Albares llama al "rearme moral" de Europa ante "la amenaza más grande" para el Viejo Continente
Los titulares de Exteriores español y polaco defienden una industria militar europea sólida ante Rusia
BarcelonaLa palabra rearme lleva meses ocupando titulares. En un orden mundial cada vez más inestable y feroz, en el que los conflictos armados se multiplican y grandes actores globales dejan de lado las vías diplomáticas y convierten en papel mojado el derecho internacional vigente, parece inevitable que los estados deban invertir en armas para garantizar su soberanía y, en general, su futuro a medio plazo.
Prácticamente todos los líderes europeos defienden aumentar el gasto militar. Y España, que ha sido uno de los estados más reticentes a incrementar partidas de este tipo, no ha sido una excepción: en 2025 fue el 15º país del mundo que más gastó en el ámbito militar, y en solo un año ha incrementado más de medio punto porcentual el presupuesto destinado a defensa.
El consenso en todo el Viejo Continente respecto al rearme de Europa ha quedado claro este lunes en la primera jornada de la reunión anual del Círculo de Economía de este año. Desde el Palacio de Congresos de Cataluña, en Barcelona, dos ministros con realidades muy diferentes han defendido una industria militar europea sólida. En una mesa redonda, el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, y su homólogo polaco, Radoslaw Sikorski, han presentado este ámbito como una de las múltiples áreas en las que Europa debe ganar autonomía.
"Necesitamos una industria de defensa europea, no solo drones, sino también sistemas de defensa aérea y sistemas de información", ha dicho Sikorski. Albares también ha defendido una industria militar fuerte después de que Estados Unidos haya "invitado", según él, a Europa a rearmarse, en una referencia a la coerción de Trump a los aliados de la OTAN para incrementar el gasto en defensa hasta el 5% del PIB.
La necesidad de rearmarse viene, en parte, por un motivo que ambos han coincidido en señalar: el afán expansionista de Vladímir Putin. Rusia es para el titular español una "amenaza permanente" para Europa" de la que la Unión Europea debe defenderse. "No creo que la actitud agresiva de Rusia hacia el este cambie, como mínimo mientras Putin siga al frente del país", ha aseverado Albares. Sikorski, por su parte, ha expresado el temor de los países del este a que la invasión de Ucrania se repita en otro país: "Cuanto más cerca estás de Rusia, más gasto en defensa quieres".
Moscú ha quedado retratada por los dos ministros como una "amenaza" que justifica que una de las carpetas clave en las que Europa debe ganar autonomía sea el ámbito militar, especialmente en un momento de relaciones tensas con su socio tradicional, los Estados Unidos, y en un orden mundial cada vez más inestable y feroz. Pero, a pesar de que Rusia haya servido, en parte, para justificar el rearme europeo, no es la principal amenaza que afronta el Viejo Continente.
La extrema derecha, la principal amenaza
Albares ha querido usar la palabra que ocupa titulares desde hace meses de una manera más libre y ha hablado de "rearmamento moral". Para el ministro español, "la amenaza más grande" que afronta el proyecto europeo no es Rusia, sino "las fuerzas de extrema derecha dentro de nuestros países". El titular de Exteriores español no ha dejado de lado Ucrania. Ha defendido que Europa "no se puede permitir" que Rusia gane la guerra, y ha asegurado que el día que haya un acuerdo de paz en Ucrania "será en gran medida el esquema de seguridad que tendremos los europeos".
Pero, a diferencia de Sikorski, que ha mostrado una profunda preocupación sobre las intenciones del presidente ruso y ha pasado de puntillas sobre la cuestión de la extrema derecha, Albares considera que la amenaza más grande no es al exterior, sino que viene de dentro del mismo continente. Para preservar la supervivencia de la UE, hay que compaginar la autonomía estratégica con un "rearmamento" de los "valores democráticos".
Con todo, el exterior también puede jugar un rol decisivo en el auge de la extrema derecha en el continente, tanto por la naturaleza global del auge reaccionario como por las intenciones de actores como los Estados Unidos de favorecer partidos de extrema derecha en el continente. Así lo apuntaban en su última actualización de la estrategia nacional de seguridad, si bien en los últimos meses ha habido diversas fricciones en la relación entre la extrema derecha clásica y la Casa Blanca.