La UE afronta el quinto año de guerra de Ucrania con una pregunta: "¿Se puede hacer más?"

Hungría bloquea la aprobación de un nuevo paquete de sanciones del bloque europeo contra Rusia

23/02/2026

BruselasLa invasión rusa en Ucrania, hace cuatro años, dio la vuelta de arriba abajo a la Unión Europea. De repente, un aliado con el que tenía dependencia energética, ataca a un país que se estaba acercando al área de influencia comunitaria y el bloque europeo reacciona de forma inédita: apoyando explícito y unánime a un país en guerra, como es Ucrania, y aplicando sanciones al régimen de Vladimir Putin. La UE abandona su pacifismo histórico y se involucra por primera vez –aunque indirectamente– en un conflicto bélico.

Nadie esperaba que Ucrania aguantara el empuje inicial de las tropas rusas, y menos aún que la guerra se alargara –de momento– cuatro años. Sin embargo, la UE no dejó de enviar ayudas y armamento al país ucraniano y está redoblando los esfuerzos para compensar el abandono de Donald Trump, que cortó en seco la financiación a Kiiv. El bloque europeo es, sin duda, la potencia que más sufre las consecuencias del imperialismo de Putin y quien está gastando más dinero para apoyar al gobierno de Volodímir Zelenski.

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Después de cuatro años de guerra, la UE teme que la guerra se quede enquistada y no consigue sentar a Putin en una mesa de negociación de una vez por todas. Las promesas de Trump de acabar con la guerra con menos de 48 horas caducaron rápidamente y las esperanzas de la llegada de un nuevo inquilino a la Casa Blanca ya se han apagado. Todos los intentos del presidente de Estados Unidos acabaron con papel mojado, aunque ofreció en más de una ocasión grandes cesiones al Kremlin.

En este contexto, los dirigentes comunitarios insisten una y otra vez en incrementar la presión a Putin, y una de las herramientas que consideran que tiene más fuerza es la aplicación de sanciones. Fuentes diplomáticas europeas preveían a los Estados miembros aprobaran en el Consejo de Exteriores de la UE de este lunes el vigésimo paquete de restricciones contra el régimen ruso, que incluye la prohibición total de los servicios marítimos vinculados a la exportación de petróleo crudo de origen ruso y la ampliación de la lista de la flota de fantasmas –los barcos siguen transportando combustibles fósiles rusos.

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Finalmente, sin embargo, el veto de la Hungría de Viktor Orbán, que se mantiene muy cercano al Kremlin, han hecho rebajar las expectativas. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, descartó que en el encuentro ministerial de este lunes "haya avances", si bien prometió que continuarán "presionando".

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Sin embargo, los dirigentes comunitarios insisten en que las sanciones contra Rusia funcionan y afectan negativamente a la economía del régimen ruso. Sin embargo, son cada vez más las voces europeas que critican que las restricciones contra el Kremlin no han logrado que Putin esté negociando realmente un acuerdo de paz. En este sentido, fuentes diplomáticas de varios estados miembros lamentan que las sanciones sean menos contundentes de lo que quisieran y presionan para incrementarlas.

En este sentido, el investigador del think tank CEPA Kurt Volker responde al ARA que la UE "aún podría hacer más" en materia de sanciones por obligar a Putin a llegar a un acuerdo y, a la vez, a que los aliados europeos y EEUU lleguen con más fuerza a la mesa de negociación. El experto considera que podrían aplicarse sanciones más severas, sobre todo a los sistemas bancarios rusos y en materia de energía.

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Ahora bien, la unidad del bloque europeo ya no es la misma que al inicio de la guerra. El caso más evidente es el de Orbán. El primer ministro húngaro, que está ya en plena precampaña electoral, siempre bloquea y pone trabas a cualquier ayuda en Ucrania y sanciones contra Rusia, como se prevé que haga con el nuevo paquete de sanciones contra Rusia este lunes en el Consejo de Exteriores de la UE. Y, además, ahora ya no es la única oveja negra y se le han sumado Eslovaquia y República Checa.

El abandono de Trump

Trump supone un quebradero de cabeza para la UE, en todos los sentidos, especialmente para Ucrania. El presidente de Estados Unidos ha cortado en seco las ayudas a Kiiv y, en algunas de sus vacilaciones habituales, se ha colocado abiertamente junto a los intereses del Kremlin. Y, además de dejar de financiar a Kiiv, exige a los aliados europeos que compren armas estadounidenses para enviarlas a Ucrania a través de un programa de la OTAN, el conocido como PURL, que de momento ya ha movilizado más de 4.000 millones de euros.

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La Unión Europea, sin embargo, está redoblando los esfuerzos y ya casi ha logrado compensar la retirada estadounidense. Un estudio del Instituto Kiel para la Economía Mundial calcula que el incremento del 59% del dinero que los europeos envían con armas y financiación a Ucrania ya casi ha sustituido al abandono de Trump. "Como resultado, la ayuda que Ucrania recibió en 2025 se mantiene similar a la de los años previos", concluye el informe.

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A pesar de los esfuerzos de los aliados europeos, el presidente de Estados Unidos ha tenido muy poco en cuenta a los dirigentes de la UE en todos sus intentos por intentar cerrar un acuerdo de paz con Putin. Así pues, en el mejor de los casos, otro de los grandes retos del bloque europeo será luchar por una silla, y tener voz y voto en una posible mesa de negociación.