Alemania acusa a Rusia del intento de ataque con drones al aeropuerto de Leipzig
Europa está en alerta por "una nueva fase de guerra híbrida"
BarcelonaPolonia, Estonia, Letonia, Suecia, Rumanía, Lituania, y ahora también Alemania. Las incursiones y las amenazas con drones en territorio de la OTAN se han vuelto más frecuentes durante los últimos meses y han cobrado más intensidad. A principios de agosto, un dron cargado de explosivos impactó contra un avión de carga ucraniano en el aeropuerto de Leipzig sin llegar a explotar, en uno de los intentos de sabotaje más directos registrados hasta ahora en un centro logístico clave de la OTAN y más adentro del territorio europeo. Después de casi un mes de investigaciones, este martes, por primera vez, el gobierno alemán ha responsabilizado directamente a los servicios de inteligencia rusos del episodio.
Las investigaciones policiales, los patrones de los delitos y las conclusiones de los servicios de inteligencia han llevado al ejecutivo alemán a atribuir "la responsabilidad rusa por el intento de ataque al aeropuerto de Leipzig", ha asegurado el ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt. Tal como ya insinuó el mismo ministro justo después del incidente, Berlín entiende que la incursión del dron forma parte de una campaña más amplia de guerra híbrida rusa con el objetivo de desestabilizar Europa. "Somos el objetivo diario de la guerra híbrida", dijo Dobrindt entonces. "El espionaje, el sabotaje, los ciberataques o las operaciones encubiertas de potencias extranjeras destinadas a desestabilizar Alemania o infligir daños directos son una realidad constante", añadió.
Hasta ahora, el Kremlin se ha sacudido la responsabilidad de encima alegando que no hay ninguna prueba de su autoría. Moscú, que en agosto calificó el presunto ataque de "provocación fabricada" y expresó "su preocupación por una nueva oleada de histeria antirrusa en Alemania", ha asegurado este martes que responderá a las "acciones antirrusas" de Alemania. De hecho, el presidente ruso, Vladímir Putin, se ha dirigido a ello durante su participación en una cumbre en Kirguistán. Según el mandatario, las acusaciones de Berlín se explican por los problemas internos del gobierno de Merz: "Las empresas cierran, la gente pierde los puestos de trabajo, y el nivel de vida cae. No está claro por qué pasa esto. Solo lo pueden explicar con la necesidad de contrarrestar una Rusia agresiva", alegaba Putin.
Los hechos de Leipzig se enmarcan en una serie de episodios similares, cada vez más habituales, que recuerdan que Europa no está al margen de la guerra en Ucrania. En diversas ocasiones, se han tenido que movilizar recursos de la Alianza Atlántica para interceptar cazas y aviones de inteligencia rusos (como los Il-20 o Tu-22M3) sobre el mar Báltico, que vuelan sin transpondedor para evitar ser detectados. Al este del continente, se han registrado diversas violaciones del espacio aéreo en Polonia y Rumanía por parte de drones rusos, que han tenido que ser abatidos por cazas de la OTAN. A finales de mayo, un aparato ruso no tripulado se desvió de su objetivo en Ucrania e hirió a dos personas en la ciudad rumana de Galați, las primeras víctimas en territorio comunitario.
"Desde el episodio de Leipzig hemos entrado en una nueva fase de la guerra híbrida", asegura a el ARA Domènec Ruiz Devesa, investigador sénior del Cidob en seguridad y defensa. Destaca que más que la cantidad de ataques le sorprende la calidad, que ha pasado del ámbito digital al ámbito físico, hecho que implica que "cada vez estamos más cerca de una guerra convencional". Con todo, insiste en que el objetivo de este tipo de ataques es sembrar el caos y hacer que los europeos se cansen de dar apoyo a Ucrania, más que no que puedan tener efectos reales.
Una respuesta conjunta
La incursión del dron cargado de explosivos en territorio alemán ha sido la gota que ha colmado el vaso y que ha puesto en alerta a los gobiernos europeos. "[El incidente en Leipzig] Es una señal de que debemos considerar la posibilidad de acciones más directas y violentas en nuestro territorio", aseguraba la semana pasada Céline Berthon, directora de la agencia de contrinteligencia francesa DGSI. Berthon advirtió en un foro de empresas de un aumento "meteórico" de las amenazas híbridas –como penetraciones cibernéticas y actos violentos perpetrados por intermediarios locales– en las industrias de defensa y tecnología, y en sectores estratégicos como la energía y las comunicaciones.
En la línea de lo que había avanzado el canciller Friedrich Merz –que aseguró la semana pasada que su gobierno hará pagar "un precio a los autores de los ataques híbridos"–, el ejecutivo alemán ha anunciado que tomará medidas contra Rusia como el cierre del consulado general de Rusia en Bonn y la rescisión del acuerdo con el centro cultural Russian House de Berlín. Según las informaciones del diario alemán Bild, Berlín podría ir todavía más allá y expulsar a los empleados de la embajada rusa de Alemania. Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, se ha mostrado contundente en un mensaje en X, en el que ha asegurado que este tipo de ataques "no pueden quedar sin respuesta".
El canciller alemán apuesta por una respuesta al intento de ataque contra Leipzig coordinada con los socios europeos y de la OTAN, que debe llegar "en los próximos días". Este miércoles, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se reunirá con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, en Bruselas, para hablar de las amenazas híbridas a las que se enfrenta Europa.
Según fuentes diplomáticas citadas por Politico, el plan que se está revisando en estos momentos –y que se discutirá este martes y miércoles en la reunión informal de los ministres de Asuntos Exteriores de la UE– prevé sanciones masivas a unos 1.600 actores rusos, entre los que hay 800 individuos y 800 empresas. Y también se espera que se reabra el debate del uso de los activos rusos congelados, si bien habrá que convencer primero a Bélgica, el estado donde están depositados los fondos requisados.