Los ucranianos mantienen el pulso a Zelenski para que restituya al ministro de Defensa
La caída del comandante en jefe, Oleksandr Sirski, no ha calmado las protestas para que Fédorov recupere el puesto del que fue destituido
Kramatorsk (Ucrania)En un sótano sombrío de un edificio destruido en Druzhkivka, un soldado dirige un pequeño dron contra una antena rusa en algún punto del Donbás ucraniano. Los pilotos hacen turnos de veinte horas para combatir las posiciones rusas que se encuentran a dieciséis kilómetros y la fatiga no les impide ser optimistas con el nuevo comandante en jefe del ejército, Mikhailo Drapati, después de que su predecesor fuera fulminado esta semana por el presidente Volodímir Zelenski, en medio de las protestas más importantes que ha vivido el país desde la revuelta del Maidan en 2014.
Los militares que se encuentran en las posiciones no pueden ser muy expresivos respecto a las decisiones políticas que se toman en la oficina presidencial en la calle Bankova de Kiev, pero sí lo están haciendo los civiles, especialmente jóvenes, que los últimos días han tomado las calles de las ciudades de Ucrania para clamar cambios transcendentales. Y lo están consiguiendo. Las concentraciones que comenzaron en contra de la destitución del ministro de Defensa, Mikhailo Fédorov, han provocado la caída del comandante en jefe, Oleksandr Sirski, que llevaba más de dos años en el cargo. Pero los objetivos de los manifestantes no se han cumplido todavía y parece que no se detendrán hasta que Fédorov vuelva al gabinete.
Ucrania recibió la noticia de forma súbita el 15 de julio. Días antes, planeaba el rumor entre los confidenciales de los medios ucranianos que Fédorov no renovaría dentro de la reestructuración de gobierno que preparaba Zelenski, pero era solo un chismorreo más entre la avalancha de noticias que recibe la población diariamente sobre el frente, las víctimas civiles y los ataques a Rusia o a Crimea. Eran precisamente estos últimos éxitos los que hacían pensar que Fédorov, el joven empresario tecnológico de treinta y cinco años que había asumido la cartera hacía seis meses, continuaría. La reestructuración del gabinete presentada al parlamento por Zelenski ponía al frente, como primer ministro, al actual director de las empresas energéticas estatales, Serhi Koretski, para afrontar otro duro invierno que se prevé lleno de ataques a las infraestructuras del país.
Al día siguiente de la noticia que confirmaba su destitución, Fédorov ofreció una dura rueda de prensa en la que apuntaba que Sirski había dado un ultimátum a Zelenski para elegir con quién se quedaba. El ministro saliente explicó que el comandante en jefe boicoteaba sus decisiones y que ponía trabas a su propuesta de una reforma profunda en el ejército con rendición de cuentas sobre las adquisiciones de defensa y nuevos contratos para atraer reclutas con condiciones muy claras sobre las rotaciones, pagos y plazos del servicio militar.
El mismo día por la tarde, mientras el Parlamento aprobaba los nuevos ministros sin un candidato para Defensa y Asuntos Exteriores, miles de jóvenes se lanzaban a las calles para protestar por la decisión de Zelenski. El presidente, presionado por la opinión pública, nombró al anochecer ministro interino al jefe del servicio de la seguridad interior, Yevhen Khmara. Una jornada que perjudica la carrera del presidente ucraniano, el cual, además, vivió este revuelo en plena visita institucional del primer ministro británico, Keir Starmer.
Sirski respondió a la crisis con condescendencia por Telegram, y recordó que la defensa de la capital que él comandó en los inicios de la invasión el 24 de febrero de 2022 permitía este tipo de actos en Kiev, como ruedas de prensa o manifestaciones. Unas declaraciones que no fueron bien recibidas por ciertos sectores, ya que la defensa del centro de poder del país fue no solo un esfuerzo del ejército, sino también de grupos de voluntarios armados y nuevos reclutas que se lanzaron en masa a detener el avance de los rusos. Días después, Zelenski tomó la decisión de relevar al comandante en jefe y sustituirlo por Drapati, un comandante con buena reputación dentro del ejército. Sirski, de origen ruso, formado en la escuela militar de Moscú y conocido popularmente por su dureza como "el carnicero", se marchaba después de más de dos años y medio al frente del mando supremo.
La locura no se detiene
Todo este juego de poderes no ha parado a los jóvenes, que aún claman por el regreso de Fédorov. Él mismo ha respondido públicamente que ha rechazado las ofertas de Zelenski de volver como viceprimer ministro de innovación militar, y que tan solo lo hará si le vuelve a ofrecer la cartera de defensa. Uno de los organizadores de las protestas, el veterano Dmytro Koziatynskyi, ha declarado públicamente que los manifestantes mantendrán una "protesta indefinida" hasta que vuelva Fédorov.
Ucrania ha demostrado estos días que a pesar de la atrición por la guerra y las pérdidas, no se ha quedado sin voz para exigir el derecho a un ejército moderno, respeto para los militares y una estrategia clara para la victoria. "Esta respuesta pública demuestra que el país continúa políticamente vivo y que quienes están en el poder todavía no pueden obligarnos a aceptar cualquier decisión con impunidad", escribe Iryna Sergeeva, profesora en la Escuela de la OTAN y veterana del ejército ucraniano en el medio Ukrainska Pravda. "Después de esta historia, Fédorov tiene todas las posibilidades de llegar a la presidencia. Solo le falta una cosa, y Sirski, sin querer, señaló esta deficiencia al burlarse del término visión", añade. Fédorov demostró, primero como ministro de Transformación Digital y después como responsable de Defensa, que ha sabido adaptar la sociedad ucraniana a las exigencias tecnológicas del futuro. No son pocos los que piensan que si aprende a traducir todo esto a un lenguaje comprensible para el electorado de mayor edad, conseguirá precisamente los votos que le faltan para conseguir una posible presidencia.