Reino Unido

Boris Johnson recoge una doble humillación electoral

La derrota provoca, de momento, la dimisión irrevocable del copresidente del Partido Conservador

LondresEl liderazgo conservador de Boris Johnson ha sufrido la madrugada de este viernes una doble humillación electoral en manos, por un lado, del liberaldemócratas y, por otro, de los laboristas, en sendas elecciones parciales celebradas el jueves. Johnson recoge la nueva derrota mientras se encuentra en la cumbre de la Commonwelth, en Ruanda, y cuando hace solo tres semanas que el 41% de los diputados del grupo parlamentario votaron contra su continuidad en el 10 de Downing Street. Los resultados –a los seis años exactos del referéndum del Brexit, que marcó el ascenso imparable de Johnson hasta convertirse en primer ministro tres años después– abren un gran interrogante: ¿Ha perdido Johnson la capacidad de conectar con diferentes sectores del país? Sectores completamente opuestos como es el caso de las dos circunscripciones donde se han celebrado los comicios.

Sin embargo, desde el país centreafricano, y como ya hace semanas que repite a pesar del asedio al que se encuentra sometido a raíz de los escándalos del Partygate y otros más recientes, que implican también a su mujer, Carrie Johnson, poco después de que se hayan conocido los resultados, el premier ha asegurado que "escucharé" a los electores, pero "seguiré adelante", deshaciendo cualquier insinuación de dar un paso al lado. Ya antes de que se conociera la magnitud de la derrota, el líder tory había dicho que sería "una locura" abandonar en caso de que se confirmara lo que todas las encuestas apuntaban.

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Su posición, de momento, parecería garantizada. De acuerdo con las reglas del Partido Conservador tiene que pasar un año antes de que sus propios diputados puedan sacar adelante otra moción de confianza.

Aun así, en las primeras horas de esta mañana de viernes, la lectura de las urnas ya ha producido un primer efecto, que podría tener réplicas y más graves consecuencias. El copresidente del Partido Conservador y ministro Oliver Dowden ha presentado la dimisión de los dos cargos. La carta de renuncia es muy contundente. Se lee: "Nuestros partidarios están angustiados y decepcionados debido a los últimos acontecimientos. Y yo comparto sus sentimientos. No podemos continuar como de costumbre. Alguien tiene que tomar la responsabilidad y he concluido que, en estas circunstancias, no sería adecuado que continuara en el cargo". Sin decirlo explícitamente, Dowden sugiere que el partido tiene un grave problema y que tiene que proceder a un cambio más profundo. "Quiero aprovechar esta oportunidad para rendir homenaje a nuestros excelentes voluntarios y empleados que trabajan tan incansablemente por nuestra causa. Son el eje vertebrador de nuestro gran partido y merecen algo mejor que esto". Johnson le ha agradecido los servicios y en ningún caso ha aceptado ningún responsabilidad por el derrumbe.

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Las características devastadoras de la doble derrota abren, en la práctica, cualquier posibilidad, incluso un cambio de las reglas o, aunque de momento sea improbable, se podría producir una suficiente presión de los pesos pesados del partido hasta conseguir la renuncia de Johnson.

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Especialmente grave ha sido la derrota sufrida por los conservadores en la circunscripción rural y tradicionalmente conservadora de Tiverton y Honiton, en el condado de Devon, al suroeste de Inglaterra. Desde la creación del distrito, en 1997, este siempre había votado por los tories y, antes, cuando tenía límites más extensos, también: el último liberaldemócrata escogido en la zona fue en 1923.

En esta ocasión, un comportamiento táctico de los partidarios laboristas, inclinándose por los liberaldemócratas, hasta ahora la tercera fuerza, ha conseguido cambiar una mayoría de más de 24.000 votos. El candidato triunfador, Richard Foord, se ha llevado 6.144 sufragios más que la tory Helen Hurford, con una oscilación del 29,9% en relación con los resultados de 2019 y el 52% de las papeletas. Tiverton y Honiton era, hasta esta madrugada, uno de los asientos conservadores más seguros del país.

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Este es el tercer triunfo liberaldemócrata consecutivo en un año en elecciones parciales y las tres victorias se han registrado en tradicionales escaños conservadores. Ed Davey, líder del partido, se ha apresurado a decir: "Los liberaldemócratas han hecho historia política con esta sorpresiva victoria. Es la victoria electoral parcial más grande que nunca ha visto nuestro país. Esta tendría que ser un llamamiento de atención para todos aquellos diputados conservadores que apoyan a Boris Johnson. No se pueden permitir el lujo de ignorar este resultado. La gente de Tiverton y Honiton ha hablado por el país. El público está harto de las mentiras y las infracciones de la ley de Boris Johnson y es hora de que los parlamentarios conservadores finalmente hagan lo correcto y lo destituyan".

Un triunfo más claro de lo que se esperaba

Por su parte, los laboristas han ganado la elección parcial en Wakefield, en el norte de Inglaterra, en el condado de West Yorkshire, que hasta 2019 había formado parte del llamado red wall. La victoria en cascada en la mayoría de estos distritos de pasado industrial, que hasta entonces eran considerados feudos laboristas infranqueables, contribuyó decisivamente a la agobiante mayoría absoluta de Johnson de hace dos años y medio.

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La mayoría laborista en Wakefield ha sido de 4.925 para Simon Lightwood contra Nadeem Ahmed y constituye un impulso relevante para Keir Starmer en la batalla para recuperar los asientos del muro rojo. Tanto el punto de partida –una corta mayoría conservadora de poco más de 3.000 votos– como las encuestas en la circunscripción auguraban el triunfo de la oposición. Pero este ha sido por un largo 12%, probablemente dos o tres puntos más de lo que esperaban los más optimistas.

De momento Boris Johnson está fuera del país, en la ya mencionada cumbre de la Commonwealth. Buena parte de la próxima semana también estará en el extranjero. Primero en la reunión del G7 en Alemania y después en la de la OTAN, en Madrid. Con el país que ha vivido esta semana dos jornadas de huelga de los ferrocarriles, la más dura desde 1989, una huelga que se volverá a repetir mañana, con una inflación del 9,1% que subirá hasta el 11 en octubre según el Banco de Inglaterra y con más huelgas previstas en los aeropuertos y en los trenes anunciadas para los meses del verano, los británicos se pueden preguntar legítimamente si hay alguien al frente de la nave. Y, sí, de momento está, Boris Johson. Pero el único rumbo que parece tener en la cabeza es mantenerse en el poder, al precio que sea. Es el partido, pues, y los ministros de su gobierno especialmente, los que pueden deponerlo. Y lo harán si llegan a la conclusión de que ya no les sirve para ganar elecciones en el sur rural conservador y en el norte industrial y laborista.