Ola de calor en Europa

Europa descubre el calor extremo y se da cuenta de que no está preparada para lo que vendrá

El episodio de altas temperaturas que afecta a buena parte del continente está batiendo récords y es fruto del calentamiento global

París / Londres / Bruselas / Berlín / Copenhague / BarcelonaEuropa afronta una nueva realidad climática. Las olas de calor extremas, largas e históricas, son cada vez más frecuentes y uno de los rostros más evidentes de una crisis climática que exige respuestas urgentes. El episodio de altas temperaturas que este junio afecta a buena parte del continente (también allí donde hasta ahora era impensable) está fulminando récords en varios países y es fruto de el calentamiento global provocado por la actividad humana y la acumulación de gases de efecto invernadero. Y no es casualidad: Europa es el continente que se calienta más rápidamente del planeta y los impactos ya son visibles en la salud, la agricultura, los ecosistemas y la disponibilidad de agua.

La calurada que se vive en la Europa central y occidental es una muestra más de una tendencia de la que los expertos alertan desde hace años: el calor se está intensificando y los episodios se alargan más en el tiempo. Estas situaciones se deben a la presencia de anticiclones persistentes que bloquean la entrada de masas de aire más frescas y se alargan hacia el centro y norte del continente, lo que favorece muchos días seguidos de sol y temperaturas elevadas. Además, cada vez son más frecuentes las irrupciones o flujos de aire muy cálido procedentes del norte de África, que transportan temperaturas extremas hacia medio Europa.

La paradoja se encuentra en la política. Estos días, en muchas tiendas de ciudades europeas, se ha agotado el stock de ventiladores y otros aparatos de refrigeración, como el aire acondicionado. Gobiernos de aquí y de allá han prometido mejorar la climatización de espacios públicos para hacer frente a estas caluradas, que todo apunta que serán cada vez más habituales. En cambio, en casi ningún espacio político de Europa, las medidas para hacer frente a la crisis climática son una prioridad ni ocupan posiciones de relevancia en espacios de debate político.

Francia, hospitales colapsados y prohibido beber alcohol

El verano apenas ha asomado, pero Francia ya vive una ola de calor que ha batido todos los récords. Los termómetros nunca habían subido tanto. La canícula lleva doce días durando, pero el calor ha sido especialmente intenso esta semana: durante tres días seguidos, la temperatura máxima media del conjunto del país ha alcanzado los 30 °C, la cifra más alta que se ha registrado nunca. En ciudades como Burdeos o París, las máximas han superado los 40 °C, unas temperaturas inusualmente elevadas. En un verano normal, el termómetro no suele superar los 26 grados en la capital francesa, que estos días ha registrado temperaturas más altas que las que se registraban, al mismo tiempo, en El Cairo o en Bangkok. En un país poco acostumbrado al calor, las elevadas temperaturas han provocado problemas que han alterado la vida de los franceses: escuelas cerradas (el curso escolar no acaba hasta el 3 de julio), trenes cancelados, apagones eléctricos, carreteras cortadas porque el asfalto se funde, así como la anulación de conciertos y eventos deportivos al aire libre. Este fin de semana, por ejemplo, se han cancelado diferentes desfiles del Orgullo LGBTI y el festival solidario de música tecno Solidays, que se tenía que celebrar en París.

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Una semana y media después del inicio de la intensa calor, los hospitales están saturados, especialmente los de París y toda su área metropolitana. Hospitales y servicios de emergencia de todo el país han activado esta semana el plan de crisis sanitaria, que permite movilizar todo tipo de recursos adicionales y personal extra, como estudiantes de medicina. Todavía no hay datos oficiales sobre el número de muertes relacionadas con la calor, pero las urgencias hospitalarias se han disparado y cuatro niños –uno de ellos un bebé de 18 meses– han muerto esta semana en diferentes ciudades después de haber estado horas dentro de un vehículo. Los servicios funerarios han advertido que están al límite.

Para evitar saturar aún más los servicios de emergencia, París ha tomado una medida excepcional y bastante sorprendente: ha prohibido este fin de semana el consumo de alcohol en la calle así como venderlo en supermercados y comercios. Los bares y restaurantes tampoco pueden venderlo si no es para consumirlo en el local. El gobierno argumenta que el consumo de alcohol cuando las temperaturas son elevadas aumenta el riesgo de sufrir lipotimias y otros problemas de salud. Según las previsiones, a partir del lunes se acabará la ola de calor y habrá una bajada generalizada de las temperaturas, pero los expertos advierten que del 10 de julio en adelante Francia podría vivir una nueva e intensa canícula. 

El Reino Unido ya no es un refugio climático

El Reino Unido ha encadenado esta semana tres días consecutivos de temperaturas récord para un mes de junio, un hecho inédito que ha obligado al Met Office a mantener la alerta roja por calor extremo en Londres y el sureste de Inglaterra. En Cavendish, Suffolk, el termómetro ha alcanzado los 37,3 °C, la temperatura más alta que se ha registrado nunca en el país en estas fechas. Localmente, también se han medido máximas en Bute Park, en Cardiff, y en Castlederg, en Irlanda del Norte.

