Comienza la votación en Israel en unas elecciones clave para Netanyahu

Los sondeos dibujan un Parlamento israelí fragmentado y auguran negociaciones difíciles para formar gobierno

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Una pancarta con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en la sede de su partido, Likud, en Tel Aviv, con el mensaje "no os rindáis".
27/10/2026 - 07:44 h

JerusalénIsrael celebra este martes unas elecciones parlamentarias que pueden marcar un punto de inflexión después de los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y de tres años de guerra y crisis política. Benjamin Netanyahu aspira a continuar en el poder, mientras la oposición intenta convertir su desgaste en una alternativa viable.

La intensidad de la campaña es evidente en las calles, donde las pancartas gigantes de los candidatos se suceden a lo largo de las carreteras y los coches lucen pegatinas de apoyo. En los teléfonos, los mensajes y las llamadas electorales tampoco han dado tregua hasta pocas horas antes de la votación. La sensación es que el país vive unos comicios decisivos para su futuro político.

A pesar de esta movilización, las encuestas de la recta final, publicadas el 23 de octubre, no dibujan un ganador claro. Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del ejército y líder de Yashar, se situaría ligeramente por delante del Likud de Netanyahu, con 22 escaños frente a los 20 del partido del primer ministro. Ningún bloque tendría garantizada la mayoría: el gubernamental obtendría 50 escaños y las principales formaciones de la oposición sumarían unos 54, ambos por debajo de los 61 necesarios para alcanzar la mayoría en el Parlamento israelí.

Netanyahu, el primer ministro que más tiempo ha ocupado el cargo en Israel, con más de 18 años acumulados en tres etapas, afronta las elecciones presionado por los errores de seguridad previos al 7 de octubre, la gestión de las guerras en Gaza e Irán, y el juicio por corrupción, abierto en 2020. También pesan la negativa a impulsar una investigación independiente de los ataques de Hamás, las exenciones militares de los ultraortodoxos y el aumento del coste de la vida.

En este contexto, su continuidad depende, en parte, de mantener la alianza con los partidos ultraortodoxos Shas y Judaísmo Unido de la Torá, que obtendrían unos siete escaños cada uno, y con las formaciones ultranacionalistas de Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich. Ben-Gvir, líder de Otzma Yehudit, promueve políticas represivas contra los palestinos y se situaría alrededor de los ocho escaños. Smotrich, de Sionismo Religioso, defiende la expansión de los asentamientos y el control israelí sobre Cisjordania y obtendría unos siete escaños. Esta alianza permitió a Netanyahu volver al poder en 2022 y ha impulsado la agenda de gobierno más radical, nacionalista y religiosa de los últimos años.

Al frente de la alternativa está Gadi Eisenkot, líder del partido centrista Yashar con un perfil centrado en la seguridad y la experiencia militar, que intenta atraer a votantes descontentos con el primer ministro, especialmente a aquellos que reclaman una investigación independiente del 7 de octubre. La candidatura promete más rendición de cuentas, pero no representa una ruptura con la doctrina de seguridad israelí. Eisenkot formuló la doctrina Dahiya, vinculada al uso de fuerza desproporcionada y a la destrucción de infraestructuras civiles en conflictos con grupos como Hezbolá y Hamás.

La oposición incluye a Naftali Bennett y Yair Lapid, agrupados en B’Yachad, una alternativa de centro y derecha moderada; los Demócratas de Yair Golan, que defiende una agenda más progresista, y Avigdor Lieberman, líder de Yisrael Beiteinu, que representa una derecha laica que rechaza los privilegios de los ultraortodoxos.

Sin grandes cambios a la vista

Un cambio de primer ministro no implicaría necesariamente un giro radical en la política israelí. Buena parte de la oposición comparte el rechazo a la creación inmediata de un estado palestino y defiende una línea dura en materia de seguridad, tanto hacia los palestinos como ante Irán y otros adversarios regionales. Las discrepancias se centran en cuestiones más concretas como los asentamientos y una posible anexión de Cisjordania: los aliados más radicales de Netanyahu son favorables a ello, mientras que B’Yachad y los Demócratas se oponen. La posición de Yashar es menos clara.

Las diferencias entre los partidos son más evidentes en otros ámbitos, como por ejemplo las exenciones del servicio militar de los ultraortodoxos. Las dos formaciones ultraortodoxas quieren mantenerlas; el Likud ha intentado limitar las medidas contra quienes no se incorporan al ejército, y la mayoría de la oposición reclama que cumplan el servicio obligatorio. La oposición también exige una comisión independiente para investigar los errores de seguridad del 7 de octubre, pero Netanyahu y sus socios se han resistido a impulsarla.

Ganar no garantiza gobernar

Israel funciona como una única circunscripción nacional: 7,3 millones de electores están llamados a votar listas de partidos y los 120 escaños del Parlamento se reparten proporcionalmente. Este sistema, combinado con un umbral electoral del 3,25%, facilita la representación de partidos pequeños y ha hecho que ninguna formación haya alcanzado nunca la mayoría absoluta por sí sola. Por eso, los partidos pequeños pueden ser decisivos, incluidas las formaciones árabes: la Lista Conjunta y Ra’am obtendrían unos nueve y seis escaños. Ra’am, liderada por Mansour Abbas, formó parte en 2021 de la coalición de Bennett y Lapid, la primera que incorporó un partido árabe, pero que solo duró 18 meses.

En este modelo electoral, los pactos de reparto de votos sobrantes pueden ser decisivos. Estos acuerdos permiten que los votos que no han sido suficientes para que un partido obtenga un escaño adicional contribuyan a favorecer a una formación aliada, siempre que ambas hayan superado el umbral electoral. Eisenkot ha pactado con Golan; Bennett y Lapid, con Lieberman; y Netanyahu, con Smotrich.

La votación presenta también particularidades territoriales en lo que respecta al derecho de sufragio. Mientras que la mayoría de los israelíes residentes en el extranjero deben regresar al país para votar, en Jerusalén Este, considerada territorio palestino ocupado por la comunidad internacional, la situación es diferente: unos 350.000 palestinos tienen allí residencia permanente, pero no la ciudadanía israelí y, por tanto, no pueden participar en las elecciones. En cambio, los israelíes que viven en los asentamientos de Cisjordania sí tienen derecho a voto.

Los colegios electorales cerrarán a las diez de la noche, hora local, y el recuento se alargará durante la noche y el día siguiente, en parte por el procesamiento de los votos de militares desplegados en bases, presos y personas hospitalizadas que se contabilizan mediante un sistema de doble sobre para comprobar que no se haya votado más de una vez. La confirmación oficial de los resultados está prevista para el 4 de noviembre.

Las elecciones ponen a prueba la continuidad de Netanyahu y el poder de la derecha religiosa y ultranacionalista. Sin ningún bloque cerca de la mayoría, los pactos, incluido un posible gobierno alternativo donde el apoyo de los partidos árabes sea vital, pueden decidir quién gobierna o volver a sumir a Israel en el bloqueo político que entre 2019 y 2022 llevó al país a las urnas cinco veces.

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