Putin lanza una nueva ofensiva en Ucrania para conquistar las últimas fortalezas del Donbás

El enésimo ataque ruso de primavera arranca con contratiempos y cifras insostenibles de soldados muertos

MoscúDespués de un invierno de frío extremo y nevadas históricas, el ejército ruso ha aprovechado un marzo anormalmente seco y soleado para relanzar los ataques a Ucrania. El principal objetivo de los hombres de Vladímir Putin es conquistar el llamado “cinturón de fortalezas” de Donetsk, sobre todo las dos últimas grandes ciudades bajo control de Kiev: Sloviansk y Kramatorsk. Ahora bien, los avances rusos continúdan siendo muy lentos y los expertos descartan que puedan ocupar todo el Donbás a lo largo del 2026. Además, los primeros días de ofensiva ya se han traducido en un aumento de los muertos en primera línea que será muy difícil de compensar para el Kremlin con el ritmo actual de reclutamiento.

Las alarmas sonaron a mediados de mes, cuando las tropas ucranianas detectaron que se disparaban las operaciones de asalto rusas en todos los frentes. En cuatro días, se registraron más de 600 ataques, se volvieron a ver vehículos blindados y se desplegaron batallones de hasta 500 soldados, una cifra inusualmente alta. Según el think tank norteamericano Instituto para el Estudio de la Guerra, todos estos elementos combinados demuestran que Moscou ha intensificado de nuevo la ofensiva en el este de Ucrania.El proyecto ucraniano de análisis militar Deep State confirma que el ejército ruso ha hecho progresos al noreste de Sloviansk, cerca del municipio de Liman, un enclave importante para la defensa de esta ciudad fortificada. Y también se han observado preparativos para lanzar misiones terrestres desde el sureste de Kramatorsk, en Kostiantínivka, otra localidad fundamental para un posible asedio de los últimos grandes bastiones de Donetsk. Sea como sea, los combates no han alterado significativamente el mapa de la guerra ni se prevé que lo hagan a corto plazo, porque el derramamiento de sangre en las filas rusas está resultando enorme. El estado mayor ucraniano calcula que las tropas del Kremlin sufren de media más de 1.500 bajas al día. Pero, a diferencia de años anteriores, en que los sueldos y las bonificaciones de las diversas regiones de Rusia atraían a más de mil voluntarios diarios al conflicto, cada vez menos personas están dispuestas a alistarse, según los últimos datos. El Kremlin quiere triunfos

Otro elemento ha jugado en contra de los planes del Kremlin en las últimas semanas: el apagón de la red de satélites Starlink para sus soldados. El ejército ruso tiene dificultades para redistribuir tropas y logística en el frente a causa de los contraataques exitosos ucranianos en el sur, en Dnipropetrovsk y Zaporiyia, que han obligado a reforzar estos sectores y han interrumpido los preparativos de los mandos rusos.

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Desde que en febrero Elon Musk vetó a los militares rusos el acceso a su sistema de internet, Moscú se quedó sin las imágenes en directo de la primera línea y sus drones perdieron eficacia. Esto facilitó que las fuerzas ucranianas consiguieran las mayores ganancias territoriales desde 2023 —más de 400 kilómetros cuadrados, afirmó Volodímir Zelenski— y expulsaran prácticamente a los soldados rusos de la región de Dnipropetrovsk. Sin embargo, los analistas del grupo finlandés Black Bird quitan hierro a estas operaciones y a las proclamas triunfantes de los líderes ucranianos. Apuntan que las conquistas se han producido en áreas rurales, muy poco densas, que Rusia no había podido consolidar y sin valor estratégico. Es decir, no se puede hablar de contraofensiva, sino de acciones limitadas para intentar estabilizar el frente y entorpecer la campaña rusa.

Aun así, simbólicamente, sí que privan a Putin de uno de los argumentos propagandísticos preferidos para condicionar las negociaciones con los Estados Unidos, ahora estancadas por la guerra en Irán. Si con la revitalización del proceso de paz, en otoño de 2025, el presidente ruso había aparecido en diversas ocasiones vestido de militar para sacar pecho de supuestos triunfos en el campo de batalla, con la esperanza de que Donald Trump viera como inevitable la victoria rusa en la guerra, en 2026 aún no se ha dejado ver.

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Putin no solo no puede presumir de éxitos militares, sino que uno de los trofeos que más blandió de forma prematura a finales de año, “la liberación” de Kupiansk, en Járkov, ha quedado en nada. Los bloggers Z admiten que la ciudad está “totalmente perdida”, en parte por la pérdida de Starlink, pero también porque los equipos de asalto no recibieron refuerzos y se convirtieron en carne de cañón para los drones ucranianos. “Todos los chicos han muerto”, escribía esta semana el corresponsal de guerra ruso Vladímir Románov.En el quinto año de guerra en Ucrania, ya nadie espera grandes ofensivas capaces de provocar cambios dramáticos en el campo de batalla. La obstinada estrategia mortífera de Putin y la obstinada defensa irredenta de Zelenski anticipan una prolongación de la guerra de desgaste que solo podría acabar a través de una vía diplomática que parece más encallada que nunca.