Trump descarta negociar con Irán y exige "la rendición incondicional"

Rusia ha estado proveyendo información a los ayatolás sobre objetivos estadounidenses en la región

El presidente estadounidense, Donald Trump, durante una visita el jueves en el puerto de Corpus Christi, el mayor de Estados Unidos para las exportaciones de cur.
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WashingtonDonald Trump parece dispuesto a quemar todas las naves con Irán. A punto de cumplirse una semana desde que Estados Unidos atacara conjuntamente con Israel el régimen de los ayatolás, el presidente estadounidense aseguró en una publicación en Truth Social que "no habrá ningún acuerdo con Irán que no sea la rendición incondicional". La declaración supone un giro drástico en la posición de la administración desde que empezaron los bombardeos. El domingo, en una entrevista en The Atlantic, el republicano aseguró que los iraníes "quieren hablar" y acordaron hacerlo. "Así que vamos a hablar", añadió. De hecho, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, dijo que algunos países ya habían empezado a mediar para detener la guerra. La Casa Blanca parece querer dinamitar todos los esfuerzos por frenar una guerra que aún no sabe cómo vender a sus ciudadanos y que ya ha matado al menos a 1.332 personas en Irán.

Washington no sólo acumula cadáveres a sus espaldas, sino que también engorda una factura que, en las primeras 100 horas del conflicto, sube hasta los 3.700 millones de dólares. El anticipo también viene acompañado del encarecimiento del petróleo y de la reducción del arsenal del Pentágono, que ya estaba mermado después de un año apoyando a Israel. El presidente parece dispuesto a embarcarse en un conflicto largo y asegura que el suministro de munición "es prácticamente ilimitado". Pero, por detrás, ya ha pedido ayuda a Ucrania para lidiar con los drones iraníes y ha convocado una reunión con los principales fabricantes armamentistas para pedir que aceleren la producción. Producir un dron Shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares, mientras que los interceptores antiaéreos, como los Patriots o la munición de los THAAD, cuestan entre uno y dos millones de dólares y se requiere al menos un año para su fabricación.

Uno de los miedos de los militares es que los ayatolás estén enviando los enjambres de drones con el objetivo de reducir aún más las mermadas reservas de munición del ejército estadounidense. El departamento de Defensa tiene la premisa de tener siempre suficiente inventario y las tropas preparadas para poder disuadir o responder a cualquier tipo de conflicto con China. Rusia ha empezado a mover ficha desde la comodidad de la retaguardia. El Kremlin está proveyendo información a los iraníes sobre objetivos estadounidenses en la región, según confirmaron fuentes conocedoras al Washington Post. Públicamente, Moscú ha estado haciendo llamamientos a poner fin a la guerra, lo que ha calificado de "un acto de agresión sin provocación". La ayuda, aunque sea en forma de inteligencia, es un síntoma más de lo rápido que se esparce el conflicto a escala internacional. Además, además de Rusia, también se suma otra potencia con armas nucleares.

Sin relato

Trump no ha parado de enviar mensajes contradictorios sobre cuál es la posición de Washington con respecto a esta guerra. En los seis días de conflicto que arrastra la región, la administración no ha parado de cambiar de versión. El republicano justificó el ataque con un argumento similar a la guerra contra Irak del 2003, pero en lugar de hablar de armas de destrucción masiva, decía que existía el riesgo de que Irán desarrollara un arma nuclear. Después, pasó a un término más genérico diciendo que "nuestro objetivo es defender a los estadounidenses eliminando cualquier amenaza proveniente del régimen iraní". En las declaraciones a puerta cerrada en el Congreso, miembros del gobierno dijeron que la información que tenían no sugería que los ayatolás estuvieran preparando ningún tipo de ataque preventivo contra los intereses de EEUU en la región.

De la misma manera que el tipo de amenaza que representaba a Irán se ha ido desdibujando, también lo ha hecho el plan que se supone que Washington tiene para el país. Primero, Trump decía que quería derribar el régimen y llamaba a los iraníes para que salieran a la calle. A medida que han pasado los días, el republicano ha pasado de querer aniquilarle a controlarlo. El martes, Trump decía al Despacho Oval que le gustaría hacer una transición similar a la aplicada en Venezuela: decapitar al régimen y convertir al gobierno interino en una suerte de protectorado estadounidense. El magnate ha dicho por activa y por pasiva que quiere designar al nuevo sucesor de Ali Jamenei, e incluso ha bromeado y ha dicho: "El ataque ha sido tan exitoso que hemos matado a casi todos los candidatos. No será ninguna de las personas en las que pensábamos, porque están todas muertas". Irán advirtió ayer de que el país no será controlado por "la banda de Epstein", en referencia al magnate estadounidense implicado en abusos sexuales a menores.

Mientras tanto, el aparato propagandístico de la Casa Blanca funciona a toda máquina. El perfil de X de la administración Trump no deja de compartir vídeos editados de los ataques subrayando la fuerza de su ejército. Uno de los últimos clips mezcla fragmentos de las películas de Hollywood con grabaciones reales de los ataques e intenta tapar la carencia de discurso con una épica vacía.

Rumores de tropas sobre el terreno

Desde el Pentágono, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha convertido las ruedas de prensa destinadas a informar sobre la evolución del conflicto en una suerte de arenga testosterónica sobre el poder de EEUU. "Nada de reglas de combate absurdas, nada de trampas de construcción nacional, nada de ejercicios de construcción democrática, nada de guerras políticamente correctas. Luchamos por ganar y no desperdiciamos tiempo ni vidas. Como advirtió el presidente, un esfuerzo de esta envergadura implicará bajas. La guerra es un infierno y siempre lo será", dijo el jueves sala de prensa del Pentágono, a miles de kilómetros de donde ocurre el conflicto y donde no se descarta enviar tropas.

De hecho, los rumores sobre la concreción de esta posibilidad se han visto alimentados tras la precipitada cancelación de un ejercicio que una unidad de élite de paracaidistas tenía planeado para estos días. Se trata de la 82ª División Aerotransportada, con base en Fort Bragg (Carolina del Norte) y que incluye una brigada de combate de unos 5.000 soldados preparados para desplegarse con sólo dieciocho horas de aviso para misiones tan diversas como tomar el control de infraestructuras críticas o realizar evacuación.

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