Vence el acuerdo entre los Estados Unidos y el Irán: ¿qué ha cambiado en dos meses?
Lejos de alcanzar un pacto definitivo, el foco de la discusión ha pasado del armamento nuclear a Ormuz, mientras Israel continúa amenazando el Líbano
BeirutSesenta días. Ese era el plazo que Estados Unidos e Irán se dieron para transformar el memorándum de entendimiento firmado en junio en un acuerdo definitivo. El plazo vence este lunes sin que dicho acuerdo haya llegado. Y durante estos dos meses, el entendimiento que debía contener la guerra ha estado a punto de volver a hacerla saltar por los aires.
El memorándum establecía el fin de las hostilidades e incluía la reapertura del estrecho de Ormuz, y dejaba para una segunda fase las cuestiones más difíciles: el programa nuclear iraní, las sanciones y los activos iraníes congelados. Pero en julio, una nueva cadena de ataques entre Estados Unidos e Irán llevó el proceso al límite.
Washington lanzó nuevos ataques contra objetivos iraníes después de acusar a Teherán de atacar buques comerciales en Ormuz. Irán respondió atacando instalaciones utilizadas por las fuerzas norteamericanas en Baréin y Kuwait, y posteriormente otros objetivos en la región. Donald Trump llegó a declarar que el acuerdo se había acabado.
El memorándum de entendimiento estuvo entonces a punto de saltar por los aires, pero, a pesar de ello, ninguno de los dos países cerró completamente la puerta a la diplomacia. Los contactos continuaron a través de mediadores como Qatar y Pakistán, aunque hoy todo está prácticamente estancado.
Washington tenía, además, dudas sobre hasta qué punto los mismos negociadores iraníes podían comprometer a Irán. Según el medio Axios, la administración Trump llegó a abrir un canal secreto, a través del presidente del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani, para comprobar con la Guardia Revolucionaria que aquello que estaban negociando el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, contaba con su apoyo. Un intento posterior de organizar conversaciones secretas de alto nivel en Erbil nunca ha llegado a materializarse.
Sin avances en la carpeta nuclear... ni con Ormuz
La cuestión nuclear, con que Washington justificó buena parte de su presión sobre Teherán, debía ser uno de los grandes asuntos de esta segunda fase. Pero esta negociación nunca llegó realmente a arrancar. En su lugar, Ormuz ha ido ocupando el centro de la disputa. Irán intenta transformar su capacidad para controlar el tránsito marítimo en una baza económica y política. Las conversaciones con Omán son una muestra. Después de semanas de negociaciones técnicas, Teherán y Mascate han alcanzado un acuerdo sobre las rutas que deberían utilizar los barcos para cruzar el estrecho. Pero Irán insiste en que este acuerdo técnico no significa que deba reabrir Ormuz.
El cambio de prioridades empieza a hacerse explícito. Un parlamentario iraní, Alireza Salimi, ha asegurado recientemente que el estrecho de Ormuz es ahora más valioso para Irán que una bomba atómica. Una frase que resume el nuevo cálculo: mientras la cuestión nuclear continúa pendiente, el control del estrecho ofrece a Teherán una palanca de presión inmediata sobre Washington y sus aliados.
El tránsito marítimo lo refleja: antes de la guerra, unos 130 barcos atravesaban cada día el estrecho; ahora son una fracción mucho más pequeña. Los esfuerzos para salvar el entendimiento continúan, pero, de momento, sin resultados. Ninguno de los dos parece dispuesto a ceder en el punto que hoy condiciona cualquier nuevo acuerdo.
El ministro iraní de Exteriores, Abbas Araghchi, decía este sábado que Teherán todavía no ha decidido si volverá a las conversaciones con los Estados Unidos. Al mismo tiempo, continúan las negociaciones con Omán sobre las rutas de navegación en Ormuz. Trump, por su parte, ha endurecido aún más su posición. El presidente estadounidense ha llegado a plantear que el estrecho pueda convertirse en territorio de los Estados Unidos. La respuesta iraní ha sido inmediata: Ormuz "continuará siendo iraní".
Una sacudida por toda la región
La crisis también está modificando el equilibrio regional. Arabia Saudí, Turquía y Pakistán han firmado un acuerdo de defensa conjunta que establece que un ataque contra uno de los tres será considerado un ataque contra todos. Los tres países lo presentan como un pacto defensivo, pero su firma en plena crisis muestra que las potencias regionales buscan reforzar sus propias garantías de seguridad.
Y en Líbano, otro acuerdo impulsado por Washington atraviesa también un momento crítico. El sábado, un ataque de Hezbolá hirió gravemente a tres soldados israelíes. Tel Aviv respondió con una oleada de ataques en el sur del país que dejó once muertos, entre ellos mujeres y niños. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, advirtió que Israel pasará cuentas con sus enemigos "en todos los frentes", y el ministro ultraderechista Itamar Ben-Gvir reclamó "bombardear Beirut" y aplastar a Hezbolá.
Para Irán, el Líbano formó parte de la ecuación desde el principio. Teherán había advertido desde el primer momento que los ataques israelíes contra Beirut podían descarrilar las negociaciones. Dos procesos impulsados por Washington vuelven a quedar atrapados en la misma escalada regional. El memorándum debía ser un puente entre la guerra y la diplomacia. Sesenta días después, la guerra no ha acabado. Ha cambiado de forma, de escenario y de precio.