Sudán

Hablamos de Sudán, es decir, de los Emiratos Árabes Unidos

Los combates por al-Fashir propagan el hambre y las enfermedades.
Periodista
3 min

Los Emiratos Árabes Unidos están en todas partes, ya sea pública o encubiertamente, pero siempre muy cerca de donde hay influencia, dinero y decisiones importantes. El último ejemplo más mediático lo tenemos en una de las grandes polémicas de este Mundial de fútbol. El presidente del comité disciplinario de la FIFA que accedió a retirar la tarjeta roja a Folarin Balogun sin consultar a ninguno de los otros miembros del comité y a petición de Donald Trump es Mohammad al-Kamali, abogado y exmiembro del parlamento de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Otro ejemplo mucho menos mediático y mucho menos frívolo es el Sudán, donde desde hace años se vive una guerra que ya es la mayor crisis humanitaria del mundo según las Naciones Unidas.

Los EAU son considerados uno de los principales financiadores y proveedores de armas de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR), el grupo armado responsable de un “genocidio” en la ciudad sudanesa de Al-Fashir a finales del año pasado. La evidencia no para de acumularse. ONGs como Human Rights Watch llevan años haciendo sonar la alarma, al igual que diversas investigaciones periodísticas. Una de las últimas es la de Lighthouse Reports, que a finales de junio detalló cómo soldados de las FSR se están entrenando con armas proveídas por los Emiratos en Libia.

Estas últimas semanas, el Sudán ha vuelto a ocupar titulares porque la situación se está deteriorando y se teme una nueva escalada de violencia, ahora en la ciudad estratégica de Al-Obeid. La ONU y el G-7 han emitido diversos comunicados de alerta y de condena. Pero todos estos avisos tienen algo en común: no hablan en ningún caso de los EAU y su rol fundamental para que la guerra continúe.

Europa rompe el tabú

Ahora bien, ha habido una excepción: el Parlamento Europeo. La semana pasada, la Eurocámara aprobó una resolución que, por primera vez, menciona explícitamente el rol que los EAU tienen en la guerra y les urge a dejar de “financiar, proveer con armas o cualquier otro soporte a las FSR”. Ha pasado muy desapercibida, pero tiene un fuerte peso simbólico porque la última vez que lo intentaron –el noviembre pasado–, los Emiratos desplegaron un fuerte lobby en Estrasburgo para convencer a los eurodiputados de que no tenían nada que ver con esta guerra. Espóiler: la resolución de noviembre no mencionaba los Emiratos.

Aun así, las resoluciones parlamentarias sirven de poco más que para presionar a los que sí tienen capacidad de tomar decisiones, es decir, los gobiernos europeos y la Comisión Europea, y estos tienen otra agenda que no incluye la confrontación con los Emiratos.

El lunes la UE anunció un veto a la compra, importación y transferencia de oro que provenga de Sudán, una de las principales fuentes de financiación de la guerra. En el anuncio, sin embargo, no se hace ninguna referencia a los Emiratos, a pesar de que también se sabe que la mayor parte del oro que sale de Sudán pasa por Dubái –uno de los siete Emiratos Árabes Unidos–, uno de los principales mercados de oro del mundo. Además, la Comisión Europea, ávida de nuevos socios comerciales después de los quebraderos de cabeza que tiene con Washington, está en plenas negociaciones para un acuerdo comercial con el país del Golfo. Ya van por la séptima ronda de conversaciones.

Si la UE realmente quiere contribuir a poner fin a la guerra en Sudán, condicionar las conversaciones comerciales a la parada de la financiación de las FSR sería mucho más efectivo que aprobar sanciones simbólicas o votar resoluciones. “Las resoluciones no detienen las balas”, lamentó en un artículo el abogado y defensor de los derechos humanos sudanés, Salih Mahmoud Osman.

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