¿Puede ser pacifista hoy en Europa?
El expansionismo de Putin y el abandono de Trump obliga a la Unión Europea a replantearse su histórico pacifismo
Bruselas / BarcelonaEs muy fácil ser pacifista cuando existe paz. Pero cuando tienes la guerra en la puerta, la decisión se convierte en personal: ¿cómo se defiende la bandera de la no violencia cuando tienes la responsabilidad de defender tu casa? ¿Cómo seguir defendiendo este ideal cuando el expansionismo ruso está en la frontera de Europa, Estados Unidos ha abandonado la defensa del continente y ha abdicado de su rol de garante del derecho internacional?
Los vientos militaristas vuelven a soplar en Europa y rompen el idilio que imperaba desde la caída del muro de Berlín: la paz ha dejado de ser incuestionable. El servicio militar obligatorio ha vuelto a imponerse en muchos países del continente y los estados están vertiendo cantidades ingentes de dinero a la industria armamentística para "defenderse" de una eventual agresión. Europa se encuentra cada vez más sola, en medio de un mundo que tiende al autoritarismo, al imperialismo ya la amenaza de la fuerza.
Es en este contexto que surge la gran pregunta: a pesar del gran éxito de la desmilitarización, ¿se puede seguir siendo pacifista en la Europa de hoy?
"Pretender preparar la paz preparando la guerra es un error. La única vía inteligente es la negociación y los acuerdos", apunta Martí Olivella, promotor del movimiento por la lucha no violenta, que lamenta que se reanude ese debate que parecía enterrado. Las voces más pacifistas han visto en el retorno del servicio militar y en el incremento del gasto en defensa un retroceso en la consecución de derechos civiles. El analista de conflictos y procesos de paz Vicenç Fisas, defiende el pacifismo "hoy en Europa, en todo el mundo y siempre". El experto opina que es necesario rechazar la "narrativa del miedo" de la Unión Europea actual, que tiene por objetivo justificar la inyección de "más dinero en las empresas de armamento". Unas empresas que, por cierto, han disparado sus beneficios y cotizaciones en 2025. "Rusia apenas mantiene la zona de Ucrania que tiene. ¿Cómo quieres que ataque a los países europeos en estas condiciones?", se pregunta.
El parecer de estos analistas se basa en una máxima: cuantas más armas haya, más probabilidades hay de que haya más muertes. "Si preparas la guerra, al final te verás implicado en una guerra", remarca el investigador del Centro Delàs José Luis Gordillo, quien augura que "una guerra entre la OTAN y Rusia, [...] sería una guerra en la que perderíamos a todos los europeos". Los tres coinciden en el argumento de que los recursos que se destinan a velar por la seguridad del continente deben salir de algún sitio y creen que puede ser en detrimento del estado del bienestar. Por eso consideran que el rearme es un "error histórico" que amenaza el modelo de vida europeo. "Gastar más que durante la Guerra Fría es una aberración absoluta. Significa acabar con lo poco que queda del estado del bienestar en el continente", dice Fisas.
¿Así, si el rearme no es la opción más deseable a juicio de estos expertos, cuál debe ser la solución? Los tres defienden que los esfuerzos diplomáticos es un primer gran paso necesario. Ahora bien, ¿y cuándo una parte no quiere sentarse a negociar y se tiene ante Putin? Olivella plantea de todas formas una tercera vía: la lucha no violenta. "La población estamos preparados para afrontar situaciones de conflicto de forma inteligente", dice el experto, que asegura que hacer frente a un ejército sin armas puede "tener más impacto". "Cuando uno de los bandos renuncia a las armas, su prestigio moral es enorme", argumenta.
La respuesta depende de quien se le haga la pregunta. Lo que determina la voluntad de rearmarse no es tanto el color político –ya que por lo general desde el centroizquierda hasta el centroderecha son indiscutiblemente favorables–, como la situación geográfica. Un catalán no tiene la misma visión de la amenaza que supone Putin para la seguridad europea que un polaco. Por eso, mientras la primera ministra de Dinamarca, la socialdemócrata Mette Frederiksen, mantiene un lenguaje muy duro contra Moscú, el presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, critica el tono "bélico" de algunos de sus homólogos europeos.
Resignarse a la dura realidad: el expansionismo de Putin
La amenaza de Putin se ve con otros ojos a medida que nos acercamos a las fronteras rusas. El experto del think tank europeo Bruegel Jacob Funk Kirkegaard no cree que pueda ser pacifista si vives en Italia o Portugal, pero "todavía menos si vives cerca de Rusia". La amenaza es más inminente y los ataques híbridos rusos, constantes, como las campañas de desinformación y los sabotajes. "El pacifismo como postura moral y filosófica sigue siendo legítimo, pero en la vida real, tal y como se ve en Europa, actualmente representa un enfoque completamente periférico para mantener la estabilidad estratégica", añade el investigador Tomás Nagy, del centro GLOBSEC, con sede en Bratislava (Eslovaquia).
