Balcanes

La "revolución de los flamencos": Albania planta cara a la inversión turística que amenaza la biodiversidad del país

Hace semanas que el país se moviliza contra la construcción de un complejo turístico del yerno de Trump, Jared Kushner, en una zona protegida

Marta Moreno
04/06/2026

TiranaMiles de albaneses están ocupando las calles y las playas de todo el país para protestar contra las inversiones turísticas que se han apoderado de toda la costa y que amenazan su biodiversidad. Un flotador en forma de flamenco pasa de mano en mano en el centro de Tirana. También se ven otros flamencos en diferentes formatos: carteles, pósteres, chapas e incluso en sobres de azúcar. Son miles los albaneses que muestran la imagen de este ave de una manera u otra, que se ha convertido en el símbolo de la que supone la mayor movilización ambiental registrada en Albania en los últimos años. Es por ello que el movimiento ha sido bautizado como “la revolución de los flamencos”, en referencia a este ave que habita en el paisaje protegido de Vjosa–Narta, uno de los espacios naturales más importantes del país, y que los desarrollos vinculados al turismo de lujo amenazan.

“Salgo a protestar porque no quiero que se siga construyendo de esta manera; no quiero vivir en una Albania donde los albaneses no tengan acceso a sus propias playas”, dice Arnold, un joven arqueólogo de treinta y un años, de camino a la protesta convocada en el centro de Tirana. Estas movilizaciones han comenzado a atraer la atención internacional debido a la implicación de Jared Kushner e Ivanka Trump en uno de los proyectos turísticos más polémicos del país balcánico.

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A través de la firma Affinity Partners, Kushner impulsa dos grandes desarrollos: un resort en la zona protegida de Zvërnec y otro en la isla de Sazan, una antigua base militar estratégica utilizada por sucesivos regímenes —italiano, soviético y comunista albanés— cuya entrada estuvo restringida durante décadas. El proyecto, valorado en unos 1.400 millones de euros, prevé transformar la isla en un complejo turístico de lujo con hoteles, villas, puerto deportivo y otras infraestructuras para visitantes de alto poder adquisitivo.

La movilización actual cobró impulso el fin de semana pasado, cuando se hizo viral un vídeo en el que se veía a personal de seguridad arrastrando a un manifestante durante una protesta en Zvërnec. Las imágenes provocaron una ola de indignación que multiplicó la asistencia a las concentraciones celebradas posteriormente en Tirana. “Este vídeo fue el ejemplo claro de cómo funciona el «Estado de la oligarquía» aquí en Albania y lo que me hizo salir a la calle”, denuncia Arnold.

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Hace semanas que las protestas tienen lugar en Zvërnec debido al inicio de la obra de un macrocomplejo turístico en la zona de Pishë Poro–Narta, integrada dentro del paisaje protegido de Vjosa–Narta, una zona de alto valor ecológico, hábitat de flamencos, pelícanos y otras aves migratorias. Vecinos y activistas cuestionan la legalidad de los permisos concedidos y la falta de transparencia en el proceso.

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Un plan a largo plazo

La problemática de la inversión turística en Albania, que ha llevado a la gente a salir a la calle, no comienza ni termina con el yerno de Donald Trump. En Rrjoll, en el litoral norte del país, los residentes mantienen desde hace años una disputa con las autoridades y los promotores turísticos, denuncian expropiaciones irregulares y apropiaciones de terrenos vinculadas a proyectos hoteleros de lujo promovidos bajo la figura de “inversión estratégica”.

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Los casos de la isla de Sazan, Zvërnec o Rjoll muestran cómo el ejecutivo de Edi Rama ha apostado por convertir el turismo de lujo en uno de los principales motores económicos del país. El propio primer ministro ha defendido repetidamente este modelo presentándolo como una vía para atraer inversión extranjera, aumentar la visibilidad internacional de Albania y situar el país entre los destinos mediterráneos de alto nivel.

El turismo se ha convertido en uno de los sectores más dinámicos de la economía albanesa. El país recibió más de 11 millones de visitantes internacionales en 2024, una cifra extraordinaria para un estado de apenas 2,4 millones de habitantes, y el gobierno prevé continuar aumentando estas cifras mediante grandes inversiones hoteleras y urbanísticas en la costa adriática y jónica.

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Así, en 2024, el gobierno modificaba una ley con la finalidad de permitir construcciones en zonas naturales protegidas. Con el nuevo texto, el Consejo Territorial Nacional —organismo estatal que no incluye la consulta pública en su proceso de toma de decisiones— conseguía la autoridad para las actividades dentro de áreas protegidas y su uso para la construcción de instalaciones de alojamiento. “Las enmiendas añadidas dan a los ayuntamientos el control del 20% de las áreas protegidas, mediante el cual podrán autorizar —sin ningún control— cualquier construcción siempre que esta esté destinada al turismo de ‘alto nivel’, es decir, hoteles de cinco estrellas y todo lo que suponga atraer más gente a este tipo de instalaciones”, explica Valeria Parracino, activista medioambiental del Centro Laico Italiano para las Misiones (CELIM). "Esta ley lo permite todo", dice.

Con la aprobación de estas enmiendas se lograron esquivar los obstáculos para la construcción del Aeropuerto Internacional de Vlorë, que se ubica dentro del valle de Vjosa-Narta, cuya construcción comenzó en 2021. Por esta ley, el delta, que forma parte del paisaje protegido Pishë-Poro-Nartë, quedó excluido del Parque Nacional del Río Salvaje Vjosa, mientras que la superficie donde se está construyendo el Aeropuerto Internacional de Vlorë fue eliminada por completo del mapa de áreas protegidas. De esta manera, el Vjosa era declarado protegido como río, pero su delta, donde descansan los flamencos, queda expuesto a las presiones derivadas de la construcción del aeropuerto y de los proyectos de turismo masivo.

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Ahora, después de varios años en los que el gobierno de Rama ha beneficiado la inversión turística en detrimento de las zonas naturales de su propio país, los albaneses han decidido que ya basta, que su tierra "no está en venta".