La tutela de Trump sobre Venezuela topa con la tragedia del terremoto
La abundancia de recursos y la rapidez de la reacción de Washington constatan la nueva situación de Caracas como un protectorado 'de facto'
WashingtonLa última vez que las botas estadounidenses pisaron Venezuela fue el 3 de enero de madrugada para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y encaminar el país hacia una especie de protectorado de Estados Unidos. Ahora, medio año después, el ejército estadounidense vuelve a Caracas para conducir las operaciones de rescate ante el devastador terremoto que se ha cobrado la vida de al menos 1.430 personas y ha dejado cerca de 4.000 heridos. La tragedia supone un giro imprevisto en la tutela que el presidente estadounidense, Donald Trump, quiere ejercer sobre el país para expoliar su petróleo.
El general del Cuerpo de Marines de Estados Unidos, Kevin J. Jarrad, llegó el viernes de madrugada a Venezuela para coordinar y dirigir los equipos de rescate y ayudar en las áreas más complicadas. La llegada del general solo es una pequeña parte de todo el despliegue que ha hecho Washington para mitigar los daños de la tragedia: la administración estadounidense ha anunciado la movilización de 150 millones de dólares en asistencia, y ha enviado aviones y naves del Comando Sur. Además, también ha levantado algunas sanciones que aún mantenía contra el país. Una ayuda que ahora está canalizada a través del departamento de Estado, después de que el año pasado Trump desmantelara la agencia de cooperación humanitaria, USAID.
Más allá de la tragedia humanitaria y la importancia de las primeras horas para encontrar supervivientes entre los escombros, la respuesta a gran escala de EE. UU. no es ajena a los intereses geopolíticos de la administración Trump. El doble terremoto pone a prueba el retorno de la doctrina Monroe –rebautizada como doctrina Donroe–, que tanto pregona el republicano este segundo mandato y con la que quiere recuperar la influencia sobre Latinoamérica. Dar una respuesta rápida y efectiva es clave en la campaña de propaganda y presiones que Washington está orquestando en la región para desprestigiar los gobiernos de izquierda. Las promesas de prosperidad para aquellos países que se alineen con su agenda ahora mismo son evaluadas en medio de los escombros de Venezuela y en la reconstrucción posterior.
El firme compromiso de la administración estadounidense y los abundantes recursos que se han movilizado hacia Venezuela constatan la tutela de Washington sobre el nuevo ejecutivo encabezado por Delcy Rodríguez, que antes del golpe era la número dos de Maduro. Cuando el año pasado Myanmar sufrió un terremoto de magnitud 7,7, muy similar a los dos sismos que ha padecido el país latinoamericano, Trump prometió solo nueve millones de dólares.
La voluntad de verter recursos para paliar el sufrimiento de los venezolanos también responde a la agenda económica de la administración y a los planes para acelerar la industria petrolera del país en beneficio propio. El secretario de Estado y artífice de la decapitación del régimen chavista, Marco Rubio, reconocía el jueves que el desastre natural supone un "retroceso" en el plan para reactivar la economía del país y celebrar elecciones democráticas. "Son cosas que no planeas", decía Rubio.
La prosperidad económica también tiembla
Desde que Washington depuso a Maduro como principal interlocutor al frente del país, Trump ha estado presionando tanto a Rodríguez como a las petroleras extranjeras para que se pongan manos a la obra. El republicano ha estado cortejando a los gigantes petroleros como Exxon y Chevron para que se embarquen en su plan para reconstruir las viejas infraestructuras para extraer el crudo venezolano.
Muchas compañías se han mostrado reticentes al plan por la falta de garantías de seguridad y por la alta inversión que supone la empresa. Aproximadamente, construir una planta de tratamiento de petróleo cuesta entre 20.000 y 30.000 millones de dólares. Ahora, con los daños que ha provocado el terremoto, con toda seguridad la inversión inicial aún aumentará unos cuantos millones de dólares.
El crecimiento económico de Venezuela durante los primeros tres meses de este año cayó a la tasa trimestral más baja desde 2021, un contraste palmario con el relato de bonanza económica que Trump pregona desde la Casa Blanca. El escenario posterior al terremoto, con todas las tareas de limpieza de escombros y reconstrucción, aún enturbia más el relato de prosperidad con el que el mandatario quiere justificar la intervención militar dentro del país.