Por este motivo, el director del think tank europeo CEPS, Karel Lannoo, remarca que "hay que reforzar la capacidad de disuasión" de Europa, sobre todo después del abandono de Trump. En este sentido, aparte de incrementar las capacidades militares de los aliados europeos, el experto apunta que se necesitan organismos políticos y de coordinación que doten a Europa de una capacidad de "disuasión real". Hasta ahora, Kirkegaard sostiene que el paraguas militar que ha ofrecido Estados Unidos en Europa ha mantenido otras potencias a raya a la hora de atacar territorio europeo, pero el regreso de Donald Trump deja en el aire la protección del continente y, por tanto, ha "afectado negativamente" a esta capacidad de disuasión. "Si los europeos tuviéramos capacidad de disuasión real, no recibiríamos ciberataques y ataque híbridos constantemente", constata.
El rearme por sí solo puede no tener los efectos disuasorios esperados, reconoce Nagy, y, por tanto, es necesario que vaya acompañado de esfuerzos políticos y diplomáticos. Por eso, Lannoo insiste en que los aliados europeos deben encontrar maneras alternativas a la OTAN para mantenerse como un blog, protegerse entre ellos y, a la vez, evitar ser el blanco de terceros, especialmente Rusia. "Sea con una Unión Europea de defensa o un Consejo de Seguridad de Defensa, necesitamos un organismo de disuasión creíble", apunta el experto del CEPS.
Los tres admiten que el rearme supone un riesgo y puede acarrear una escalada bélica. "Pero no tenemos más opción", remarca Lannoo. "El objetivo siempre es la disuasión: la defensa, y no el ataque", apunta Kirkegaard. Lo mismo piensan ante una potencial reducción en inversiones en la sociedad del bienestar, como puede ser la educación o la sanidad, para destinarlas al armamento. "Los países tienen margen fiscal y, además, no nos queda más remedio que rearmarnos. Si no nos protegemos, podemos quedarnos sin nada", concluye Lannoo.
Pese a las diferencias,los dirigentes europeos han cambiado completamente de discurso. El rearme ha pasado de ser un tabú a convertirse en la gran prioridad de la UE. La Comisión Europea de Ursula von der Leyen ha impulsado un plan inédito de 800.000 millones de euros para remilitarizar el continente y permite endeudarse excepcionalmente a los Estados miembros para asumir sus costes. La mayoría de los socios están desplegando planes de rearme y potenciando la industria bélica. Y cada vez hay más voces que abogan por una mayor coordinación militar europea e, incluso, por crear un organismo paralelo a la OTAN, que,de facto, está controlada por Estados Unidos.
El giro discursivo de los dirigentes también se ha visto reflejado en la opinión de la ciudadanía. La defensa y la seguridad se han convertido en la primera prioridad de los europeos, según el Eurobarómetro de otoño de 2025, mientras que en el mismo informe del verano de 2024 ocupaba la cuarta posición. Esto se debe a un cambio de percepción: la mayoría de los ciudadanos consideran que su país está amenazado. Y, por tanto, se muestran mayoritariamente favorables a destinar recursos a la seguridad y la defensa. Uno de cada tres europeos opina que debería incrementarse esta partida de presupuesto. Una proporción que se mantiene elevada incluso en países de tradición más pacifista o menos cercanos a Rusia, como España, Italia o Eslovenia.
El problema de la coordinación
Uno de los puntos en común entre las voces más pacifistas y las más favorables a un gran rearme es la necesidad de hacer más eficientes las capacidades militares existentes. La falta de coordinación de la política de defensa entre aliados europeos genera una repetición de arsenales y recursos, lo que resta potencia a los ejércitos y eleva su coste. Un estudio del Parlamento Europeo en 2024 apunta a que el coste de esta falta de coordinación en defensa es de entre 18.000 y 57.000 millones de euros anuales.
El ejemplo paradigmático de la fragmentación es el material bélico. Mientras EEUU opera con un solo modelo de tanques (Abrahams), en Europa hay más de diez tipos diferentes. Lo mismo ocurre con los cazas: la UE fabrica tres modelos (Eurofighter, Rafale y Gripen), y el Pentágono tiene sólo uno, los F-35. Esto hace que su capacidad de producción sea masiva. En cambio, la diversidad de modelos en Europa no sólo es más cara, sino que también dificulta la interoperabilidad en el campo de batalla.
La reivindicación de unificar la política de defensa y seguridad genera un amplio consenso en una Unión Europea marcada por la fragmentación política. Esta demanda ha arraigado entre la ciudadanía hasta el punto de que, hoy, el 81% de los europeos están a favor de una política común en este ámbito, la cifra más elevada desde 2004.