Un 'superjueves' electoral pone a prueba el futuro político de Keir Starmer
Las encuestas prevén un desplome laborista en Gales, Escocia y en las locales de Inglaterra, a manos de los independentistas, de los Verdes y del partido xenófobo de Nigel Farage
LondresMenos de dos años después de las elecciones generales que situaron a Keir Starmer en el poder, el premier se juega este jueves buena parte de su futuro político. El Reino Unido celebra un superjueves electoral, con citas con las urnas para renovar la Asamblea Nacional de Gales, el parlamento de Escocia y casi 5.000 cargos de concejales en diferentes autoridades locales de Inglaterra, incluidos los 32 distritos de Londres. En la práctica, cuando el viernes de madrugada se empiecen a conocer los resultados, la jornada se leerá como un termómetro muy preciso del apoyo real con que cuenta el laborismo y, sobre todo, su primer ministro.
Los sondeos pronostican que el partido puede perder entre 1.500 y 2.000 concejales en los consejos municipales de Inglaterra; que difícilmente resistirá como segunda fuerza política en el parlamento de Holyrood (Escocia); y que podría perder igualmente la asamblea de Gales después de un siglo de dominación. Si estas encuestas se acaban confirmando, y el partido asume una derrota sin paliativos en los tres frentes, las voces que ya piden un relevo ordenado de Starmer pueden crecer todavía más y devenir generalizadas.
Los críticos, de hecho, hace semanas que, a través de todo tipo de filtraciones a los medios de comunicación, sugieren que el hipotético relevo de Starmer debería estar en Downing Street a finales de septiembre, coincidiendo con la celebración del congreso anual del partido.
La triple cita electoral llega en un contexto de gran desgaste para Keir Starmer por el escándalo del nombramiento de Peter Mandelson como embajador en Estados Unidos; también por una serie de cambios constantes en políticas sociales en sus veintidós meses en el poder que lo han apartado de sus votantes más progresistas.
Todo ello ha contribuido a extender la sensación de que no hay ni capitán ni brújula en la sala de máquinas de Westminster, con un gobierno sometido a una coyuntura internacional muy incierta que lastra mucho la economía.
Las amenazas para el laborismo son de tres tipos diferentes y en cada uno de los tres territorios mencionados tienen características específicas. Vemos, a continuación, cuáles son:
La pinza entre Reform y Verdes en Inglaterra
Las elecciones locales –y parciales– inglesas del año pasado demostraron que el Partido Reformista, del populista y xenófobo Nigel Farage, podía socavar seriamente el poder de los conservadores. Este jueves el gran reto para Farage es consolidarse también como una amenaza para el laborismo, con el horizonte puesto en las generales de 2029.
El Reform, que ahora cuenta con ocho diputados en la Cámara de los Comunes, encabeza las encuestas en Inglaterra desde mayo de 2025, cuando consiguió casi 700 nuevos concejales. Los sondeos apuntan que la inmensa mayoría de las pérdidas laboristas (1.791 concejales) engordarán la personalista formación de Farage, que puede conseguir alrededor de los 1.750.
Pero este no es el único peligro al que se enfrenta Starmer y su partido en los diferentes consejos municipales ingleses. El laborismo también está asediado desde la izquierda por el Partido Verde, que cuenta con un nuevo líder desde septiembre pasado, Zack Polanski. Son los 32 distritos de Londres donde los verdes podrían profundizar aún más en la herida que Reform puede infligir al laborismo en las zonas más rurales.
Gales, ¿el fin de la hegemonía?
Desde hace meses en Cardiff soplan vientos de cambio. A mediados de octubre del año pasado el laborismo perdió por primera vez en más de un siglo uno de sus feudos más sólidos en el País de Gales en unas elecciones parciales al Senedd (el Parlamento de Gales). La derrota, propiciada en buena parte por el entusiasmo y las ganas de cambio de la población más joven, se consumó a manos del independentista Plaid Cymru, y supuso un verdadero toque de atención para Downing Street. La primera ministra laborista, Eluned Morgan, atribuyó el fracaso a la losa que es la gestión de Starmer en el gobierno central, según fuentes muy cercanas a la misma Morgan confirmadas por el ARA.
Y el peso de la losa ha aumentado desde el otoño pasado a raíz de los mencionados escándalos que han afectado a Starmer. Las perspectivas del Partido Laborista son escasas, de acuerdo con los sondeos. Un Plaid Cymru que ha rebajado el tono de su independentismo tiene muchas posibilidades de desalojar a los laboristas del poder en un territorio que ha sido el laboratorio ideológico y el principal bastión del partido durante más de un siglo. Estas mismas encuestas sitúan al Reform como el verdadero rival de los independentistas. El laborista ocuparía el tercer lugar, lo que le supondría un desastre de proporciones históricas.
La modificación del sistema electoral, adoptando la ley D'Hondt, la ampliación del número de escaños a 96 (de los anteriores 60), en dieciséis distritos, y la rebaja de la edad del voto a los dieciséis años hace que muchos observadores miren las encuestas con escepticismo. En todo caso, la media de los sondeos otorga el 29% de los sufragios al Plaid Cymru y entre 30 y 35 escaños, mientras que a la formación de Farage le otorga en torno del 27% de los votos, con un número similar de diputados.
¿Continuará la hegemonía del SNP en Edimburgo?
En 2024, en las elecciones generales, el laborismo ganó en Escocia 37 de los 57 escaños en juego en las circunscripciones del país. El Partido Nacional Escocés (SNP), hegemónico al norte del muro de Adriano desde la primera victoria de Alex Salmond en 2007, parecía que poco a poco había llegado al fin de su dominación.
Pero las encuestas indican que los independentistas escoceses conseguirán un extraordinario quinto mandato, con entre 55 y 65 diputados. Si llegan a esa cifra máxima, se llevarían la mayoría absoluta que, de acuerdo con el primer ministro escocés, John Swinney, abriría la puerta a un segundo referéndum de independencia.
¿Qué puede explicar la continuidad del SNP en el poder? En buena parte, la división sobre el debate independentista. El unionismo está desmigajado entre los conservadores, los laboristas, los liberaldemócratas y el Partido Reformista, y el sistema electoral escocés, mixto, castiga la división. Por su parte, con la muerte de Alex Salmond hace año y medio, el voto independentista se ha unificado de nuevo mayoritariamente en torno al SNP, y marginalmente alrededor de los Verdes, poniendo punto final a la sangría desatada por la pelea fraticida entre Salmond y su sucesora, Nicola Sturgeon.
Más allá de la incógnita sobre si el SNP conseguirá la mayoría absoluta o no, la otra gran pregunta a resolver en Escocia es si el laborismo quedará en segunda posición o en tercera, por detrás del Partido Reformista. A principios de febrero, y a raíz de los ya comentados escándalos en relación con el nombramiento de Mandelson, el líder de los laboristas escoceses, Anas Sarwar, pidió la dimisión de Starmer. Si Sarwar queda en tercera posición, su dimisión sí que será inevitable.
Pero sin comparecer en ninguna de las elecciones directamente, es Keir Starmer quien más se juega este superjueves electoral. El primer ministro debe demostrar que todavía gobierna algo más que la inercia que lo puede acabar desterrando de Downing Street en unos pocos meses. Si de momento ha resistido es porque el partido todavía no ha encontrado un relevo de garantías. Aun así, de candidatos, no faltan.