Europa se ve arrastrada a la guerra de Trump

La mayoría de líderes europeos hacen equilibrios para contentar al presidente de EEUU y, a la vez, involucrarse lo menos posible en el conflicto

08/03/2026

BruselasLa Unión Europea tiene cada vez más frentes abiertos: la guerra de Ucrania, el retorno de Donald Trump y la amenaza creciente que supone China, sobre todo en el terreno comercial e industrial. Lo último que le interesaba al club comunitario es que Estados Unidos e Israel lanzaran un ataque contra Irán e iniciaran una guerra que no para de expandirse por todo Oriente Próximo y que ya hay involucrado varios socios europeos a regañadientes.

Una semana después de las primeras bombas estadounidenses e israelíes sobre Teherán, en Bruselas ya se puede hacer una lectura clara: la unidad europea ha vuelto a tambalear y la guerra profundiza la división entre los socios. En ese caso, la fractura no es menor. El eje franco-alemán, motor político y económico de la UE, se ha resquebrajado: mientras el canciller Friedrich Merz salía maltrecho por la postura de la genuflexión en la Casa Blanca ante un Trump que atacaba a España, Emmanuel Macron optaba por insinuar que seguirá el camino de Pedro Sánchez, contrario a la guerra de Trump. La mayoría de los líderes europeos, en una posición de dependencia respecto a Washington, buscan encontrar el equilibrio para contentar al presidente de Estados Unidos y, a la vez, involucrarse lo menos posible en el conflicto.

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Sánchez ha vuelto a ser la voz disonante de Bruselas y la prensa internacional le situaba esta semana como el mayor contrapeso de Trump en Europa. La gran pregunta ahora es saber qué socios comunitarios acabarán apoyando a Madrid. Gran parte del éxito de la estrategia de Sánchez depende de esto.

En las primeras horas posteriores al ataque contra el régimen de los ayatolás, casi ningún estado miembro ni dirigente europeo se atrevió a levantar la voz. Las principales potencias europeas se alinearon con el Pentágono y, en vez de reivindicar el derecho internacional, subrayaron que se trataba de una buena oportunidad para cambiar el régimen. El dirigente que fue más lejos con el apoyo a la Casa Blanca fue Merz, que no solo se mostró favorable a la ofensiva estadounidense e israelí, sino que también sacó hierro al derecho internacional y al multilateralismo y llamó a aceptar el orden mundial de la ley del más fuerte que quiere instaurar Trump. Merz es uno de los dirigentes europeos que le hace más la garra-gara al magnate neoyorquino y se muestra muy poco crítico con la Casa Blanca, incluso cuando el presidente estadounidense amenaza y humilla a la UE.

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Pero a medida que han ido pasando los días –especialmente después del "No a la guerra" de Sánchez-, cada vez más líderes europeos se han mostrado más críticos con el Pentágono. El presidente francés, Emmanuel Macron, aseguró el martes que no podía "aprobar" unas "operaciones" que se encontraban "fuera del derecho internacional" y, en la misma línea, el primer ministro británico, Keir Starmer, subió el tono contra Trump y fue más tajante que nunca a la hora de denunciar el ataque. El ministro de defensa italiano, Guido Crosetto, que es de extrema derecha, aseguró que la ofensiva "viola claramente el derecho internacional". El presidente del Consejo Europeo, António Costa, el primer ministro canadiense, Mark Carney, y, entre otros, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, también mostraron su apoyo a España y se mostraron interesados ​​en su enfoque.

Una implicación a regañadientes

Pese a que los socios europeos quieran evitar involucrarse en la guerra iniciada por Trump, ya están pagando sus primeras consecuencias y enviando ayudas militares a Chipre, que es un estado miembro de la UE y que se ha visto amenazado por el ataque de drones iraníes en una base británica. España envió una fragata al día siguiente del "No a la guerra" de Sánchez, y Meloni, Macron y Starmer enviaban más buques de guerra el mismo día que criticaban el ataque de EEUU e Israel. Además, tanto Francia como Italia han destinado sistemas de defensa y misiles antiaéreos a estados de Oriente Próximo que son atacados por Irán. Sin embargo, las administraciones europeas trabajan para que, a ojos de la población, no se interprete el envío de ayuda militar a Chipre oa los países del Golfo como una colaboración con Estados Unidos. La propia Meloni remarcó este jueves que Italia "no está en guerra" y, al igual que Macron y Starmer, se muestra ambigua sobre si EEUU puede utilizar las bases italianas para atacar a Irán.

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Aparte de las ayudas militares, los socios europeos también pueden verse aún más involucrados en el conflicto al formar parte de la UE y la OTAN. Cabe recordar que, en caso de que un estado miembro del bloque europeo sea agredido, puede solicitar la ayuda en materia militar del resto de países, puesto que los tratados de la UE recogen que tienen "la obligación" de darla. De momento, Chipre no lo ha solicitado y Bruselas asegura que esta opción no está sobre la mesa.

En cuanto a la OTAN, que está controlada de facto por EEUU, ya ha interceptado varios ataques aéreos de Irán contra Turquía, que es un aliado del organismo militar. A estas alturas, nadie habla del artículo 5 de la Alianza Atlántica, que dice que un ataque a un socio es un ataque a todos los socios y, por tanto, deben defenderlo. Pero el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ve con buenos ojos y presiona a los aliados atlánticos para que colaboren con Estados Unidos y defiendan su ofensiva contra Irán. "La OTAN no está involucrada, pero, por supuesto, los aliados apoyan de forma abrumadora lo que está haciendo el presidente de EEUU", aseguró Rutte.

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