Jordania, el reino discreto atrapado en la guerra regional entre Washington y Teherán

El país se ha consolidado como una plataforma imprescindible para las operaciones norteamericanas en Siria y el Irak

22/07/2026

BeirutJordania ha dejado de ser un escenario secundario de la guerra. Tras el ataque del pasado viernes contra una posición militar en el noreste del país, en el que murieron varios soldados estadounidenses, Irán volvió a atacar territorio jordano este martes. Teherán aseguró que había llegado a la zona de Rukban, cerca de las fronteras con Siria e Irak, y que había causado nuevas bajas entre las tropas estadounidenses desplegadas allí, una información que Washington no ha confirmado. Más allá del balance de víctimas, la sucesión de ataques revela un cambio de fondo: el reino hachemita, durante décadas uno de los aliados más discretos de Estados Unidos en Oriente Medio, ha pasado a ocupar un lugar central en la confrontación entre Washington y Teherán.

A diferencia de Qatar, donde Estados Unidos concentra buena parte de su poder aéreo, o de Bahréin, sede de la Quinta Flota, Jordania nunca había ocupado los titulares cuando se hablaba del despliegue militar estadounidense. Su papel era otro. Sin hacer ruido, el reino se convirtió en uno de los socios más fiables de Washington y una pieza clave para la estabilidad de una región marcada por guerras, revoluciones y cambios de alianzas. Jordania limita con Israel, Cisjordania, Siria, Irak y Arabia Saudí. Es el único aliado estable de Estados Unidos situado justo en el punto donde confluyen estos cuatro escenarios. Esta ubicación, que durante años ha sido una ventaja diplomática, la convierte hoy en un objetivo militar.

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Desde hace décadas, Washington mantiene en territorio jordano tropas, medios de vigilancia e instalaciones utilizadas conjuntamente por ambos ejércitos. Amán evita hablar de bases estadounidenses y defiende que toda la cooperación militar se desarrolla bajo soberanía jordana. Pero, en la práctica, el reino se ha consolidado como una plataforma imprescindible para las operaciones estadounidenses en Siria e Irak.

Un corredor estratégico para las milicias proiraníes

Uno de los puntos más sensibles se encuentra en el extremo noreste del país, con el triángulo fronterizo con Siria y el Irak. Allí, en medio de una inmensa extensión desértica donde confluyen las fronteras de Jordania, Siria y el Irak, se sitúa la zona de Rukban, objetivo del ataque iraní de este martes. Muy cerca está Al-Tanf, la base estadounidense situada ya en territorio sirio. Puede parecer un lugar perdido en el desierto, pero su valor estratégico es enorme. Desde este punto se controla uno de los corredores terrestres que conecta Irán con Irak, Siria y, finalmente, el Líbano, una ruta fundamental para el abastecimiento de las milicias aliadas de Teherán.

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Durante años, Estados Unidos ha utilizado este despliegue para limitar la libertad de movimiento de estas milicias aliadas de Irán y dificultar la continuidad de este corredor terrestre, lo que representa para Teherán uno de los principales obstáculos a su estrategia regional.

Su importancia no acaba aquí. Jordania también constituye el principal escudo del flanco oriental de Israel. Cualquier misil o dron lanzado desde Irán, Irak o parte de Siria hacia territorio israelí debe atravesar antes el espacio aéreo jordano. Esta realidad explica que el país forme parte de la red regional de defensa aérea coordinada por Estados Unidos. En abril de 2024, Jordania ya había quedado atrapada en la escalada regional cuando interceptó drones iraníes lanzados contra Israel durante el primer ataque directo de Teherán contra territorio israelí. Ahora, con la confrontación entre Estados Unidos e Irán, el reino vuelve a estar en primera línea.

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Un equilibrio delicado

Las autoridades jordanas insisten en que estas operaciones responden exclusivamente a la defensa de su soberanía y a la protección de la población civil. También saben que cualquier otra explicación tendría un elevado coste interno. Una parte muy significativa de los jordanos tiene origen palestino y la guerra en Gaza ha alimentado un profundo malestar social. El rey Abdalá II de Jordania se ha convertido, de hecho, en uno de los dirigentes árabes que ha denunciado con más contundencia la ofensiva israelí y ha advertido de los riesgos de una escalada regional.

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Este difícil equilibrio ha definido la política exterior jordana durante las últimas tres décadas. Desde la firma del tratado de paz con Israel en 1994, Amán mantiene una estrecha cooperación con su vecino en materia de seguridad, inteligencia, gestión del agua y control fronterizo. Al mismo tiempo, procuró no romper los puentes con Irán y mantenerse al margen de la rivalidad entre Teherán y Washington. Pero este margen se fue estrechando a medida que Jordania comenzó a interceptar misiles y drones iraníes, que se dirigían hacia Israel, y aumentó la presencia militar estadounidense en su territorio. Para Teherán, el reino dejó de ser un vecino que protegía su espacio aéreo para convertirse en una pieza más del dispositivo militar estadounidense en Oriente Medio.

Así, el reino hachemita que durante años intentó mantenerse al margen de las grandes confrontaciones regionales se enfrenta ahora al riesgo de convertirse en uno de sus principales escenarios. No porque haya cambiado su política exterior de manera radical, sino porque la guerra ha alterado el valor estratégico de su territorio.

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Los ataques de los últimos días muestran hasta qué punto la geografía puede acabar imponiéndose a la diplomacia. Jordania no ha cambiado de lugar en el mapa. Lo que ha cambiado es el mapa de la guerra. Y en un Oriente Medio donde las fronteras vuelven a convertirse en líneas de combate, el reino hachemita ha dejado de ser un aliado discreto para convertirse en un objetivo estratégico.