Choque sin precedentes entre Israel y los Estados Unidos
El vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, ha dicho esta semana que después de las elecciones de medio término del mes de noviembre anunciará si se presenta o no en las próximas elecciones presidenciales. Esto sería muy malo para Israel, especialmente después de los comentarios públicos y sin precedentes que hizo el jueves contra el conjunto del gobierno de Benjamin Netanyahu, tildando de "inaceptable" que Israel, en los bombardeos sobre Beirut, mate "gente que no tiene nada que ver con Hezbollah".
Los ácidos comentarios de Vance cayeron sobre Israel como una pesada carga de plomo, y esto es grave porque Netanyahu ha renunciado al apoyo del partido demócrata, al menos a la mayor parte de este partido, y ha depositado toda su esperanza en el partido republicano. A pesar de esto, el entorno de Netanyahu critica sin contención la administración de Donald Trump.
La administración americana considera que Netanyahu y sus ministros han adoptado una actitud muy agresiva y personal contra Trump. Incluso piensan, y esto es una reminiscencia del antisemitismo tradicional, que Israel está moviendo los hilos de una buena parte de la prensa estadounidense e internacional contra el presidente cuando falta poco para las elecciones de noviembre.
La consecuencia de todo lo que está pasando es que Israel quizá nunca ha estado en una posición tan comprometida como hoy, y sus dirigentes son conscientes de ello, como también lo es consciente una buena parte de los ciudadanos ordinarios. En esta situación, el gobierno no puede arriesgar los vínculos con los republicanos que a estas alturas son su único apoyo en Estados Unidos y casi en el mundo.
Las tensiones han causado un estado de shockque afecta sobre todo a la clase política. Basta con echar un vistazo a los medios de comunicación locales para hacerse una idea del alcance de una conmoción que no escapa al conjunto de la población. Esto crea un estado de ansiedad considerable, agravado por el hecho de que no se ve una salida a la crisis.
Deriva imparable hacia la derecha
Es evidente que el Israel clásico e histórico está desapareciendo rápidamente bajo la dirección de Netanyahu, si es que no ha desaparecido ya. El país está dominado por una derecha más nacionalista y religiosa que nunca, y que, poco a poco, excluye a los sectores laicos y de izquierdas que fundaron y construyeron Israel. Durante tres lustros, Netanyahu ha conducido el país en una dirección peligrosa, cada día más radical, y es en este contexto que llega el enfrentamiento más directo con Trump.
Con toda seguridad, las elecciones israelíes serán en el mes de octubre a más tardar. Las últimas encuestas muestran que Netanyahu tiene una tendencia a la baja, quizás porque el acuerdo firmado esta semana por Estados Unidos e Irán no incluye ninguna de las demandas básicas de Israel. En esta situación preelectoral, la única opción que tiene Netanyahu es radicalizarlo todo aún más, dado que su votante es cada vez más radical.
No es una exageración decir que Israel nunca se había encontrado en una situación como la actual, de una enorme complejidad, tanto en las relaciones internacionales como en el interior del país. Netanyahu es consciente de ello, pero no está claro que quiera o pueda detener la tendencia y cambiar la dirección. Algunos líderes de la oposición, como Naftali Bennett, avisan que la situación presenta las características de un suicidio, y que el suicidio se consolidará si Netanyahu vuelve a ganar en las urnas.