Los ataques de Irán ponen a prueba la Cúpula de Hierro de Israel
Entre impactos de drones y misiles de racimo, la defensa antiaérea israelí afronta una prueba de resistencia sin precedentes
JerusalénLa guerra contra Irán está poniendo a prueba el sistema de defensa israelí. Solo en los últimos días, una pareja de ancianos en Ramat Gan, en el área de Tel-Aviv, ha fallecido mientras intentaban llegar al refugio de su casa; cuatro mujeres palestinas murieron en el sur de Cisjordania, sorprendidas por un misil de racimo mientras estaban en una peluquería; y fragmentos de un misil interceptado han caído en el barrio judío de la ciudad antigua de Jerusalén, a pocos cientos de metros de la explanada de la mezquita de Al Aqsa.
Es la nueva fase, marcada por una escalada en el uso combinado de misiles balísticos y munición de dispersión por parte del país persa, una dinámica que está sometiendo a la defensa antiaérea israelí a una presión creciente. Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, Teherán habría arrojado más de 350 misiles balísticos contra Israel, y aproximadamente la mitad llevarían cabezas con submuniciones, una proporción que ha ido aumentando, según fuentes militares israelíes.
Los misiles de racimo son capaces de liberar entre 24 y 80 bombas en pleno descenso, en un área de hasta 10 kilómetros. Esto obliga len Cúpula de Hierro (Iron Dome), considerada durante años uno de los escudos más eficaces del mundo, a actuar antes de que el misil se fragmente, lo que incrementa complejidad operativa. Por otro lado, los ataques con drones iraníes, muchos de ellos económicos y producidos en gran cantidad, también están contribuyendo a esta presión. Desde principios de marzo, tal y como recoge el sistema de alertas Tzofar, los drones "suicidas" han superado por primera vez los cohetes en número de alertas, obligando a activar constantemente los sistemas defensivos.
Riesgo de saturación
Aunque, según el ejército israelí, la tasa de intercepción se mantiene en torno al 90% para los proyectiles que amenazan zonas pobladas, los últimos ataques han puesto sobre la mesa un problema clave: la saturación del sistema. Cuando el volumen de amenazas simultáneas supera la capacidad de respuesta, algunos proyectiles inevitablemente atraviesan el escudo.
La limitación no es tecnológica, sino física: número de interceptores disponibles, tiempo de recarga y capacidad de gestionar múltiples objetivos por parte de Israel ante ataques coordinados de Irán y Hizbulá. Según analistas del Institute for National Security Studies, ningún sistema de defensa aérea está diseñado para ser impenetrable, sino reducir riesgos.
Israel dispone de un sistema de defensa multicapa. La Cúpula de Hierro intercepta cohetes de corto alcance; la Honda de David (David's Sling) se encarga de las amenazas intermedias, y los sistemas Flecha (Arrow) actúan contra misiles balísticos. En paralelo, el país trabaja en nuevas herramientas como el Feix de Ferro (Iron Beam), un sistema láser destinado a reducir el coste de intercepción de drones y proyectiles más pequeños.
La pregunta es si la Cúpula de Hierro puede sostener ese ritmo en el tiempo. Informaciones publicadas por The Times of Israel apuntan a que esta situación ha generado un dilema constante para la fuerza aérea israelí: interceptar todos los proyectiles o preservar interceptores para amenazas más críticas. En algunos casos, se estaría optando por no neutralizar todas las submuniciones si se considera que el riesgo es limitado y la población se encuentra protegida en refugios.
Desde el gobierno israelí se mantiene un mensaje de control. Fuentes oficiales insisten en que no existe escasez crítica de interceptores y que el sistema está preparado para una guerra prolongada. Sin embargo, la reciente aprobación de más de 736 millones de euros en compras de emergencia ha reforzado la percepción de que hay que acelerar el abastecimiento.
Según el medio estadounidense Semafor, que cita fuentes israelíes y estadounidenses, Israel habría comunicado a Estados Unidos que las reservas de interceptores –especialmente los misiles Tamir de la Cúpula de Hierro– se encuentran en niveles críticos y podrían agotarse. Según estas informaciones, Israel habría consumido entre el 70% y el 85% de sus reservas desde el inicio del conflicto, y el uso de municiones de racimo por parte de Irán estaría acelerando este desgaste al obligar a disparar múltiples interceptores por cada amenaza.
Fuentes citadas por este medio apuntan a que, si Irán mantiene el ritmo actual de ataques, en un plazo de 7 a 14 días algunas baterías podrían operar sin interceptores disponibles en varias regiones de Israel. Dado que Israel no hace públicas sus reservas, el estado real de los arsenales y de las defensas aéreas es difícil de verificar.
El reto también es económico. Cada interceptor tiene un coste elevado en comparación con muchas de las amenazas que neutraliza. Según estimaciones de la industria, un misil Tamir cuesta aproximadamente entre 40.000 y 50.000 euros y un interceptor del sistema Arrow 3 puede alcanzar los 3,7 millones de euros por unidad. Esta asimetría económica, interceptores caros contra amenazas relativamente asequibles, es clave para entender la estrategia iraní, orientada a combinar drones de bajo coste con misiles más sofisticados para forzar a Israel y su aliado, Estados Unidos, a seguir gastando recursos de forma constante y debilitar a la Cúpula de Hierro.