Reino Unido

El ultra Nigel Farage alimenta su ascenso con la frustración causada por el Brexit

Las expectativas del líder de extrema derecha se han visto comprometidas a raíz de la victoria de Burnham, que emerge como un rival mucho más sólido que Starmer

Nigel Farage, líder del Partido Reformista, durante la campaña de Makerfield, a mediados de junio.
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LondresEl año 2018 este corresponsal viajó a Boston (Lincolnshire), 212 kilómetros al noreste de Londres. Dos años después del referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea, el ARA quería testar si la conocida como capital del Brexit se arrepentía de una decisión que estaba costando mucho de implantar y que provocaba una permanente crisis política en Westminster. No, al contrario, Boston continuaba orgullosa de su postura, al menos de acuerdo con los testimonios que pude conseguir.

Tres años más tarde, en octubre de 2021, volví, en este caso para comprobar si con un Brexit ya formalizado la opinión de la población se había movido. En absoluto. En ambas ocasiones hablé, entre otros, con Anton Dani, exmilitante del partido de ultraderecha UKIP (el de Nigel Farage, ahora reconvertido en Partido Reformista), que había sido decisivo durante la campaña del plebiscito.

Dani es francés nacido en Marruecos (1965) y nacionalizado británico. Entre mayo de 2019 y el de 2021 fue alcalde de Boston, el primero de origen extranjero de la villa. Farage lo puso como ejemplo de integración. Recientemente, cerró el Café de París, establecimiento que regentaba en Market Place, la plaza principal de la población. Es concejal del Ayuntamiento. En 2023 fue elegido por el Partido Conservador, si bien ahora está adscrito al grupo Progressive Independents Boston. En este caso por teléfono, la pregunta que le he hecho es, más o menos, la misma que en las dos anteriores ocasiones: "¿¿Le satisface el Brexit, diez años después?" Dice que no. Pero no se arrepiente.

Anton Dani, en su Café de París, en una imagen de 2021.

El razonamiento que hace –como muchos de sus conciudadanos– es el mismo argumento que utiliza Nigel Farage con mucho éxito, vistos sus niveles de popularidad: el Brexit no tiene la culpa. La culpa es de quien no ha sabido implementarlo. Esto explica que, a pesar del fracaso económico del divorcio –caída del PIB, de las inversiones, del comercio con la Unión, de las exportaciones, etc.–, este político populista tenga entre el 26% y el 28% de intención de voto para unas elecciones generales, de acuerdo con las medias de las encuestas de mayo y junio del 2026.

La culpa es de los demás

Paradójicamente, ni la personalidad –visto como alguien que siempre está enfadado– ni los índices de popularidad personal de Farage (menos 15 puntos), mejores que los del primer ministro en funciones, Keir Starmer (menos 44), se corresponden con la mencionada intención de voto de su partido. Y esto reafirma la idea de que cuenta con una lealtad absoluta de su electorado –especialmente entre hombres de más de 50 años, no graduados y votantes del Leave–, en parte o gracias a que domina la agenda mediática en inmigración e identidad nacional.

La investigadora y politóloga Laura May comenta en su estudio Breaking blame: uncovering third‑party strategies for contesting political blame in the Brexit referendum campaign que "el comportamiento de los votantes del Brexit muestra que muchos partidarios del Leave no interpretan los malos resultados económicos como un fracaso del proyecto en sí, sino como una consecuencia directa de su mala gestión por los gobiernos sucesivos". Tal como documenta en su análisis, los electores han reasignado responsabilidades a los ejecutivos de Theresa May, Boris Johnson y Rishi Sunak, y no a la decisión de salir de la UE.

Este marco –que separa un supuesto Brexit puro de su implementación defectuosa– es exactamente lo que Nigel Farage pregona desde sus plataformas: "El Brexit es bueno, pero los políticos lo han traicionado". Farage continúa capitalizando este relato de "traición e incompetencia de un establishment político que les ha fallado". Esto permite a los votantes "mantener su identidad pro Leave al mismo tiempo que culpan a Westminster del deterioro económico" del país, dice May.

Andy Burnham llegando a Londres el pasado lunes.

El ascenso del Partido Reformista tiene lugar, explícitamente, después del fracaso de Liz Truss (2022) como primera ministra. Con una gestión tan corta como nefasta, en sus 49 días de gobierno casi consigue hundir la economía británica. Un análisis del Institute for Government sitúa este punto en la resurrección política de Farage, que parecía haber caído en el ostracismo después de la abrumadora victoria de Boris Johnson en 2019, con la promesa de "completar el Brexit". Su participación en el programa de televisión I'm a celebrity... Get me out of here! fue decisiva para volverlo a poner en la palestra.

Pero sobre todo es el discurso sobre la inmigración lo que da alas a Farage; el mismo que ya le fue muy útil durante la campaña del referéndum del Brexit con el eslogan "Recuperemos el control de nuestras fronteras". Como en el caso de la economía, sin embargo, los votantes también le perdonaron que en 2023 se registrara una migración neta de 944.000 personas, cifra muy lejana de controlar nada. Sobre todo si se tiene en cuenta que en 2015, con el Reino Unido todavía en la UE, fue de 332.000 personas.

¿Unas expectativas pinchadas?

Y, aun así, los analistas dudan mucho de las posibilidades de Farage de llegar a Downing Street. La reciente derrota de su candidato en el distrito de Makerfield en la elección parcial que ganó Andy Burnham –y que ha provocado la dimisión de Keir Starmer– lo pone de manifiesto. El partido sufre problemas estructurales: depende casi exclusivamente del liderazgo de Farage, tiene falta de un proyecto ideológico y de un programa sólido y ha situado entre sus principales propuestas económicas la desregulación de las criptomonedas. Que Farage, personalmente, haya recibido una donación de un magnate del sector de cinco millones de libras no le favorece en nada.

Por otra parte, como destaca el analista de The Independent David Maddox, el sistema electoral británico y el voto útil –que ha jugado también en Makerfield– "dificultan que un buen resultado en porcentaje de voto se convierta en muchos escaños". La selección de candidatos que han hecho declaraciones extremistas o sexistas, una retórica cada vez más dura sobre inmigración y las dificultades para atraer el voto femenino no compensan, dice Maddox, la erosión que el Partido Conservador ha sufrido a manos del Reformista.

Con toda probabilidad, el 17 de julio Burnham se convertirá en primer ministro. El laborismo –que ha asumido en buena parte el discurso sobre inmigración del Partido Reformista– tendrá entonces hasta la primavera de 2029 para recuperar sus expectativas electorales. Burnham ha advertido que es "la última oportunidad" para reconquistar el favor de un electorado tradicional que le ha dado la espalda en las elecciones locales de 2024 y 2025, y que sorprendentemente ve en Farage –un broker de la City y un millonario– un insurgente y un outsider del sistema que los sacará del pozo.

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