado cualquier implicación en una posible injerencia extranjera y ha acusado a Netanyahu de incitar el odio contra los ciudadanos árabes después de los buenos resultados de las formaciones árabes, que han conseguido 19 escaños, una cifra récord. Abbas ha dado la bienvenida a la investigación, pero ha resumido su posición con una frase: “No habrá nada, porque no hay nada”. La Lista Unificada, la fuerza árabe que ha obtenido el mejor resultado, con 11 escaños, ha pedido a los partidos de la oposición que rechacen las acusaciones y cooperen con los partidos árabes. “Estas acusaciones racistas solo demuestran que tienen miedo del poder de nuestra comunidad”, ha afirmado en un comunicado.

Detrás de la disputa hay una cuestión decisiva para el futuro gobierno. Los partidos árabes son imprescindibles para que la oposición consiga los apoyos necesarios para desbancar a Netanyahu, a pesar de que una alianza de este tipo sea políticamente delicada y algunos partidos sionistas la rechacen. En este contexto, cuestionar la legitimidad del voto árabe puede servir para deslegitimar una nueva mayoría parlamentaria alternativa.

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