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El impacto sobre los servicios sociales y sanitarios ha sido inmediato. El London Ambulance Service vivió el jueves su día más intenso de la historia reciente, con casi 650 emergencias de categoría 1 en solo 24 horas, un volumen que no se había registrado nunca hasta ahora: además, recibieron 8.000 llamadas de emergencia, más del 50% que en un día normal. Ambulancias y bomberos también han tenido que afrontar nuevos riesgos derivados de la sequedad extrema: en Derbyshire, los servicios de emergencia han luchado por contener un incendio de vegetación en Tintwistle Moor, alimentado por el calor y la baja humedad. Además, al menos seis trusts hospitalarios de Inglaterra han declarado incidentes críticos, con equipos médicos –desde maquinaria de resonancia hasta escáneres– funcionando al límite o directamente fallando por las elevadas temperaturas.

Las primeras reclamaciones políticas no se han hecho esperar: diferentes grupos parlamentarios han reclamado al gobierno medidas urgentes para combatir el sobrecalentamiento de hospitales, escuelas y prisiones. Trescientos centros escolares han cerrado y hasta un millar han variado los horarios. La Universidad de Londres ha modificado sus clases y las ha pasado de presenciales a telemáticas, justamente para evitar los desplazamientos.

La red de transportes ha vuelto a evidenciar su fragilidad: vías deformadas, limitaciones de velocidad y retrasos generalizados han afectado los servicios ferroviarios de largo recorrido, mientras que en Londres el metro ha registrado temperaturas próximas a los 40 °C en la Central Line. Todo ello ha hecho recomendar a Transport for London que se eviten los desplazamientos no esenciales.

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La falta de aire acondicionado, tanto en viviendas como en edificios públicos, ha reabierto un debate que hasta ahora el país había evitado: la necesidad de una estrategia nacional para adaptarse a episodios de calor que ya no son excepcionales.

La ola de calor también ha tenido efectos económicos: la productividad ha caído en sectores industriales y logísticos, las jornadas se han acortado y las mencionadas interrupciones en el transporte han afectado a trabajadores y empresas. Todavía no hay una estimación clara del impacto sobre el PIB, pero los economistas coinciden en que episodios como este tienen un efecto acumulativo sobre la actividad y los servicios públicos. El balance de estos días deja una conclusión incómoda y evidente ya hace demasiado tiempo: el Reino Unido ya no es un refugio climático de Europa, y continúa sin estar preparado para un clima cambiante.

Bélgica: la fiebre del ventilador

El ventilador se ha convertido en un objeto preciado en Bruselas. Mucha gente no tiene uno –y menos aún aire acondicionado– y, a toda prisa, han ido a comprarse uno. Pero no todo el mundo ha encontrado. Los primeros días de la ola de calor de récord se veían colas de gente con un ventilador en la mano en los grandes almacenes y en los bazares asiáticos. Ahora bien, las existencias se acabaron muy deprisa y muchos belgas se han quedado sin.

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Un servidor no tuvo suerte hasta la quinta tienda que visitó, y durante la búsqueda se veía gente que optaba por llevarse el ventilador de la oficina a casa o los más desesperados intentaban incluso comprar los que están en los expositores. También hubo tenderos que aprovechaban la necesidad y subían precios, aunque la gran mayoría no preguntaban por el coste y no tenían ningún problema en dejarse enredar.

La fiebre del ventilador es bastante razonable. Los belgas no están nada acostumbrados a este calor y, de hecho, han superado el récord de temperaturas registrado en los últimos cincuenta años. En algunas partes del país se ha llegado a los 40 grados, donde están en alerta roja, y toda Bélgica está bajo alerta naranja. El gobierno belga envió una alerta este viernes a todos los dispositivos móviles en la que pedía precaución, evitar el esfuerzo físico e hidratarse de manera habitual.

Se han suspendido actos festivos y eventos de todo tipo –tanto al aire libre como en interiores, ya que la mayor parte de espacios no están climatizados–, se han anulado y cambiado de horario trenes y autobuses y se han aplazado algunos servicios de recogida de basuras. Incluso, el TGV que va de Bruselas a París ha ralentizado la velocidad –pasará de 300 km/h a 170 km/h– por miedo a que se dilaten elementos metálicos de las infraestructuras y haya un accidente, y el Eurostar de Bruselas a Londres ha ofrecido a los viajeros anular o cambiar la fecha del viaje.

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Las casas tampoco están preparadas para el calor. No tienen persianas y apenas cortinas. Algunas familias –en ningún caso la mayoría, pero es sintomático– tapan con sábanas o cartones las ventanas para parar el sol durante el día, y las abren de par en par durante la noche. Este periodista no conoce a nadie que tenga aire acondicionado en casa, y los bares y restaurantes que lo han instalado son la excepción. De hecho, estos días corre por WhatsApp una lista de locales bruselenses que ofrecen y se ha hecho viral entre los habitantes de la capital belga.

