Guerra en Irán

Dos militares de los Estados Unidos mueren en un ataque iraní en Jordania

El régimen de los ayatolás hace un llamamiento a ahorrar gas y electricidad ante la nueva ofensiva

Una valla institucional en Teherán muestra una imagen de Donald Trump tendido en un ataúd.
Act. hace 12 min
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BeirutLos iraníes han recibido este sábado un mensaje inesperado de las autoridades: ahorrar electricidad y gas en casa. La recomendación puede parecer menor, pero resulta profundamente simbólica en un país que tiene las segundas reservas de gas más grandes del mundo y las cuartas de petróleo. La ofensiva militar estadounidense contra Irán entra en su segunda semana, y la escalada bélica no parece tener fin. Menos aún después de que este sábado dos militares estadounidenses hayan muerto en un ataque iraní con drones y misiles balísticos contra una base de Estados Unidos en Jordania, según ha reconocido en un comunicado el Mando Central del ejército de EE. UU. Hay un tercer militar desaparecido y cuatro más han resultado heridos.

El mensaje de las autoridades iraníes se produce después de una séptima noche consecutiva de ataques. Estados Unidos ha vuelto a golpear objetivos en Irán, incluidos puentes, túneles, instalaciones de vigilancia, almacenes subterráneos de armamento e infraestructuras marítimas. Incluso han atacado una planta desalinizadora en la provincia de Ormuzgán, en el sur del país, que ha dejado unos 10.000 habitantes de veinte pueblos sin agua potable. Han muerto siete personas, que se suman a las que han perdido la vida durante las tres últimas semanas: en total 50 víctimas mortales y unos 500 heridos, según datos del ministerio de Salud iraní que se han hecho públicos este sábado.

Teherán ha respondido con misiles y drones contra instalaciones vinculadas con Washington en Jordania, Baréin y Kuwait, donde se han registrado daños materiales y heridos, entre ellos trece militares estadounidenses, según ha reconocido el Mando Central del ejército de Estados Unidos, que se suman a las bajas mortales. La escalada bélica también afecta al tránsito marítimo: Irán asegura haber detenido o atacado varios buques en el estrecho de Ormuz, mientras el tránsito comercial se vuelve a reducir en una de las principales rutas energéticas del mundo.

Los daños a infraestructuras, las dificultades para mantener las exportaciones, el cierre del estrecho de Ormuz decretado por Teherán y el bloqueo naval de los Estados Unidos complican aún más la situación de la economía iraní, debilitada por años de sanciones, falta de inversión y una red energética envejecida. La crisis actual no nace con la ofensiva, pero sí agrava unas vulnerabilidades que el país persa hace años que acumula.

La escalada llega, además, en el peor momento para las expectativas económicas del país. Hace apenas unas semanas, el memorándum de entendimiento alcanzado entre Washington y Teherán abría la puerta a un alivio parcial de las sanciones, la recuperación progresiva de activos co5802469ngelados y un aumento de las exportaciones de petróleo. No era una solución inmediata para una economía agotada, pero sí una oportunidad para empezar a aliviar años de aislamiento económico.

Devaluación de la moneda

Pero este horizonte queda ahora en suspenso. El rial ha vuelto a marcar un mínimo histórico esta semana en el mercado paralelo, con el dólar por encima de 1,9 millones de riales. La depreciación de la moneda encarece alimentos, materias primas y medicamentos, y reduce aún más el poder adquisitivo de unos hogares que hace años que soportan la pérdida de valor de sus ingresos. Las previsiones tampoco invitan al optimismo. El Fondo Monetario Internacional prevé que la economía iraní se contraiga un 6,1% este año, después de haber anticipado hace apenas unos meses un crecimiento modesto. La revisión, de más de siete puntos porcentuales, refleja el impacto de los daños sobre infraestructuras energéticas y de transporte, la caída de la producción, las dificultades para exportar petróleo y la incertidumbre que rodea el estrecho de Ormuz, una de las arterias principales del comercio energético mundial.

Pero quizás el dato más preocupante es la inflación. El FMI calcula que los precios subirán, de media, cerca de un 69% este año. En la práctica, esto significa que incluso los que conservan su trabajo ven cómo su salario pierde valor a un ritmo mucho mayor del que pueden recuperar con cualquier subida salarial. El salario mínimo oficial, convertido al tipo de cambio del mercado libre, apenas equivale hoy a unos 87 dólares mensuales.

La guerra, sin embargo, solo agrava problemas que venían de mucho antes. Hacía años que la economía iraní estaba contra las cuerdas por las sanciones internacionales, una inflación crónica, una moneda debilitada y décadas de falta de inversión en infraestructuras. La red eléctrica ya sufría cortes frecuentes durante los meses de más demanda, y el sector energético necesitaba inversiones millonarias para modernizar instalaciones envejecidas, a pesar de que el país tenga algunas de las reservas de hidrocarburos más grandes del planeta.

Desempleo elevado

El mercado laboral refleja igualmente esta fragilidad. A pesar de que la tasa oficial de desocupación ronda el 7,5%, esta cifra ofrece una imagen incompleta de la realidad. Tan solo el 37% de los iraníes en edad de trabajar tienen un empleo. Millones de personas han dejado de buscar trabajo y desaparecen de las estadísticas oficiales, mientras alrededor del 60% de los trabajadores lo hacen en la economía informal, sin contrato ni acceso a prestaciones por desempleo.

Las consecuencias de la guerra amenazan con empeorar esta situación. El propio ministerio de Trabajo iraní reconoce que el conflicto ha destruido más de un millón de puestos de trabajo, mientras economistas independientes elevan esta cifra a varios millones si la ofensiva se prolonga. Para los que sobreviven en la economía informal, perder el trabajo significa, en muchos casos, quedarse sin ingresos de un día para otro.

La paradoja es que la guerra ha vuelto justo cuando una parte de la población comenzaba a tener ciertas expectativas de mejora. El posible levantamiento de algunas sanciones, el acceso a activos congelados en el extranjero y una mayor capacidad para exportar petróleo alimentaban la esperanza de estabilizar la moneda, contener la inflación y recuperar parte del crecimiento perdido. Hoy este escenario parece cada vez más lejano.

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