La isla estratégica en la guerra contra Irán es de la UE

Su posición avanzada, la presencia de espías y las reservas de gas hacen de Chipre un as para la UE en Oriente Próximo, pero le obligarían a actuar en caso de conflicto

Una fregata francesa desplegada en el puerto de Limassol, en Chipre.
12/03/2026
4 min

Los días de cielo despejado, desde la costa de Chipre se pueden ver las montañas del Líbano en el horizonte. Esta isla, que ostenta la presidencia de turno del Consejo de la Unión Europea, se encuentra geográficamente más cerca de las costas de Siria, Gaza y Turquía que de la Grecia continental. La posición privilegiada que la convierte en un bastión estratégico para la Unión Europea (es el punto más oriental de la Unión), la hace más susceptible de ataques por su importancia militar.

"Cuando alguien ataca a Chipre, ataca a toda Europa", reivindicó el presidente francés, Emmanuel Macron, la semana pasada, encabezando una delegación de líderes europeos, después de que un dron lanzado por una milicia proiraní impactara contra Akrotiri, la base británica de la RAF, y otras dos fueran repelidas. Aunque el presidente, Nikos Christodoulides, no pidió activar la cláusula comunitaria que obligaría a los estados europeos a intervenir, el ataque puso al continente en alerta y, de rebote, puso de manifiesto que un ataque en ese enclave clave para la estrategia de defensa europea podría arrastrar a Europa a la guerra.

"Chipre es un gran portaaviones en el Mediterráneo oriental", afirma Domènec Ruiz, investigador senior de CIDOB, que destaca la gran militarización del territorio y el hecho de que, en la práctica, funcione como una plataforma logística para las principales potencias occidentales en la región. La isla acoge dos bases aéreas británicas, parte de la herencia colonial: la de Akrotiri (el objetivo del ataque con drones) y la de Dekélia. En la primera, situada en Limassol, en el extremo sur de la isla, están destinados más de 3.500 miembros de la fuerza aérea y la marina británica, y Londres ya la utilizó para realizar operaciones militares en Irak, Siria y Yemen. La segunda, Dekélia, se sitúa en el sureste, cerca de Lárnaca, en el límite de la autoproclamada República Turca del Norte de Chipre, y tiene desplegado un batallón de infantería, y un centro de entrenamiento del ejército chipriota. Turquía, que invadió el norte de la isla en 1974, veta su entrada en la OTAN. Esto hace que las bases sean aún más determinantes. Al estar bajo soberanía británica, pueden esquivar el veto y tropas de la OTAN pueden operar igualmente.

Los ojos y las orejas en la región

La proximidad de Chipre a Oriente Medio hace que también sea los ojos y orejas de las potencias occidentales en la región, es decir, un punto de observación de seguridad privilegiada. No en vano, el territorio acoge a varios centros de inteligencia británicos: Cape Gata, Ayios Nikolaos y Troodos. Pese a operar bajo la bandera del Reino Unido, en la práctica estas instalaciones comparten soberanía con Estados Unidos (que sufraga el 50% del gasto) e Israel, y son claves para la estrategia de estos dos países en la región. La información captada por los sensores británicos en Chipre alimenta en tiempo real los sistemas de defensa de Israel, permitiéndole anticiparse a los movimientos del eje iraní.

Antes de la última escalada, París ya alojaba barcos en la base naval de Mari, en el sur, para apoyar su flota en el Levante. Ahora, sin embargo, países europeos como Francia, Grecia, Italia, España y Países Bajos han enviado efectivos navales y sistemas de defensa antiaéreos para blindar la costa de cualquier ataque. Encabezados por el portaaviones Charles de Gaulle, las fregatas Languedoc, Cristóbal Colón y Kimon, y aviones de combate Typhoon, Rafale y F-16, la misión europea tiene una vocación únicamente defensiva.

Mientras tanto, en el norte no reconocido internacionalmente hay un despliegue de entre 35.000 y 40.000 soldados turcos, una presencia militar de las más densas del mundo en proporción al territorio, en exhibición de fuerza de Ankara. Además, Turquía ha convertido el aeropuerto de Geçitkale en una base estratégica de drones y, a raíz de la reciente escalada, ha estacionado un escuadrón de cazas F-16, para afianzar su capacidad de respuesta ante cualquier agresión.

Reservas de gas

Si Chipre es clave para la geopolítica europea es también por sus grandes reservas de gas. En un contexto en el que Europa trata de desligarse de la dependencia del gas ruso y empieza a dudar de la fiabilidad de los aliados de Washington, los yacimientos descubiertos en las costas de Chipre podrían ser una solución para abastecer al continente europeo. Las reservas se estiman en hasta 1,07 billones de metros cúbicos; una cifra que, con el ritmo de consumo actual, podría abastecer a toda Cataluña durante más de dos siglos. El primero de los seis yacimientos que podría empezar a explotarse tan pronto como en el 2027 es el de Cronos, gestionado por un consorcio entra la italiana Eni y la francesa TotalEnergies.

Ruiz define a Chipre como "un cruce de caminos geoestratégico", por donde pasan "cables submarinos de datos y hay proyecciones para que pasen un gran gasoducto y un gran proyecto de cables eléctricos". Por todo ello, los intereses de la UE en la isla son más que tangibles, pero también lo es la necesidad de protegerla. ¿Debería Europa responder sí o sí ante un ataque al territorio? Primero Chipre, explica Ruiz, debería activar el artículo 42.7 del tratado de la Unión Europea, que obligaría a todos los Estados miembros a dar asistencia. Ahora bien, puntualiza, cada uno tiene la potestad para decidir qué quiere aportar: "El tratado no especifica ningún plan operativo ni dice si debemos aportar cazas o barcos", dice.

Si habrá más ataques, "no lo sabemos, pero no se pueden descartar", avisa el analista de CIDOB, que justifica que Chipre se encuentra sólo "a 200 kilómetros del conflicto" Pero la implicación de tantos actores en un lugar tan pequeño y tan estratégico complica todos los escenarios. "Es un desaguisado", concluye Ruiz.

stats