Estados Unidos intenta abrir un frente terrestre contra Irán con los kurdos de Irak
El presidente de la administración autónoma, Nechirvan Barzani, dice que no serán "parte del conflicto"
BeirutMientras la guerra regional se intensifica y los bombardeos estadounidenses e israelíes siguen en Irán, ahora también se plantea iniciar una intervención terrestre en el país persa. El miércoles por la noche Washington insinuó que milicias kurdas del vecino Irak estarían dispuestas a poner en marcha una ofensiva por tierra contra Irán si les dan armas. Este jueves por la mañana Irán ha lanzado un ataque contra la región kurda semiautónoma de Irak. La televisión iraní Press TV informó a primera hora del jueves de que el ejército estaba atacando "fuerzas separatistas antiiraníes", sin especificar el lugar exacto de los bombardeos, y aseguró que han sufrido "grandes pérdidas".
En el Kurdistán iraquí, varios grupos de oposición kurdos iraníes han comenzado a movilizar a combatientes cerca de la frontera. Organizaciones como el Partido Democrático del Kurdistán de Irán, Komala o el Partido por la Libertad de Kurdistán mantienen bases en el norte de Irak desde hace años, pero en las últimas semanas sus movimientos han adquirido una dimensión diferente. Según varias fuentes regionales, estas milicias evalúan la posibilidad de operar dentro del Kurdistán iraní mientras Estados Unidos e Israel bombardean el país persa. La estrategia tiene lógica. Abrir un frente interno obligaría a Teherán a dispersar recursos militares en un momento en el que debe hacer frente a ataques aéreos y una creciente presión internacional. Para Washington, la fórmula no es nueva: existen precedentes en la historia reciente de la región.
Precedente histórico
Durante décadas, Estados Unidos ha recurrido a los kurdos como aliados tácticos en conflictos regionales. Así lo hicieron al término de la primera Guerra del Golfo. Tras la derrota del régimen de Sadam Husein en 1991, Washington estableció una zona de exclusión aérea en el norte de Irak que permitió a los kurdos consolidar una autonomía de facto. Aquella operación, conocida como operación Provide Comfort (proporcionar comodidad), transformó el Kurdistán iraquí en un enclave protegido por Occidente.
Este mismo territorio podría convertirse nuevamente en una plataforma estratégica. La región autónoma kurda en Irak está dominada por dos grandes formaciones políticas, el Partido Democrático del Kurdistán (PDK), liderado por Masoud Barzani, y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK), dirigida por Bafel Talabani. Ambas fuerzas mantienen complejas relaciones con Washington, Ankara y Teherán y hasta ahora han evitado implicarse directamente en una confrontación abierta con Irán. Sin embargo, el deterioro de la situación en la región está alterando equilibrios que durante años parecían relativamente estables.
Asimismo, varios grupos kurdos iraníes, históricamente enfrentados al poder central de Teherán, perciben el conflicto actual como una oportunidad para reactivar su lucha. Desde la revolución de 1979, el Kurdistán iraní ha sido escenario recurrente de insurgencias de baja intensidad reprimidas por la Guardia Revolucionaria. Las montañas que separan Irán de Irak ofrecen un terreno particularmente favorable para la guerra irregular, una geografía que durante décadas ha permitido a las milicias moverse entre ambos países.
Para Estados Unidos, apoyar a estos grupos es una ventaja evidente. Permitiría presionar a Irán sin tener que desplegar tropas propias sobre el terreno. Tras las costosas intervenciones en Irak y Afganistán, Washington prefiere limitar su intervención a bombardeos aéreos y recurrir a aliados locales que se encuentren sobre el terreno.
Esta apuesta, sin embargo, comporta riesgos considerables. Irán es un mosaico de minorías étnicas que incluye kurdos, baluchis, árabes o azeríes. Y la historia demuestra que las intervenciones extranjeras suelen reforzar el nacionalismo iraní en vez de fragmentarlo. O sea, el intento de reforzar una insurgencia podría acabar consolidando el apoyo interno al régimen en lugar de debilitarlo. De hecho, Nechirvan Barzani, presidente de la región autónoma del Kurdistán de Irak, afirmó este jueves que la autonomía "no debe convertirse en parte de ningún conflicto", después de que el ejército iraní asegurara que había atacado al cuartel general de fuerzas kurdas iraníes en el norte de Irak.
Impacto regional
El impacto regional tampoco es menor. Turquía observa con enorme preocupación cualquier movimiento que implique fortalecer a milicias kurdas armadas cerca de sus fronteras. Para Ankara, la posibilidad de que grupos kurdos ganen fuerza militar gracias al apoyo occidental revive un temor estratégico persistente.
Irak tampoco contempla con tranquilidad este escenario. El gobierno de Bagdad intenta desde hace años mantener un difícil equilibrio entre Washington y Teherán. Convertirse de nuevo en el escenario de una confrontación indirecta entre estos dos países podría poner en riesgo este frágil equilibrio.
Asimismo, la presión militar sobre Irán coincide con señales de fragilidad dentro del llamado "eje de la resistencia", la red de aliados regionales que Teherán ha construido durante las últimas décadas. Por ejemplo, en Líbano, el movimiento Hezbollah vive una situación especialmente delicada. La guerra contra Irán ha colocado al grupo chií en un dilema: hay quienes defienden una confrontación más directa con Israel y quienes temen que una guerra total arrastre a Líbano a una devastación similar a la de 2006 y 2024.
Sea como sea, el Kurdi guerra que, poco a poco, se extiende por todo Oriente Medio.