Las lecturas de un mundo inestable que deja la Asamblea de la ONU
Las guerras y la IA centran buena parte del debate, que deja de lado la emergencia climática
WashingtonEl debate general de la 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas corre el riesgo de convertirse en un mero escenario de un mundo cada vez más unilateral. Pero, paradójicamente, sigue siendo el único escenario que continúa existiendo para que los 193 países que forman parte de él puedan hacerse oír. Aunque sea para amenazar con la "aniquilación" del otro, hacer proclamas belicistas de "no agachar la cabeza" o bien intentar blanquear un genocidio.
La mayoría de guerras —que a medida que avanza la década se acumulan— parecen irresolubles ante el bloqueo del Consejo de Seguridad, encallado en la mayoría de sus resoluciones. El veto de países como Estados Unidos, China y Rusia ha permitido doblegar al organismo en función de la voluntad geopolítica del momento. Pekín y Rusia hace tiempo que ignoran la cita, mientras que Washington en las dos últimas ocasiones que ha subido al atril ha sido para menospreciar al organismo. Este año, a pesar de tener la oportunidad, el presidente chino Xi Jinping ha decidido ignorar deliberadamente la cita y volar directamente a Washington.
En medio de un mundo cada vez más volátil y alejado de los valores fundacionales de la ONU, estas son algunas de las lecturas que se desprenden de la semana de alto nivel en Nueva York:
Donald Trump y lo que no dijo
Tal como se esperaba, una vez más, la intervención del presidente estadounidense Donald Trump, ha marcado el tono de la cita. A pesar de que el año pasado el mandatario menospreció al organismo desde el atril de la Asamblea y que ha empezado a recortar la financiación, Washington se apresuró a pagar el mínimo necesario para poder mantener el voto en la Asamblea. Poco antes de la cita, la administración estadounidense pagó a las Naciones Unidas unos 725 millones de dólares en cuotas ordinarias atrasadas y 102 millones para operaciones para el mantenimiento de la paz.
Otro elemento es que Trump criticó al organismo, pero no amenazó con abandonarlo, tal como destaca la analista del Foreign Affairs Council, Esther Brimmes. A pesar de haber impulsado su Junta de la Paz como una especie de institución que quiere hacer sombra a las Naciones Unidas, Brimmes escribe que la actual Casa Blanca "considera la paz y la seguridad como el eje principal y, preferiblemente, el único de las Naciones Unidas". E incluso, "atribuye cierto valor" al Consejo de Seguridad. A pesar de que la administración Trump siga intentando debilitar el poder de la institución, sigue mostrando interés por participar en ella.
Ahora, el principal organismo del viejo orden internacional que la Casa Blanca quiere desmantelar es otro: el Tribunal Penal Internacional. El presidente estadounidense dedicó buena parte de sus ataques al TPI, contra el cual ha lanzado una campaña de acoso total sancionando y persiguiendo a sus miembros. Igual que hizo el secretario de Estado, Marco Rubio, cuando anunció su guerra contra la institución, Trump pidió el martes desde la tribuna de la ONU que los países que ratificaron el Estatuto de Roma lo abandonen.
Netanyahu, cada vez más aislado
Decenas de delegaciones se levantaron en el momento en que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, subió al atril. Una de las imágenes más elocuentes de la Asamblea y que muestra cómo se ha roto el tabú sobre el genocidio en Gaza desde que empezó la guerra a gran escala en 2023. En total, representantes de 77 países estuvieron ausentes durante su discurso, un gesto que Netanyahu respondió con el mismo desprecio que recibía: "Si hay algún otro cobarde moral que todavía no haya salido de la sala, que lo haga ahora".
Más allá del vacío durante su intervención, las condiciones en las que Netanyahu viajó esta vez a Nueva York también evidencian su soledad y fragilidad. Este año la presencia en los EE. UU. ha sido deliberadamente breve, menos de 24 horas, y ni siquiera ha habido un encuentro con Trump al margen de la asamblea. Aunque Washington y Tel-Aviv siguen autoproclamándose como grandes aliados, la divergencia de intereses en la guerra de Irán ha generado fricciones en la relación entre los dos socios.
La corta duración de la visita, además, estaba enmarcada por los llamamientos del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, a detener a Netanyahu a raíz de la orden que el TPI emitió contra él hace dos años. Mamdani, que ya reconoció que no tenía autoridad para arrestar al primer ministro israelí, volvió a poner la cuestión en el centro de la agenda. Aunque el mandatario israelí ha capitalizado los llamamientos de Mamdani como un reclamo electoralista de cara a los comicios que se celebran en octubre en la Knesset, no deja de ser notorio la corta estancia de Netanyahu.
La ventana de oportunidad para Xi Jinping
A diferencia de Trump, el mandatario chino, Xi Jinping, no ha necesitado abrir la boca para expresar su posición sobre las Naciones Unidas. La ausencia voluntaria de Xi en la cita es un reflejo de cómo Pekín aprovecha las grietas que su homólogo estadounidense ha agrandado dentro del sistema multilateral. No ha abandonado la ONU, y tampoco la ha menospreciado activamente como ha hecho Trump, pero sí que incentiva este nuevo orden donde el diálogo se da entre los más fuertes y no en un foro donde participa toda la comunidad internacional.
El discurso que ofreció el mandatario chino reforzaba esta transformación hacia un orden marcado por las áreas de influencia bajo control de grandes potencias. Xi recordó a Trump la necesidad de mantener "la estabilidad estratégica", o dicho de otra manera, no pisar el patio del otro. Una dinámica que, de rebote, también beneficia a otros actores como Rusia, que en las últimas semanas ha escalado su guerra híbrida.
IA vs. emergencia climática
De las tres amenazas existenciales que el secretario António Guterres situó al frente de la agenda de 2026 —la inteligencia artificial descontrolada, la desigualdad y la emergencia climática—, esta última es la que ha quedado más diluida en el ruido mediático de la semana. La crisis climática ha quedado prácticamente enterrada bajo los escombros de las guerras y los futuros distópicos de la IA. La urgencia se ha vuelto tan inmediata en estos campos que las ambiciones para 2030 de reducir las emisiones a la mitad han quedado desdibujadas.
Esto no significa que la ONU la haya abandonado del todo: la Cumbre del Clima, convocada por el secretario general el 23 de septiembre, calcula que las inversiones globales en energía llegarán a los 3,4 billones de dólares en 2026, con 2,2 billones destinados a energía limpia —casi el doble que a los combustibles fósiles—, pero la financiación de la adaptación en los países más vulnerables sigue siendo, año tras año, el gran cuello de botella. La urgencia científica y la indiferencia política nunca habían ido tan a la contra.
El siguiente secretario general
Este era el último debate general para Guterres como secretario general, cargo que expira a finales de diciembre. Sobre el sucesor, o la sucesora, pesa el reto de restaurar la credibilidad del organismo. Durante su intervención, el presidente español, Pedro Sánchez, hizo un llamamiento a que el próximo secretario general sea una mujer latinoamericana, en una clara alusión a la costarricense Rebeca Grynspan, uno de los principales nombres que están sonando ahora mismo.
Ahora bien, en última instancia, el proceso vuelve a quedar en manos de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos, Rusia, China, Francia y el Reino Unido. El embajador estadounidense Mike Waltz ya ha dicho que el próximo secretario general deberá estar alineado con "los valores y los intereses americanos". La paradoja es evidente: el organismo más necesitado de reforma debe encontrar al nuevo líder encargado de recuperar la credibilidad a través del mismo mecanismo —el veto de las grandes potencias— que le ha llevado a la parálisis.