Reino Unido

Última ronda: ¿el Reino Unido está perdiendo la cultura del pub?

Alcohol barato en los hogares y las cargas fiscales amenazan un espacio arquetípico que se asocia a una nación que muta

El primer ministro británico, Andy Burnham, a la derecha, habla con el propietario de un pub el pasado 5 de junio, durante la campaña electoral en el distrito de Makerfield, en el norte de Inglaterra, que lo llevó al regreso a los Comunes y, eventualmente, al 10 de Downing Street.
24/07/2026 - 07:03 h.
5 min

LondresCuando la monarquía o la clase política británica quieren aparecer como parte integrante e integrada del pueblo que dicen representar, el recurso a la visita al pub es recurrente: como el paseo por los mercados en época electoral en Cataluña. Desde Boris Johnson a Nigel Farage; desde Theresa May a Keir Starmer; de Carlos III al príncipe Guillermo, o también el nuevo primer ministro, Andy Burnham, todos se dejan fotografiar con una pinta de cerveza en las manos o bien llenándola, como si se dedicaran a ello desde pequeños.

El pub se asocia, tradicionalmente, a uno de los grandes valores de la britishness; es uno de los espacios públicos más característicos del país. ¿Por qué? Quizás por aquellas palabras de Samuel Johnson, uno de los intelectuales más influyentes de la Gran Bretaña del siglo XVIII: "Nada ha sido ideado por el hombre hasta ahora que produzca tanta felicidad como una buena taberna o una buena posada (inn)". Pero de esto ya hace casi tres siglos y el paisaje social y cultural de las islas ha cambiado mucho desde entonces.

Agonizan los pubs? Pues sí, y no. Las cifras indican que el número ha caído de manera sostenida desde el cambio de siglo: había cerca de 70.000 en el año 2000; en 2010, unos 55.000; y hoy, aproximadamente 45.000. Datos de la Camra (Campaign for Real Ale, el principal grupo de defensa de los consumidores de cerveza y de los usuarios de los pubs) apuntan que solo el año pasado cerraron 1.103; y entre enero y mayo de este 2026, 534.

Pero a pesar de los titulares recurrentes sobre la desaparición de los pubs, la realidad del sector es bastante más matizada. Un estudio de los investigadores Jem Roberts y Peter Rice concluye que, aunque los establecimientos han disminuido de manera sostenida, esto no se ha traducido en una destrucción de empleo. Los locales actuales son, de media, más grandes, facturan más y dan trabajo a más trabajadores, mientras que buena parte del consumo de alcohol se ha trasladado a los hogares, impulsado por los bajos precios de los supermercados, lo que implica problemas de salud pública. Durante el Mundial, si una pinta de cerveza en el centro de Londres costaba de media 8,50 euros en un pub independiente y algo menos en el de una cadena (6,10 euros), la misma pinta de Lager en el súper costaba solo 0,82 euros. En resumen, salir de casa encarece la cerveza 12,1 veces más.

Para Roberts y Rice, "el problema principal no es tanto la desaparición de los pubs como la de los locales tradicionales con un fuerte arraigo comunitario". Y en su informe, de febrero de este año, alertan que las políticas públicas a menudo no distinguen entre un pub de barrio, un gastropub o un restaurante, lo que dificulta proteger los establecimientos con más valor social.

Además de la competencia del alcohol barato, los problemas más graves que identifican son "los elevados costes de explotación y el modelo de las grandes empresas" (pubcos como Wetherspoon). Al mismo tiempo, defendían medidas específicas para "reforzar la protección urbanística de los pubs tradicionales, facilitar su compra por parte de los gestores e incentivar que evolucionen como centros sociales y culturales de las comunidades".

El príncipe Guillermo lanzando la primera pinta de Kingmaker, una nueva cerveza que celebraba la coronación de su padre, Carlos III, en mayo de 2023.

Los medios de comunicación no perciben tanto la progresiva desaparición de los pubs británicos como un problema económico, sino como"una amenaza a la identidad nacional y para el tejido social del país". Esta es la principal conclusión de otro estudio que ha analizado casi 600 artículos de prensa publicados entre el 2000 y el 2023, y que constata que la prensa asocia a menudo el cierre de estos locales con la pérdida de comunidad, patrimonio y tradiciones consideradas propiamente británicas.

