Alemania

La extrema derecha alemana se consolida un año antes de un ciclo electoral clave

El cordón sanitario a los neonazis presenta grietas pese a que el rechazo a la posibilidad de que los partidos tradicionales colaboren con ellos es mayor ahora que en 2017

LondresDiez años después de la irrupción en la política alemana del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), rechazando el euro y el rescate griego, la formación neonazi dirigida por Tino Chrupalla y Alice Weidel aparece más fuerte que nunca y se hace un sitio, especialmente entre electores del este, en lands como Turingia, Sajonia-Anhalt y Brandenburgo. Un sitio que ha quedado reflejado en la primera victoria, a finales de junio, en unas elecciones al consejo de distrito de Sonneberg, una población de Turingia: se impuso al candidato de la Unión Cristianodemócrata (CDU), de centroderecha, pese al apoyo explícito del resto de grupos. La primera semana de julio, además, la AfD obtuvo también la alcaldía de Raguhn-Jeßnitz, en el vecino estado de Sajonia-Anhalt.

Este mismo viernes el partido celebraba su congreso federal en Magdeburgo y remarcaba su aspiración a gobernar, en unos momentos en que las encuestas les son del todo favorables. "Estamos dispuestos a más. En Sajonia, Brandenburgo y Turingia podemos convertirnos en la fuerza más votada", destacaba en su discurso. Y es que la AfD ha superado por primera vez en las encuestas de intención de voto en el Bundestag (el Parlamento federal) el Partido Socialdemócrata del canciller Olaf Scholz, jefe de un gobierno de coalición -con verdes y liberales- que está pagando el precio de la inflación y el encarecimiento de la energía, y que tiene unas perspectivas de entrar en recesión antes de finales de año, por ahora, y desde mediados del mes pasado, cuando se produjo el sorpaso demoscópico, la diferencia es de dos puntos: 18% a 20%. La CDU tiene un 27%.

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Tanto en Turingia como en Sajonia-Anhalt y Brandeburgo, la extrema derecha también encabeza las encuestas de las elecciones regionales del 2024. Serán, junto con las europeas del próximo mayo y las regionales en Baviera y Hessen (lands occidentales), seis tests que pondrán a prueba la validez no sólo del cordón sanitario contra la extrema derecha, sino también la permeabilidad de los electores frente a mensajes populistas y racistas.

En Turingia, la AfD tiene el 34% de apoyo de cara a las elecciones al land, muy por encima del 21% de la CDU y el 20% del Partido de Izquierda. Por tanto, "la perspectiva de que la AfD encabece las elecciones es un riesgo importante", dice al ARA el profesor Ed Turner, codirector del Aston Center for Europe de la Universidad de Aston, en Birmingham. Otra cosa sería que pueda llegar al gobierno regional, si funciona el cordón sanitario habitual.

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Marcha atrás del líder de la CDU

Pero hace meses que el cordón presenta grietas. En diciembre del año pasado, cuando la AfD propuso recortar los beneficios a los refugiados en el consejo de distrito de Bautzen (este de Sajonia), 19 miembros de la CDU votaron a favor. Udo Witschas, uno de los representantes locales del partido, hizo suya la retórica extremista. Una retórica que ha llevado mucho más allá al líder federal democristiano, Friedrich Merz, tras afirmar, en una entrevista televisada el pasado domingo, que el partido podría romper el tabú que se ha mantenido hasta ahora y colaborar con Alternativa para Alemania. Eso sí, sólo a nivel local. "[El partido tiene] el deber de respetar los resultados electorales. En los ayuntamientos hay que buscar maneras de gobernar el pueblo o el distrito".

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Sus declaraciones le valieron la inmediata censura de destacados miembros de la CDU, como el alcalde de Berlín, Kai Wegner. Al día siguiente, Merz matizó las palabras en un tuit: "Para dejarlo claro otra vez, y nunca he dicho lo contrario, se aplica la decisión de la CDU: tampoco habrá colaboración con la AfD en el ámbito municipal”.

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Pero, ¿y los electores qué harán? El profesor Turner cree, sin embargo, que si bien existe "una proporción significativa de votantes que no están de acuerdo con algunos principios compartidos por todos los partidos, sean gobierno u oposición", otra cosa es que se viertan directamente a la extrema derecha. Cierto, dice, que "el 23% de los alemanes querrían ver menos apoyo en Ucrania, una cifra que se eleva al 37% en el este, donde hay vínculos históricos más fuertes con Rusia". Y también el 37% de los alemanes (y el 87% de los votantes de la AfD) "creen que las medidas de protección del clima van demasiado lejos y demasiado deprisa". O que el 52% considera "que Alemania no podrá hacer frente al número de refugiados que está recibiendo".

Sin embargo, Ed Turner cree que "el actual apoyo [en las encuestas] a Alternativa para Alemania no implica que el partido sea más aceptado, porque sigue siendo conflictivo y polémico a un nivel todavía desagradable para muchos". Hasta el punto, asegura, que "los votantes consideran que la AfD se ha vuelto más extremista", lo que hace que haya "una menor proporción que en el 2017 [cuando los neonazis entraron por primera vez en el Bundestag] en cualquier forma de cooperación con el resto de partidos". La prueba definitiva serán las elecciones del próximo año.

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