A Europa ya sólo le queda un camino por sobrevivir
¿Cuántas veces ha leído o oído que Europa se encuentra ante un cruce? La expresión se ha gastado especialmente en los últimos años en explicar las continuas decisiones existenciales que ha tenido que tomar la Unión Europea. Pero Europa ya no está en ningún cruce; esta entrada en 2026 nos ha sacado a la fuerza, y nunca mejor dicho.
Europa ya sólo tiene un camino para garantizar no sólo su relevancia geopolítica, sino la supervivencia de un modelo que, con todas sus debilidades y contradicciones, defiende el respeto a la democracia y el derecho internacional. La alternativa es el autoritarismo corrupto, armado con desinformación y violencia, liderado por oligarcas que abanderan el imperialismo y el extractivismo sin complejos. Hasta ahora, la estrategia de la genuflexión y de adaptarse al mundo que otros hacen y deshacen sólo ha abierto la puerta al chantaje, ya sea con aranceles, con el fin de la guerra en Ucrania o ahora con Groenlandia. Toca cambiar de estrategia, empezando por el relato.
Para llegar hasta aquí, el trumpismo y sus satélites europeos –de Farage a Meloni pasando por Abascal– entendieron que primero había que poner las bases: pervertir el lenguaje. Palabras como libertad o justicia tienen ahora la profundidad de un reel.
Pero el paso de la retórica a la acción de Trump ha incomodado incluso a sus admiradores. Cuando la "soberanía" que defiende el presidente estadounidense implica capturar a Maduro y amenazar a Groenlandia, castigar con aranceles las exportaciones o decidir el futuro de Ucrania sin nadie más, la extrema derecha europea se encuentra en un callejón sin salida. "Es poco ortodoxo y contrario a la ley internacional", ha dicho el brexitero Nigel Farage. "La soberanía de los estados nunca es negociable", dijo el ultraderechista francés Jordan Bardella.
Como apuntaba Mark Leonard, director del European Council on Foreign Relations enThe Economist, la agresividad de Trump puede ser, irónicamente, un "catalizador" centrista. Defendiendo la soberanía nacional de los ataques y chantajes del líder estadounidense, los gobiernos europeos tienen la oportunidad de reconectar con una ciudadanía que se siente desprotegida. Europa no tiene más remedio que recuperar el diccionario y rellenar de significado palabras como soberanía, libertad y democracia.
Trump amenaza a Groenlandia sin miramientos y desprecia el derecho internacional porque no puede convencer, solo imponer. Contra esto, el activo más poderoso de Europa sigue siendo su modelo de protección social y sistema de valores. Cómo apunta el experto de Bruegel Jacob Funk Kierkegaard, como daneses (sin pasar por alto que hablemos de una colonia), los groenlandeses tienen, por ejemplo, cobertura sanitaria universal y la universidad gratuita, dos privilegios de clase para los ciudadanos estadounidenses y, más aún, para los de sus colonias. Este modelo es el activo geopolítico más poderoso contra el caos y la desigualdad en que los oligarcas campan sin cesar.
Ni que decir tiene que está lejos de ser perfecto. Si Trump ha encontrado terreno fértil en Europa es porque hay muchas rendijas. Primero, las divisiones internas, con la extrema derecha dentro de siete gobiernos de la Unión y una Europa del Este comprensiblemente más preocupada por Moscú que por Washington. Después, la herencia colonial europea y otras incoherencias de cara al resto del mundo. Mantener Groenlandia en un limbo poscolonial es un regalo táctico para Trump: le permite vender su extractivismo bajo la bandera de "la liberación". Este error se agrava cuando se utilizan diferentes varas de medir: si sólo defendemos el derecho internacional y la soberanía en nuestras fronteras, pero las ignoramos en Gaza o Venezuela, perdemos la legitimidad para liderar la alternativa.
Soberanía y soberanía
Por último, la dependencia de EE.UU. en cuestiones tan fundamentales como la seguridad o la energía. No procurar por nuestra propia soberanía energética y tecnológica es autosabotaje. Las compras europeas de gas y petróleo ruso siguen todavía hoy y han sido fundamentales para que Rusia pueda seguir pagando la guerra contra Ucrania. Cambiar la dependencia de Moscú por la de Washington, que ya ha utilizadoa carta para chantajear a Bruselas, no parece inteligente.
La única solución para la independencia energética de Europa son las renovables. Por eso el imperialismo fósil estadounidense necesita que la emergencia climática sea vista como un falso mito. Así puede desmantelar las leyes verdes y desactivar cualquier posibilidad de una Europa independiente. Cada recorte a estas leyes en Bruselas es, en realidad, una concesión más al chantaje estadounidense. "¿Y si el Green Deal no fuera cuestión de emisiones sino de libertad?", se preguntaba el profesor Alberto Alemanno. Lo mismo ocurre con el sector digital.
"Es posible imaginar un mundo donde los demás ya no dependan del mercado norteamericano. [...] Cubrir el «vacío de demanda» que plantean los persistentes déficits comerciales de Estados Unidos será mucho más fácil para el resto del mundo de lo que lo será para Estados Unidos hacer frente al lado de la oferta", dice el economista Joseph Stiglitz.
Ya no hay tiempo para discutir si Europa está preparada o no para un nuevo mundo. El nuevo orden ya lleva tiempo en marcha y 2026 es la prueba. O Europa se fortalece y se libera de EE.UU., o hará buena la Estrategia Nacional de Seguridad de Washington que vaticina su "declive". Y si algo deberíamos haber aprendido estas alturas es que Trump siempre empieza ganando por el relato.