Los pubs, según Thomas Thurnell-Read y Robert Deakin, profesor e investigador asociado de sociología de la Universidad de Loughborough respectivamente, en las East Midlands, aparecen retratados como "espacios esenciales de convivencia y como símbolos de una manera de vivir que se percibe en retroceso".

Ayudas fiscales del nuevo gobierno

La investigación muestra que, mientras las causas de los cierres se explican sobre todo por factores económicos –como la presión fiscal, el aumento de los costes o la transformación de los locales en viviendas–, las consecuencias se describen principalmente en términos sociales y culturales. Los dos autores consideran que este relato contribuye a reforzar una "visión idealizada de los pubs", convertido en emblema de una nación, la inglesa, que ya no es homogénea, mediante expresiones recurrentes como "the Great British pub".

Boris Johnson, en una imagen de julio de 2019, poco antes de ser designado primer ministro.

A la vez, advierten que esta narrativa tiende a ignorar la diversidad real del sector y sus históricas divisiones de clase, género o incluso origen étnico. De forma errónea, se presentan los pubs como espacios universalmente inclusivos cuando "la realidad ha sido mucho más compleja" y hasta hace un par o tres de décadas, como centros de reunión predominantemente masculinos.

La llegada de Andy Burnham a Downing Street ha levantado las expectativas del sector. El pasado jueves su gobierno anunció una rebaja del business rate –un impuesto municipal que pagan la mayoría de los negocios en el Reino Unido por el hecho de ocupar un local comercial– del 20% para pubs, los clubs y las salas de música en directo a partir de abril próximo. ¿Cómo compensarán esta pérdida de ingresos? Los críticos con Burnham, que ya los tiene, dicen que no se ha previsto. Pero desde Downing Street se apunta que se aumentarán los impuestos a los grandes almacenes de distribución de los gigantes tecnológicos (Amazon, por ejemplo) y se eliminarán las exempciones a las tiendas de vapeo porque no hacen una "contribución positiva" a las comunidades, a diferencia de los pubs.

¿Será suficiente para salvar algunos establecimientos del destino que, según los más pesimistas, les espera? El pub de referencia de este corresponsal –al que no le gustan mucho los pubs– es The Castle, en el village de Walthamstow, en el noreste de Londres. Allí el mánager actual, Eric, comenta más o menos lo mismo que me decía el encargado del negocio hace cuatro años, un tal Tom. "Sin contar el aumento del salario mínimo anual, el coste de la energía y los impuestos son dos losas para el negocio". Desde la invasión de Ucrania, se ha multiplicado exponencialmente. Y este próximo invierno, gas y electricidad pueden castigar aún más al sector –y a todos, en general– gracias al laberinto sin salida que Donald Trump ha levantado en Irán. Mucho más efectivo que la rebaja del business rate, que es bienvenida, sería, dice Eric, una reducción del IVA del 20 al 10%. De momento, sin embargo, no se prevé.

Aunque el sector continúa siendo muy lucrativo (28.200 millones de euros en 2025), lo cierto es que vive una creciente polarización: las grandes cadenas concentran la mayor parte de los beneficios, mientras que los pubs independientes –más pequeños, familiares y con márgenes mucho más estrechos– son los que sufren más la presión financiera y son los que pueden acabar cerrando.

A esta situación se le añade un cambio cultural y de hábitos de consumo: la población bebe menos, sale menos entre semana –por falta de renta – y la juventud se decanta por opciones más diversas (bares de cócteles o espacios híbridos), y esto hace que el modelo tradicional de apertura continuada –de 12:00 a 23:00– ya no encaje con los estilos de vida actuales.

El futuro del pub va más allá de las ayudas fiscales del nuevo gobierno Burnham. Es un debate social sobre la conservación de un espacio histórico de encuentro y de una identidad colectiva. Identidad, pero, en constante evolución desde la época de Samuel Johnson o, mucho más recientemente, desde que George Orwell describió hace ochenta años en el Evening Standard, las características de la public house ideal.

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