Sin acuerdo de paz a la vista en las negociaciones entre Rusia, Ucrania y EE.UU.

Putin amplía las demandas en las conversaciones de Ginebra, a una semana del cuarto aniversario de la invasión

Vecinos de Kiiv durmiendo en el metro en medio de un nuevo bombardeo ruso, este martes.
17/02/2026
4 min

MoscúDe Arabia Saudí a Suiza: ha pasado exactamente un año de la primera reunión entre representantes rusos y estadounidenses para poner fin a la invasión de Ucrania. En aquella ocasión, Volodímir Zelenski lamentó que se pretendiera decidir cómo terminar la guerra sin contar con Kiiv. Un año después, a punto de entrar en el quinto año del conflicto, uno podría considerar que unas conversaciones trilaterales con ambos bandos y la mediación estadounidense, como las que han arrancado este martes, son un progreso. Ahora bien, la inflexibilidad de Vladimir Putin, las resistencias de la parte ucraniana y la prisa de Donald Trump por anotarse un nuevo triunfo internacional sin tener en cuenta el fondo del enfrentamiento anticipan un 2026 de mayor guerra y más negociaciones de paz.

Estados Unidos a menudo circunscribe a los dos grandes escollos para llegar a un acuerdo a la cuestión territorial ya las garantías de seguridad para Ucrania, elementos sobre los que no ha habido ningún acercamiento de posiciones en el último año. Moscú quiere el reconocimiento internacional de la soberanía rusa del Donbás y no aclara en qué situación quedarían las partes ucranianas de Kherson y Zaporíjia, mientras que Kiiv aspira a un acuerdo que congele las fronteras en la línea del frente. Paralelamente, Zelenski insiste en que el entendimiento con Trump para establecer mecanismos que disuadan a Rusia de una futura agresión es total, con el pequeño inconveniente de que Rusia ya ha avisado de que no lo aceptará.

Además, sin embargo, los negociadores estadounidenses tienden a obviar que hay otros elementos tan o más delicados que aún deben empezar a discutirse. Son las llamadas "demandas políticas", que forman parte del núcleo original de las razones que llevaron a Putin a lanzar la invasión a gran escala. Por ejemplo, la destitución de Zelenski para imponer un gobierno afín al Kremlin, el levantamiento del veto a los partidos prorrusos, la protección de la lengua rusa y de la rama de la Iglesia ortodoxa rusa en Ucrania y el desarme de las formaciones de extrema derecha ucranianas. Putin bien, Putin se ha propuesto poner de nuevo sobre la mesa todas estas exigencias designando como jefe de filas de la delegación rusa en Ginebra Vladímir Medinski.

El actual presidente de la Unión Rusa de Escritores, ex ministro de Cultura de una lealtad absoluta a Putin, es uno de los artífices del revisionismo histórico del Kremlin, impulsor de el adoctrinamiento patriótico en las aulas y negacionista del estado ucraniano. En las conversaciones entre Rusia y Ucrania en Estambul, la pasada primavera, sus lecciones pseudohistóricas y su tono desafiante irritaron a la delegación ucraniana. De ahí que su presencia no augura ningún progreso a las negociaciones a tres bandas que deben concluir este miércoles.

De todas formas, las partes coinciden en destacar que, si bien las cuestiones delicadas siguen atascadas y ahora todavía se podría ampliar el listado de desacuerdos manifiestos, las anteriores rondas de negociaciones en Abu Dhabi no fueron en vano. Según fuentes de todos los bandos, las delegaciones, formadas por militares, discutieron cómo aplicar técnicamente un alto el fuego en caso de paz. Una tarea que los participantes en las conversaciones describen como "oscura, pero necesaria", aunque no eclipsa el hecho de que, mientras no haya un acuerdo final sobre los otros grandes temas, ningún alto el fuego será viable porque a Rusia le conviene.

Dudas en la delegación ucraniana

El convencimiento empeñado del Kremlin contrasta con las dudas de los dirigentes ucranianos, conscientes del sufrimiento acumulado de sus ciudadanos. Tal y como publicaThe Economist, dentro de la delegación ucraniana hay partidarios de realizar concesiones y aprovechar la oportunidad que brinda Trump. El líder de esta facción es Kirilo Budánov, el actual jefe de gabinete de Zelenski, mientras que los defensores de mantener una línea más dura están influidos por su predecesor, Andrí Iermak. Según esta información, Zelenski navega entre estas dos aguas, aunque públicamente no se muestra dispuesto a regalar ni un palmo de territorio ucraniano.

Uno de los principales argumentos del sector pactista es que rechazar un acuerdo ahora podría implicar tener que aceptar uno peor en el futuro. Este es el relato que promueve el propio presidente de Estados Unidos cuando repite que a Ucrania "le conviene sentarse en la mesa deprisa", infiriendo que Putin ya está sentado con agrado. Esto, pese a que su secretario de Estado, Marco Rubio, admitía este fin de semana que no sabe si Rusia tiene voluntad real de avanzar hacia la paz. Como prueba, un nuevo ataque masivo contra la infraestructura energética ucraniana, con más de 400 misiles y drones, pocas horas antes de empezar las negociaciones.

Kiiv también confía en que las conversaciones de Ginebra conduzcan a una reunión entre presidentes para abordar obstáculos más espinosos. Moscú seguirá dilatando este escenario con el razonamiento de que los jefes de estado sólo deben rubricar los acuerdos y apostará por persistir en los debates técnicos. La realidad, sin embargo, es que Putin sólo asumiría coincidir con Zelenski para firmar la rendición de Ucrania.

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