Una exhibición itinerante (y desafiante) expone la relación entre Epstein y Trump

Washington acoge una muestra de las 3,5 millones de páginas del caso del pederasta en el que el presidente estadounidense sale salpicado

Alba Asenjo Domínguez
26/06/2026

WashingtonEn el barrio de Chinatown de Washington DC, entre museos, restaurantes –muchos de ellos del chef español José Andrés– y centros comerciales, ha aparecido un espacio inusual. Sus visitantes solo pueden entrar si se registran previamente y pasan por un control de seguridad con detector de metales. Mientras hacen cola se muestran especialmente serios, en contraste con el ambiente animado del resto de la calle. Una mujer lleva un cartel colgado al cuello que dice: "Los niños pequeños no son para ser violados ni asesinados". En la entrada, una de las trabajadoras llora. Una asistente acaba de abrazarla y se ha emocionado. Hay varios coches de policía en la puerta que no se han movido de allí en toda la semana, porque hay quien no está de acuerdo con lo que se expone.

En el interior de este espacio recién creado se encuentran los 3,5 millones de páginas que conforman los documentos del caso del pederasta condenado Jeffrey Epstein. Casi 3.500 archivadores con toda la documentación sobre el escándalo internacional de explotación sexual y abuso de menores, unos papeles en los que el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, aparece decenas de miles de veces. Los archivos ocupan las estanterías que cubren las paredes de toda la sala principal, pero hay mucho más.

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En una enorme pared, el espacio recoge las acusaciones de abuso sexual y violación contra Trump y Epstein, así como los momentos más destacados de la amistad entre ambos. También se exponen las obras de arte de una de las víctimas, Maria Farmer, y en la segunda planta hay cientos de velas que conforman un memorial en honor suyo. En una sala, un puñado de mesas están reservadas para que los asistentes escriban cartas a Trump y las cuelguen en la pared, y en otras se pide a los visitantes que dediquen unos minutos a llamar al departamento de Justicia para pedir que se haga pública la documentación del caso que aún continúa bajo reserva.

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Todas las personas que escriben estas notas y hacen estas llamadas son mujeres. También lo son las que lloran al leer lo que revela esta exposición, bautizada como La sala de lectura en memoria de Donald J. Trump y Jeffrey Epstein. "Por muchos años, pederasta. Esto es para que se haga justicia para todas las víctimas de Epstein. ¡Publicad los documentos, es la ley!", dice la nota que ha escrito una de ellas y que, cuando acabe la exposición itinerante, será enviada a la Casa Blanca.

"Encontrar un local fue muy difícil, porque mucha gente no nos quería acoger... no es como si pudiéramos alquilar un espacio en cualquier sitio. Una docena de propietarios nos rechazaron aquí en DC. Y si vives aquí, sabes que hay muchos locales vacíos", explica en conversación con este diario David Garrett, impulsor de la iniciativa. Epstein fue condenado por prostitución de menores, entre otros delitos, pero Trump no ha sido condenado penalmente por ninguno de los crímenes sexuales de los que le acusan numerosas mujeres.

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"Pero nosotros pensábamos que teníamos que hacer algo al respecto. En nuestra opinión, si apareces mencionado 38.000 veces en estos archivos, si salen tus amigos y familiares, así como miembros de tu administración... entonces no deberías estar al frente de la investigación, ¿verdad?", reflexiona el creador. "Es una de esas cosas que se supone que son un principio básico norteamericano, y el hecho de que estemos permitiendo esta corrupción es, creo, corrosivo para la democracia". El impulsor es emprendedor y empresario del sector vitivinícola, y ha fundado la organización sin ánimo de lucro Institute for Primary Facts para organizar esta exposición, que pronto viajará a otras ciudades del país.

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Garrett explica que durante los días que la exposición ha estado en Washington no solo la han visitado 5.000 personas, sino que también han acudido muchas víctimas, algo que ya pasó en la primera ciudad donde se pudo ver, Nueva York. "Allí, el primer día que abrimos, durante la primera hora, una mujer se me acercó y me dijo: «Soy una superviviente, quiero hablar contigo»". Estas víctimas son también el motivo por el cual los documentos de Epstein se pueden observar en la exposición, pero no leer. Tal como los publicó el departamento de Justicia, argumentan los organizadores, todavía contienen demasiados datos personales de las afectadas –desde nombres y apellidos hasta direcciones y fotografías– que algunas personas están utilizando para acosarlas.

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Las relaciones entre Epstein y Trump

Aunque aquello que puede atraer a los visitantes a la exposición es conocer más sobre Epstein, Trump tiene un papel muy destacado. En las tres enormes líneas del tiempo que recogen momentos importantes de la vida delictiva del pederasta condenado también aparecen acusaciones contra el presidente. En la pared se puede leer que su exmujer Ivana lo acusó de violación; que la modelo Kristin Anderson la acusó de tocarla por debajo de la falda, igual que la maquilladora Jill Harth años más tarde y la modelo Beatrice Keul. También aparecen extractos de noticias recogidas por la prensa, como cuando Trump se acercó a dos chicas que cantaban en un coro en Manhattan y, al decirle ellas que tenían 14 años, respondió: "De aquí a un par de años saldré con vosotras".

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El mismo panel informativo señala que Trump fue declarado responsable de abusar sexualmente de la escritora E. Jean Carroll, a quien tuvo que pagar casi 90 millones de dólares, y recoge las acusaciones de una Miss Utah, Temple Taggart, que aseguró que el ahora presidente estadounidense la besó en los labios sin consentimiento en dos ocasiones diferentes; las de Cathy Heller, que afirmó que la agarró y besó sin consentimiento delante de su familia, y las de Amy Dorris, que denunció que Trump la manoseó y besó sin permiso. La lista continúa con las denuncias de muchas mujeres que aseguran que Trump les tocó los pechos, las nalgas o los genitales contra su voluntad, todo ello en las mismas fechas en que Epstein asistía a la boda de Trump, Melania se intercambiaba correos electrónicos con la socia de Epstein, Ghislaine Maxwell, o Trump felicitaba al financiero el cumpleaños con el dibujo de una mujer desnuda.

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Todas estas acusaciones podrían acarrear problemas a los creadores de la exposición, pero ellos les restan importancia. "Tenemos grandes abogados", dice Garrett, que vuelve a llevar la cuestión al terreno de su responsabilidad como ciudadano. "Si esto estuviera pasando en otro país, lo denunciaríamos, pero está pasando aquí, ¿sabes? Simplemente teníamos que hacer algo al respecto".