La guerra como herramienta de presión constante: Israel somete a Oriente Medio a cambio de su seguridad
En Líbano, Siria, Irak e Irán no hay guerras abiertas, pero tampoco estabilidad por las continuas operaciones israelíes
BeirutDespués de décadas de conflictos, intervenciones y políticas de contención, Israel hoy es más seguro militarmente que muchos de sus vecinos, pero la región es más inestable que nunca. Al sur del Líbano, los bombardeos israelíes continúan a pesar del alto el fuego anunciado en abril bajo mediación estadounidense. Sobre el terreno, el acuerdo no ha llevado a una situación estable. El ejército israelí continúa haciendo operaciones en zonas fronterizas, mientras el gobierno libanés denuncia ataques repetidos, destrucción de viviendas y el bloqueo del retorno de desplazados. Las autoridades libanesas hablan de miles de incidentes desde la entrada en vigor de la tregua.
Israel sostiene que estas acciones responden a la aplicación de la resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU y a la necesidad de impedir que Hezbollah se vuelva a organizar en el sur del Líbano. Benjamin Netanyahu insiste en que la seguridad del norte de Israel no puede depender de compromisos diplomáticos que no se cumplan sobre el terreno y defiende una política de intervención preventiva continuada.
Cambiar el equilibrio sin provocar una guerra abiertaEn este marco, el frente palestino continúa siendo el núcleo más persistente del conflicto. En Gaza, el alto el fuego no ha eliminado la destrucción ni la violencia intermitente, y en Cisjordania la ocupación se mantiene en un marco de tensión creciente, con operaciones militares regulares, expansión de asentamientos y una dinámica de confrontación de baja intensidad que se prolonga en el tiempo.
Hezbollah, por su parte, sostiene que "no habrá un alto el fuego real mientras continúen las operaciones israelíes en territorio libanés", y vincula el frente libanés con el equilibrio regional entre Washington y Teherán.
Para el analista Yousef Haydar, del Lebanese Center for Policy Studies (LCPS) en Beirut, esta situación “no se puede interpretar como una transición hacia la paz, sino como una excepción permanente”. Según explica Haydar, el sur del Líbano vive en un “estado intermedio” en el cual “el alto el fuego no detiene la violencia, sino que la mantiene de manera intermitente”.
Cambiar el equilibrio sin provocar una guerra abierta
Las conversaciones entre Estados Unidos y Irán sobre un posible memorándum de entendimiento atraviesan una fase especialmente sensible. Según filtraciones diplomáticas, el borrador en discusión no se limita a cuestiones nucleares o sanciones económicas, sino que incorpora también referencias indirectas a la estabilización de diversos frentes regionales, incluido el libanés.
El proceso se desarrolla bajo una lógica que, según Haydar, puede describirse como escalada controlada: una combinación de presión militar, negociación simultánea y acciones calibradas que buscan cambiar el equilibrio sin provocar una guerra abierta. En este marco, la guerra no desaparece, sino que se utiliza como herramienta de negociación prolongada.
En las últimas horas han crecido las señales de que un acuerdo preliminar entre Estados Unidos e Irán podría estar cerca. Pero Teherán sostiene que persisten diferencias sustanciales sobre sanciones, supervisión nuclear y, sobre todo, el papel regional de Irán y sus aliados. Irán considera el frente libanés como parte inseparable de cualquier acuerdo global. Israel rechaza esta interpretación. Netanyahu ha reiterado que ningún entendimiento internacional limitará la libertad de acción militar israelí, y que la seguridad no será delegada en mecanismos multilaterales.
En paralelo, el debate sobre el futuro del Líbano aparece de manera indirecta en los borradores de negociación. Algunas filtraciones apuntan a la creación de “zonas piloto” en el sur del país bajo supervisión del ejército libanés, con apoyo internacional limitado. Aun así, la implementación de este tipo de mecanismos depende de un equilibrio político aún inexistente.
Siria e Irak, los otros focos de inestabilidad
Más al este, Siria atraviesa una fase de transición después de la caída del antiguo régimen en 2024 y la llegada al poder de Ahmed al-Sharaa. El nuevo gobierno intenta reconstruir las instituciones y recuperar legitimidad regional, pero el control territorial continúa siendo desigual.
Israel mantiene posiciones en el área del Golán y en la zona de separación establecida después del acuerdo de 1974, y ha intensificado incursiones en la provincia de Quneitra y en diversas áreas rurales de Deraa. Estas operaciones incluyen la destrucción de infraestructuras militares, la vigilancia aérea constante y los movimientos tácticos destinados a impedir la reorganización de actores armados considerados hostiles.
Damasco denuncia estas acciones como violaciones de soberanía pero Israel las justifica como medidas de seguridad preventiva. En la práctica, el sur sirio funciona como un espacio controlado militarmente, donde el estado tiene capacidad limitada de control efectivo.
En Irak, la fragmentación adopta otra forma. Más de dos décadas después de la invasión de los Estados Unidos, el país mantiene instituciones formales, pero no el monopolio de la fuerza. Milicias armadas, estructuras políticas paralelas y actores con vínculos regionales operan dentro del sistema estatal. El resultado es un equilibrio inestable sostenido más por la contención externa que por la autoridad central.
En toda la región se repite una misma situación: la violencia no desaparece, sino que se mantiene de manera continua y en diferentes niveles de intensidad, en un contexto atravesado por la acción militar israelí en diversos frentes.
"Dominación sin asentamiento"
En este contexto, el eje Estados Unidos - Irán aparece como el principal intento de reorganización parcial del sistema regional. Pero incluso en caso de acuerdo, su impacto dependerá de actores que operen fuera del marco formal de negociación. Israel, en particular, mantiene una doctrina de seguridad basada en la libertad de acción militar, lo que introduce una separación constante entre diplomacia y realidad sobre el terreno. La lógica dominante no es la resolución del conflicto, sino la gestión continua.
Un análisis reciente del Instituto Brookings describe esta dinámica como una forma de “dominación sin asentamiento”: control militar sin solución política, debilitamiento del adversario sin reconstrucción del entorno y ausencia de un horizonte claro de posguerra.
El resultado es un sistema en el que la negociación avanza mientras la violencia continúa bajo otras formas de baja intensidad. Así, en Líbano, Siria, Irak e Irán no hay guerras abiertas, pero tampoco estabilidad. Hay operaciones militares, acuerdos incompletos y estados con soberanía fragmentada.
En Beirut este escenario se percibe como una prolongación del conflicto por otros medios, y la reconstrucción queda subordinada a la evolución de las negociaciones regionales y a la continuidad de la presión militar sobre el sur del país. La población civil continúa atrapada entre desplazamientos recurrentes y una normalización que no llega a consolidarse. Oriente Medio no ha entrado en una fase de posguerra, sino en una fase de gestión permanente de la inestabilidad.