Inmigración

Las divisiones en la UE, munición para el uso de los migrantes como arma de presión

La última década se han multiplicado por seis los kilómetros de muros o vallas en las fronteras exteriores de la UE y dentro del espacio Schengen

08/08/2026 - 19:02 h.

BarcelonaUnos cuantos palets hacen de escenario; hay un pie de micro en el centro. Quien toma la palabra es Aleksandr Lukashenko, que se dirige a miles de migrantes atascados en la frontera entre Bielorrusia y Polonia: "Si queréis ir hacia el oeste, no os detendremos, no os ahogaremos ni os apalizaremos". Le aplauden. "Depende de vosotros. Pasad. Id allá", insiste el presidente bielorruso. La escena no es nueva; ya tiene casi cinco años, pero se sigue destacando como uno de los casos más evidentes de instrumentalización de la migración como parte de la llamada guerra híbrida contra la Unión Europea. El uso de los migrantes como arma para obtener objetivos políticos se ha intensificado en Europa a raíz de la guerra de Rusia contra Ucrania y también a causa del crecimiento de los discursos antiinmigración, que hacen cada vez más atractiva esta estrategia para los actores que quieren ejercer presión.

No es un fenómeno exclusivo de la UE, pero el bloque comunitario tiene una singularidad que hace fácil explotar esta táctica. Los gobiernos nacionales son los responsables de los controles de las fronteras exteriores de la UE, pero la libre circulación de personas dentro del bloque supone que los migrantes que llegan en situación irregular puedan moverse hacia otros países. Por eso, cada vez son más los estados que han impuesto controles fronterizos entre miembros del espacio Schengen y han limitado la libertad de movimiento.

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También han crecido los que han optado por levantar muros u otros tipos de barreras físicas, aunque esto suele pasar en fronteras exteriores más que entre estados miembros. Entre 2014 y 2022, la longitud total de las vallas en las fronteras exteriores de la UE y dentro del espacio UE/Schengen aumentó de 315 kilómetros a 2.048, según datos del Parlamento Europeo. Y en los últimos años se han empezado a construir aún más muros: Finlandia, por ejemplo, está en proceso de levantar una valla de 200 kilómetros en la frontera sur con Rusia.

Actores como Rusia y sus aliados utilizan a los migrantes como munición en su guerra para desestabilizar la Unión Europea, a pesar del enorme coste humano que conlleva. Pero no solo debemos mirar hacia el este. España sabe muy bien que también hay que mirar hacia el sur. La crisis humanitaria de la última semana en Ceuta también se ha descrito como un caso de instrumentalización de los migrantes, a pesar de que todavía no se sabe hasta qué punto las autoridades de Marruecos han estado involucradas o qué objetivo político podría haber detrás.

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Sobre el caso de Ceuta, Kate Hooper, analista en el think tank norteamericano Migration Policy Institute, apunta a una mezcla de causas: "Parece que las redes sociales han jugado un papel importante, pero también es evidente que no hubo control en la frontera marroquí, a pesar de que Marruecos suele mantener una vigilancia bastante estricta en los pasos fronterizos". "Un fracaso de esta magnitud sugiere que algo pasaba entre bastidores. Si está ligado con la visita de Pedro Sánchez a Argelia o a algún otro motivo, todavía es difícil de decir", añade.

Afirma que los objetivos detrás de este tipo de prácticas pueden ser muy variados, "pero el quid de la cuestión es que es una manera que tienen los estados de intentar extraer triunfos políticos, sean cuales sean", resume Hooper, y subraya que suele tener lugar "cuando hay un desequilibrio de poderes". "Puede ser una estrategia muy exitosa, porque los países amenazados muy a menudo acaban haciendo concesiones", argumenta.

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Presión en la frontera sur de Europa

El hecho de que la población del continente africano vaya en aumento, mientras las condiciones sociales y económicas no mejoran, supone "un enorme potencial de presión, sobre todo en la ruta del Mediterráneo, la más natural para llegar a la UE", dice Jukka Savolainen, analista en el Centro Europeo de Excelencia para la Lucha contra las Amenazas Híbridas (Hybrid CoE), con sede en Helsinki. Por ello, la frontera sur de la UE es la más expuesta. Aun así, subraya que "existe la posibilidad de redirigir" a los migrantes que quieren entrar en Europa a través de otras fronteras, y pone el ejemplo de Bielorrusia y de Rusia, que también ha utilizado esta estrategia en las fronteras de Finlandia y Noruega. "Tienen un modus operandi muy claramente establecido: alguien difunde información en las redes sociales, que inmediatamente se transmite a las comunidades de países en los que gran parte de la gente quiere migrar".

