El plan de la UE para el Canadá topa con un problema de nombre
Alemania, Francia, Italia y Grecia frenan la fórmula que había anunciado la presidenta de la Comisión Europea el día antes de la cumbre de Montreal
-
CAT -
ENG
BruselasDurante su discurso sobre el estado de la Unión, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, anunció a bombo y platillo que Canadá sería un "nuevo miembro asociado" de la Unión Europea. El acercamiento entre Bruselas y Ottawa era evidente, tanto por la presencia del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el hemiciclo como por las conversaciones previas para estrechar los vínculos. Pero el anuncio pilló a los estados miembros desprevenidos, ya que no esperaban que la iniciativa se presentara con esta etiqueta.
¿Qué había realmente detrás de esta denominación? "Una idea grande y bonita". Con este eufemismo los portavoces comunitarios esquivaron las preguntas de los periodistas que, día tras día, les acosaban con las mismas dudas. Resulta que la fórmula propuesta por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y que no existe en los tratados europeos, también preocupaba a los estados. Particularmente a Alemania, Francia, Italia y Grecia, que han hecho caer esta denominación del texto a partir del cual los estados miembros negociarán con Canadá en la cumbre de Montreal que comienza este jueves.
Según han explicado fuentes diplomáticas a ARA, el desasosiego de los estados miembros no tenía nada que ver con la voluntad de las capitales europeas de fortalecer los vínculos transatlánticos. Al contrario, el consenso de que hay que hacer piña en medio de una geopolítica convulsa es diáfano. Pero países como Alemania recriminan al ejecutivo comunitario que ni siquiera tuviera una definición prevista detrás del término.
De hecho, para Berlín planteaba un problema que podía llevar a confusiones. Hace solo unos meses, el canciller Friedrich Merz había propuesto un estatus similar para Ucrania como una manera de dar garantías de seguridad a Kiev antes de que se una plenamente al bloque. En cambio, en el caso de Ottawa la denominación de "miembro asociado" pretendía servir para fortalecer los acuerdos comerciales y de defensa.
Por eso, después de dos días de intensas negociaciones, finalmente los estados han acordado borrar la denominación de "nuevo miembro asociado" y sustituirla por una más difusa. Así, en la versión que presentarán en Montreal y que adoptaron este miércoles, se han limitado a comprometerse a trabajar en una "asociación aún más estrecha".
Mark Carney, en cambio, utilizó la expresión "alianza para el futuro" cuando recogió el guante de Von der Leyen en un discurso en la Eurocámara este septiembre. La prioridad, para el primer ministro canadiense, es centrarse en el contenido del acuerdo.
La escenificación de la alianza
Con el nombre todavía por resolver, diez miembros de la Comisión Europea, entre los cuales están Ursula von der Leyen y la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, han viajado a Montreal para participar en la que será la 21ª cumbre entre la UE y Canadá. El evento, en el que también participan el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y Mark Carney, coincide con el décimo aniversario de la firma del Acuerdo de Asociación Estratégica entre los dos países.
Sobre la mesa, Bruselas y Ottawa tienen una larga lista de temas pendientes. Uno de los más importantes es la defensa, un ámbito en el que ya colaboran a través del programa SAFE. Este programa, en el que Canadá es el único participante que no forma parte de la UE, sirve para impulsar la compra conjunta de armamento y reforzar las capacidades de defensa europeas.
Para el bloque comunitario, esta alianza es una oportunidad para pedir al primer ministro canadiense más esfuerzos en el apoyo militar a Kiev, en un momento en que Estados Unidos le ha dado la espalda. En un tiempo en que nuestras sociedades están "sacudidas por nuevas tormentas", según el diagnóstico de Carney, la UE y Canadá también quieren estrechar la cooperación en defensa y en el Ártico, coordinarse ante las injerencias informativas extranjeras y mantener la presión sobre Rusia.
El otro gran dosier es el económico. En este negociado quieren ampliar al comercio digital el acuerdo de libre comercio que ya les une desde 2017, –llamado CETA por sus siglas en inglés– y modernizar la cooperación entre las autoridades de competencia. La otra prioridad son los minerales críticos, para los cuales quieren facilitar las inversiones a través del Banco Europeo de Inversiones. La ambición es, a la vez, incorporar a Canadá en programas europeos de investigación y de satélites e, incluso, estudiar cómo recibir gas natural licuado canadiense.
Todo ello, sin embargo, todavía es un punto de partida. La cumbre de Montreal abre un año de negociaciones que servirá a los líderes para dar sustancia a esta alianza. De aquí a la próxima cumbre, en 2027, habrá tiempo de definir esta nueva relación, y quizás también de encontrarle un nombre. De momento, sin embargo, la propuesta de Von der Leyen se quedará en un cajón.