Guerra en Sudán

Pánico por el asedio de los paramilitares de Sudán a El-Obeid

La ONU alerta que las Fuerzas de Apoyo Rápido pueden causar una "catástrofe" a la escala de Al-Fashir, donde cree que hubo un genocidio

Algunas personas caminan entre tiendas de campaña con el logotipo de Arabia Saudí, en un campo de refugiados en El-Obeid, en Sudán.
12/07/2026
4 min

Barcelona"Hay una atmósfera de miedo y de pánico constante". La Halima Mustafa, una joven psicóloga sudanesa, describe por teléfono la situación que se vive estos últimos días en la ciudad de El-Obeid, en Sudán. Como ella, cerca de 500.000 personas se encuentran atrapadas en la capital de la región de Kordofán del Norte, que está bajo control del ejército de Sudán.Las Fuerzas de Apoyo Rápido (FSR), que hace tres años que se enfrentan en una lucha brutal por el control del país, han rodeado la ciudad y la están asediando a la espera de entrar en ella. "Tenemos informes que indican que las FSR se están preparando para lanzar un ataque masivo a El-Obeid", confirma el investigador de Amnistía Internacional responsable de Sudán, Abdullahi Hassan, a el ARA, que advierte que "se está acabando el tiempo para actuar".

La preocupación por la violencia que se pueda desatar es tal que la ONU ha emitido una alerta avisando que la entrada de los paramilitares podría suponer una "catástrofe". "Estamos gravemente alarmados por los riesgos urgentes de atrocidades y de asesinatos deliberados en Sudán", prevenía la semana pasada el comisario de Derechos Humanos de la organización, Volker Türk. Mientras los combatientes de las FSR se concentran a las puertas de El-Obeid, diariamente decenas de drones se ceban con las infraestructuras civiles y aterrorizan a la población. Además de atacar hospitales, escuelas y gasolineras, han bombardeado la principal central eléctrica, que ha dejado a la población civil a oscuras y ha obligado a detener los sistemas de bombeo de agua potable.

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El goteo de muertos es constante y escaparse de la ciudad se ha vuelto casi imposible. Las salidas están vigiladas por aparatos no tripulados o sometidas a peajes abusivos, saqueos y ejecuciones sumarias por parte de las milicias. Por estas mismas rutas vigiladas entraba también la ayuda humanitaria, necesaria sobre todo para los más de 150.000 refugiados de otras regiones del país que se alojan temporalmente en la ciudad. "La situación humanitaria es catastrófica –relata la psicóloga–. Hay una grave escasez de productos de primera necesidad: no hay agua potable ni alimentos y cuesta mucho que llegue la ayuda médica porque las rutas de suministro son a menudo atacadas por drones".

Las imágenes de este asedio han hecho despertar los fantasmas de las masacres que se perpetraron el año pasado en Al-Fashir, la capital de la región de Darfur, que la ONU ha calificado de genocidio en una nueva investigación publicada este miércoles. Cuando la ciudad cayó en manos de las FSR en octubre tras un largo asedio, la población se vio abocada a una espiral de asesinatos masivos, violaciones sistemáticas y hambruna deliberada. Ahora, el mismo patrón de asfixia se repite en El-Obeid. “En Al-Fashir impusieron un asedio de más de dieciocho meses que mató a la gente de hambre, cavaron trincheras alrededor de la ciudad para impedir que la gente huyera. Y finalmente, cuando atacaron sometieron a personas que ya estaban desnutridas a graves violaciones de los derechos humanos, como asesinatos masivos, secuestros, detenciones y violaciones”, constata Hassan, autor de otro informe publicado a principios de julio que inventaría las atrocidades cometidas por estas milicias paramilitares en la región de Darfur. "Están replicando el mismo manual de estrategia en El-Obeid –alerta–. No distinguen entre combatientes y civiles".

Mujeres y niños desplazados yaciendo en el suelo en El-Obeid, en el estado de Kordofán del Norte, en Sudán.

Un nudo estratégico para el control del país

Si esta localidad está sometida a tanta presión es porque es estratégica para el control del país y su captura puede ser un punto de inflexión en el curso de la guerra. Tras tres años de combates que han fragmentado Sudán, los paramilitares de las FSR han logrado imponerse en el suroeste, en la región de Darfur. Si finalmente consiguen capturar El-Obeid, afianzarán su control sobre el oeste de Sudán y podrán proyectar el poder militar hacia el este y el centro, lo que amenazaría la capital, Jartum, según explica a ARA el director del think tank Amani Africa, Solomon Dersso. En cambio, si el ejército consigue mantenerla –un escenario que, a día de hoy, parece poco probable–, le puede servir de trampolín para impulsar una reconquista del territorio perdido.

Sea como sea, los análisis militares no tranquilizan a los sudaneses atrapados en estas tierras, que antes del conflicto eran orgullosas y prósperas. Halima Mustafa, que se dedica a calmar como puede los ánimos de sus pacientes agitados por los ataques constantes de drones, describe casos de estrés postraumático, insomnio, falta de apetito e incluso alucinaciones. “Muchos niños han desarrollado síntomas relacionados con el trauma, como enuresis nocturna, pesadillas frecuentes, sueño interrumpido y dificultad para concentrarse”, explica, y lamenta que las familias se sienten desbordadas porque “experimentan el mismo miedo y angustia”.

La impotencia, sobre todo, proviene de la inacción internacional ante la guerra de Sudán: “No está haciendo nada para proteger a los civiles o evitar la escalada del conflicto”, deplora la psicóloga. Más allá de la necesidad de crear un corredor humanitario para evacuar a la población y permitir el acceso de ayuda humanitaria, el investigador de Amnistía Internacional incide en el papel de los países aliados proveedores de los drones que acaban matando a los civiles. “La UE debe exigir a los Emiratos Árabes Unidos que presionen a las FSR para que detengan el ataque y dejen de suministrar el armamento que alimenta el conflicto”.

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