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A finales de 2021, comenzaron a acumularse miles de personas en los confines occidentales de Bielorrusia, empujados por las facilidades ofrecidas por las autoridades del país, como demostró la aparición del mismo dictador bielorruso en el lugar del conflicto para animar a los migrantes a continuar su trayecto hacia la UE. Según diversas investigaciones, Minsk orquestó la operación emitiendo visados bielorrusos en Oriente Medio, facilitando la llegada de las personas que querían marcharse en avión, y después empujándolos a la frontera. Desde entonces, no se ha detenido, a pesar de que las personas se han desviado hacia Lituania y Letonia, "cosa que demuestra que hay alguien que lo dirige hacia un lugar o hacia otro", afirma el analista finlandés.

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En la crisis actual de Ceuta, algunas voces han apuntado una posible connivencia del gobierno marroquí con organizaciones criminales de tráfico de personas, aunque no hay evidencias. No hay una sola táctica para llevar a cabo esta instrumentalización de los flujos migratorios con fines políticos: "Puede ser que las autoridades simplemente miren hacia otro lado, como hizo Marruecos en la crisis del 2021 también en Ceuta, o que sí que tengan una involucración más importante, como es el caso de Bielorrusia", dice Kate Hooper. "Como mínimo hay tolerancia hacia las organizaciones criminales: si les permites hacer algo por lo que obtendrán beneficio y no los detienes, el fenómeno comenzará", añade Savolainen.

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Hooper añade que también hay casos en los que "se puede dar coordinación con organizaciones criminales", y pone el ejemplo de Libia, donde grupos mercenarios financiados por Rusia utilizaron a los migrantes para intentar desestabilizar Europa.

El fenómeno del uso de los flujos migratorios no es nuevo: una de las expertas en la cuestión, la académica norteamericana Kelly Greenhill, documentó al menos 76 casos desde los años 1950 hasta 2010, cuando publicó el libro Weapons of mass migration. Ahora, sin embargo, los países receptores se enfrentan a nuevos retos, como apunta Hooper, entre los que destaca la involucración de actores no estatales, como milicias, y el hecho de que la difusión de la información que empuja flujos masivos de personas es mucho más instantánea por las redes sociales.

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Divisiones internas que fomentan los ataques

"Puede convertirse en una crisis doméstica mucho más deprisa. Desafortunadamente, esto hace que pueda ser una herramienta mucho más potente para los actores que intentan utilizarla como estrategia de presión: si saben que rápidamente causará una reacción política interna, lo ven todavía más tentador", argumenta la analista del Migration Policy Institute. Esto se extrapola a las divisiones dentro de la UE, como se vio en las primeras reacciones a la crisis de Ceuta. "Si una crisis como esta expone las divisiones tan fácilmente, hay un riesgo mayor de que otros vean la instrumentalización de la migración como una estrategia muy efectiva", añade.

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"Para entender la instrumentalización de la migración, no deberíamos mirar solo a los países que envían a los migrantes, sino que deberíamos preguntarnos por qué son vulnerables los países que los reciben", defiende, en el mismo sentido, Cathrine Talleraas,investigadora especializada en migraciones en el centro de investigación noruego Chr. Michelsen Institute. "La amenaza no son los migrantes, sino la reacción política en los países receptores", dice, y apunta al incremento de partidos nacionalistas y proteccionistas que han colocado la inmigración como centro de la política europea.

Talleraas argumenta que el hecho de utilizar los conceptos de "amenaza" o "arma de guerra híbrida" también afecta la manera cómo se percibe la inmigración en los países receptores: "Si nos dejamos arrastrar y usamos este lenguaje, reforzamos una comprensión específica de la migración, que también puede acabar aumentando las vulnerabilidades". Y, de hecho, añade que "quizás justamente este es el objetivo del actor que lo promueve: intentar polarizar todavía más la UE".

Las dos investigadoras avisan que la UE se ha vuelto muy dependiente de la colaboración con terceros países, con la externalización del control de fronteras, cosa que también la hace más vulnerable a esta instrumentalización de la inmigración.