"No se puede continuar así": las derrotas de la CDU ponen a Merz y a la Gran Coalición contra las cuerdas
El SPD pide un cambio de rumbo al gobierno federal mientras la extrema derecha suma votos pero no aumenta su poder
BarcelonaContinúa la pesadilla para el canciller alemán, Friedrich Merz. Si la derrota de su partido, la CDU, y el triunfo de la extrema derecha en el estado de Sajonia-Anhalt hace ahora dos semanas fueron una sacudida, los resultados en las elecciones de Mecklemburgo-Pomerania Occidental y Berlín han confirmado la crisis profunda en la que se encuentra el partido de la derecha tradicional. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, por primera vez, ha quedado fuera del Parlamento de un estado y en Berlín Die Linke (La Izquierda) le ha ganado la partida.
"Ha comenzado el ocaso del canciller", auguraba este domingo el líder de la AfD en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, Leif-Erik Holm, después de ganar las elecciones. Un juicio que horas después, este lunes, hacía suyo la líder nacional y copresidenta de la AfD, Alice Weidel, afirmando que "el gobierno se desintegrará antes de las elecciones generales previstas para 2029".
A pesar de los fracasos electorales, la cúpula de la CDU mantiene formalmente el apoyo a Merz. Este ha expresado su "preocupación" por la deriva de Alemania, que se encuentra en plena crisis estructural con una economía que no termina de subirse al tren del crecimiento después de años de estancamiento. Sumándole las polémicas reformas sociales que el gobierno federal quiere impulsar, es el caldo de cultivo que la extrema derecha ha aprovechado para ganar en dos estados en solo dos semanas.
La confianza en Merz, que ha considerado que estas elecciones han sido un "punto de inflexión", ha caído dentro de su propio partido, hecho que ha alimentado cada vez más las especulaciones sobre un posible relevo. "Merz debe marcharse. Es incapaz de ejercer el liderazgo del poder ejecutivo ni de comunicar", ha asegurado Christian Gräff, político de la CDU que fue miembro del Parlamento de Berlín. El también político de la CDU Philipp Amthor ha atribuido la derrota histórica al hecho de que algunos miembros del partido hayan planteado la posibilidad de pactar con la AfD. Para Amthor, esto ha creado "aún más incertidumbre" entre los votantes.
El canciller se apresuró la misma noche electoral a dejar clara su continuidad y la ha reiterado este lunes, subrayando que "nadie" de la cúpula del partido ha pedido su dimisión. Con todo, ha reconocido que su propia figura, que sufre "una baja popularidad", había influido tanto en Mecklemburgo-Pomerania Occidental como en Berlín. En cualquier caso, una renuncia en estos momentos plantearía otro problema a la CDU: el de quién querría asumir el liderazgo de un partido que se encuentra en su momento más crítico.
La Gran Coalición, en crisis
Pero la crisis electoral no solo afecta a Merz, que ahora se encuentra aún más contra las cuerdas, sino también a la coalición en el gobierno federal con los socialdemócratas. "No se puede continuar así", ha advertido el secretario general del SPD, Tim Klüssendorf, descontento con la apuesta de Merz por mantener la continuidad en la política de reformas a pesar de los fracasos electorales. A juicio de los socialdemócratas, hay que "reflexionar sobre los mensajes que trasladan los votantes" y, en palabras de Klüssendorf, queda claro que los ciudadanos quieren "correcciones y ajustes" en las políticas federales.
No es la única voz del SPD que pide un cambio. La misma noche electoral, el líder del SPD y vicecanciller, Lars Klingbeil, reclamó "observar con humildad los resultados y cuestionarse qué se puede hacer de otra manera". En cualquier caso, tanto los conservadores como los socialdemócratas ponen el acento en no haber explicado bien unas reformas que, a su parecer, son positivas para el país. "Los debates que hemos tenido en Berlín se han limitado a recortes", ha justificado el líder del SPD sobre el descontento de la población con el plan de reformas sociales, entre las cuales está la supresión de la jubilación anticipada a los 63 años.
Merz, sin embargo, no parece que tenga en mente un cambio de rumbo. En su comparecencia de este lunes, ha asegurado que "estamos decididos a hacer frente a las tareas históricas que nuestro país tiene por delante. Lo que está en juego es el futuro democrático de nuestro país". El canciller mete en el mismo saco a la extrema derecha y a la izquierda de Die Linke. "Más del 40% de los votos fueron a parar a fuerzas que son destructivas, que cuestionan nuestro sistema político y parlamentario y que intentan entusiasmar a la gente con soluciones radicales y simples". Y ante esta situación, opta por "la estabilidad y un rumbo claro".
La otra cara de la moneda es el AfD, la gran triunfadora en las elecciones de las últimas dos semanas. El partido de extrema derecha ha reivindicado haber desbancado a la CDU como "partido del pueblo" tras el triunfo en Mecklemburgo-Pomerania Occidental y ha pedido a Merz que deje la cancillería. Aunque no tiene posibilidades de gobernar, la formación ultra ha reclamado la presidencia del Parlamento del land.
Los éxitos electorales de la AfD se han traducido, de momento, en poco poder. Desde la victoria en Sajonia-Anhalt, poco se sabe de cuál es la estrategia del partido de ultraderecha para llegar al poder. El ganador en Sajonia-Anhalt, Ulrich Siegmund, descartó un gobierno en minoría, pero la líder de la formación, Alice Weidel, aseguró que, si dependiera de ella, estaría dispuesta a formar gobiernos en minoría. En Sajonia-Anhalt, Siegmund continúa buscando el apoyo de diputados individuales para gobernar, sin descartar nuevas elecciones.
Europa sufre con una Alemania debilitada
El avance de la extrema derecha en Alemania traspasa las fronteras del país. Aunque no pasa por su mejor momento económico, el país sigue siendo la principal economía y actor clave de la Unión Europea (UE), que afronta una acumulación de retos mientras intenta contener la agresión rusa, los arrebatos del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y la amenaza económica y comercial de China, entre otros.
Alemania es clave en las decisiones en Bruselas y un país debilitado o muy centrado en sus asuntos internos puede restar liderazgo a las respuestas comunitarias en un momento de poca tibieza en el tablero mundial. El gasto en defensa, el posicionamiento europeo en materia exterior o la siempre complicada negociación del presupuesto plurianual europeo podrían resentirse.
Además, Alemania podría ser solo un precedente de cara a un próximo año en el que diversos países europeos van a las urnas, como Francia o España, con partidos de extrema derecha que aspiran a sacudir (aún más) la política europea.