Pero fuera del hogar tampoco se está mucho mejor. Cuesta mucho encontrar fuentes públicas en las calles, no hay muchos árboles y sombras para resguardarse un rato. Por suerte, los grandes parques –que no cuentan con sistemas de riego y, por tanto, se nota muy rápido cuando no llueve durante unos días– hacen de refugios climáticos y todavía se ve gente haciendo deporte, aunque tampoco están acostumbrados a levantarse temprano o esperar al atardecer para evitar calores.

Más calor en Alemania que en Mallorca

Alemania también afronta una ola de calor sin precedentes. Estos días hace más calor en Alemania que en Mallorca. La isla es uno de los destinos preferidos de los alemanes para pasar las vacaciones, hasta el punto de que muchos la consideran el decimoséptimo Land (estado federado) de Alemania. El Servicio Meteorológico Alemán (DWD) registró el viernes 41,3 grados centígrados en Saarbrücken-Burbach, la temperatura más alta jamás medida en el país. Este fin de semana se podría alcanzar un nuevo récord, con temperaturas de hasta 42 grados. Será el mes de junio más cálido en Alemania desde que se tienen registros. Mientras tanto, en Mallorca se llegará a los 34 grados.

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Aunque a escala federal ya existe una Ley de Adaptación al Cambio Climático, las ciudades alemanas apenas están preparadas para hacer frente a las olas de calor, cada vez más frecuentes y prolongadas. Muchas de las medidas para proteger a la población ante las altas temperaturas continúan siendo fragmentarias. En el sistema federal alemán, estas medidas son competencia de los estados federados y de los municipios. El partido de los Verdes reclama al Gobierno federal un programa de 5.000 millones de euros para mejorar la protección contra el calor en Alemania.

Según Clean Energy Wire, se estima que solo el 19% de los hogares alemanes disponían de aire acondicionado en el año 2024. En comparación, en Estados Unidos la cifra se sitúa alrededor del 90%. Esto se explica porque, históricamente, Alemania solo solía tener pocas semanas de calor intenso cada año. En cambio, las viviendas están mejor preparadas para el frío. Muchos alemanes, sin embargo, prefieren ahorrarse el gasto del aire acondicionado o directamente renuncian a él por motivos medioambientales: según los expertos, estos aparatos consumen mucha electricidad y contribuyen aún más a agravar el cambio climático.

Países Nórdicos: sin conciencia de que hace calor

La ola de calor en los países nórdicos afecta sobre todo a Dinamarca, donde se prevé que las temperaturas se eleven entre los 28 y los 35 grados durante este fin de semana, y al sur de Suecia. En Copenhague, las zonas de baño habilitadas en los canales se llenan de gente que busca aliviar el calor, mientras que por las calles circulan menos ciclistas, ya que muchos evitan hacer ejercicio físico durante las horas centrales del día siguiendo las recomendaciones del Servicio Meteorológico Danés (DMI), que ha activado un aviso naranja, el segundo nivel más alto de alerta.

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Aparte de esto, la sensación entre los daneses es que la ciudad está poco preparada para las olas de calor, ya que de media la temperatura en el mes de junio es de 19 grados, unos quince grados menos que los que se han llegado a registrar estos días. Los expertos también avisan de la falta de árboles y de fuentes públicas en las calles de la capital, mientras que pocos bares y restaurantes, tiendas y oficinas de trabajo cuentan con aire acondicionado o un sistema eficiente de ventiladores.

En una salida de metro del centro de la ciudad, Margrethe Zacho Haarde explicaba, agobiada por el calor, que el vagón estaba lleno y sin aire acondicionado porque "normalmente no es necesario en verano". Haarde reclamaba adaptar el transporte público: "Tenemos que aceptar que este es el nuevo clima estándar del verano", lamentaba.

Para Philippa Sophie Fraas, empleada de una oficina gubernamental, trabajar estos días se ha convertido en un reto: "La oficina no está preparada. Tenemos que abrir las ventanas y compartir un ventilador y, aun así, la temperatura llega a los 27 grados en el interior", explica. Fraas defiende que, igual que durante las fuertes nevadas se recomienda a los empleados públicos trabajar desde casa, esta medida también debería aplicarse en episodios de calor extremo. Más allá de las ciudades, en el país nórdico la ola de calor también ha provocado un riesgo alto de incendio en todo el territorio, un hecho poco habitual hasta ahora.

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En Suecia, los efectos de la ola de calor que puede llevar temperaturas récord de 36 °C en el sur del país se están notando mucho en el transporte público. En el condado de Escania, varios usuarios se han quejado de que la temperatura en el interior de los autobuses era de 37 °C, mientras que las autoridades han avisado de que la red de trenes se verá afectada con retrasos y cancelaciones a causa del calor.

Estos episodios evidencian las conclusiones de un informe publicado esta semana por el Consejo de Adaptación al Clima, que alerta de que "Suecia no está suficientemente preparada para un clima más cálido". El documento señala que muchos centros de trabajo no disponen de protocolos para gestionar el trabajo cuando aumentan las temperaturas y que, en general, "la concienciación sobre los efectos del calor todavía es baja", ha advertido Karin Lundgren Kownacki, del Servicio Meteorológico Sueco.