La guerra más temida en Oriente Medio ya ha llegado

Un posible conflicto entre Estados Unidos e Irán ha provocado escalofríos durante años desde Beirut hasta Abu Dhabi

BarcelonaLa principal consecuencia geopolítica de la invasión de Irak por parte de Estados Unidos fue el reforzamiento de Irán como única potencia regional capaz de contestar la hegemonía estadounidense en Oriente Medio. A medida que Teherán apretaba lazos con una red de milicias en toda la región y las armaba, se empezó a perfilar el fantasma de una guerra total que enfrentaría a Irán y sus aliados, el autollamado "eje de la resistencia", con EEUU. Esta guerra, decían, incendiaría todo Oriente Medio. El escenario que hacía estremeceba desde Beirut hasta Abu Dhabi ya está aquí. En las capitales de la región, ahora todo el mundo hace cálculos de cómo les afectará el conflicto y confía en que la actual situación de debilidad de Teherán limitará su alcance y daños que provocará.

Los primeros países directamente afectados por la conflagración han sido los países del golfo Pérsico que tienen bases de EEUU y son más cercanos geográficamente a Irán, es decir, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar. De hecho, la cadena qatarí Al Jazeera ha tenido que detener durante unos segundos un debate en directo porque han empezado a sonar de forma estridente los mensajes de alarma de los teléfonos móviles de sus periodistas.

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Durante la breve guerra del pasado verano, la base qatarí de Al Ubeid, la principal base aérea de EEUU en la región, ya recibió el impacto de un misil. Sin embargo, en aquella ocasión el ataque fue coreografiado, ya que Washington había sido advertido con antelación y la acción tenía como objetivo real desescalar la crisis más que servir de venganza. Esta vez la situación es diferente: el alcance de los ataques es más ambicioso, lo que significa que también lo serán las pérdidas económicas, así como quizás también probablemente la pérdida en vidas humanas. De momento, una persona ya ha muerto en Abu Dabi, la capital de los Emiratos, debido al impacto de los restos de un misil iraní interceptado en el aire.

Aún peor parados pueden salir aquellos países con milicias afines a Irán, como Irak, Yemen de los houthis o Líbano de Hizbulá, considerada el principal activo de Teherán antes de la guerra contra Israel del año pasado. De hecho, Israel ha bombardeado una vez más el sur de Líbano en las últimas horas.

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Entre los expertos hay consenso a la hora de señalar que ningún país de la región, con la excepción de Israel, deseaba esta guerra y, por eso, intentaron disuadir a Trump de iniciarla. Ni siquiera la veían con buenos ojos aquellos países más tradicionalmente hostiles al régimen de los ayatolás, como Arabia Saudí o Emiratos. "La mera percepción de inestabilidad tiene unos costes significativos. Desde la perspectiva del Golf, un conflicto prolongado que cree mayor inestabilidad en la zona más cercana es una gran amenaza", sostiene el analista Monica Marks, profesora de la rama de la universidad NYU en Abu Dhabi.

Miedo por el impacto económico

Las consecuencias económicas a medio plazo pueden resultar astronómicas para los países del Golfo. Por el momento, varios ya han cerrado su espacio aéreo. El peor escenario sería que Irán lograra bloquear el estrecho de Ormuz, por el que transita un 20% de la demanda mundial de petróleo. Ahora bien, para evitarlo EEUU ha desplegado un tercio de su flota militar. En cualquier caso, incluso aunque Irán lo intentara y fracasara, podría llegar a alterar el tráfico de petroleros atacando a los barcos con proyectiles desde su costa.

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Aparte de los efectos en el comercio del oro negro, una guerra prolongada minaría seriamente los planes para diversificar sus economías que, en cierto modo, están aplicando todas las petromonarquías del Golfo. Probablemente, el esfuerzo más conocido es el impulsado por el príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman, con su Visión 2030, que pretende alejar al país de la dependencia del petróleo. Una de sus apuestas es el turismo, un sector muy sensible a la percepción de inseguridad. Asimismo, la posición de los Emiratos Árabes como hub del comercio regional deriva buena parte de su comercio con Irán bajo un régimen de sanciones. Si el vecino persa se hunde o se convierte en una especie de estado fallido, la economía emiratiana se resentirá.

El ataque inmediato de Irán –que es consciente de su inferioridad militar– contra objetivos en los países del Golfo podría ser una estrategia para intentar detener la guerra. "Están intentando atraer a otros países hacia esta guerra. Quieren incrementar el coste para estos países, probablemente con la esperanza de que presionarán a la administración Trump para detener la guerra", apuntó a la cadena Al Jazeera Muhanad Seloom, profesor de estudios estratégicos en el Doha Institute.

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Ahora bien, la capacidad de influencia de estas capitales sobre Washington es bastante limitada, como demostró el infructuoso intento de Omán, el país que ejercía de mediador en las conversaciones de paz entre Irán y EEUU. Horas antes del bombardeo, su ministro de Exteriores, Bader bin Hamad al Busaidi, reveló en una entrevista en la cadena CBS estadounidense que Teherán había realizado una concesión clave que habría impedido la obtención del arma nuclear. "Estamos hablando de una capacidad cero de almacenamiento [de uranio]. Sin eso, no se puede fabricar una bomba. El acuerdo de paz está cerca", declaró Al Busaidi.