La cugula, la maleza que reivindica la mujer marginada
Las artes plásticas, la poesía, la danza y la moda se unen para reivindicar esta planta como recurso feminista
MollerussaLa cugula es, según el diccionario, una planta de la familia de las gramíneas, similar a la avena, que aparece muy frecuente en el borde de los cultivos. Genéricamente se considera una maleza. Y, seguramente por esta última realidad, el mundo rural utilizaba el término "cugula" para referirse a menudo a lo que una embarazada llevaba en su vientre: una niña.
Esta discriminación sociolingüística del patriarcado ha provocado que en los últimos años hayan aparecido diferentes movimientos sociales y culturales que quieren reivindicar la cugula sin pudor alguno, para defender los derechos de la mujer dentro del mundo rural. Todo un alud de lecturas feministas en torno a esta planta silvestre.
La primera iniciativa conocida fue la del artista Núria Costa Balasch (Albesa, 1975) que hace cinco años inició el proyecto itinerante #soccogula para reivindicar esta planta por "su resiliencia, su capacidad de nacer sin haber sido sembrada y de haber acampado libremente, sin permiso hallado".
Poco después, en Solsona surgió una asamblea LGTBI+ con el mismo nombre de la maleza "para visibilizarnos y reivindicar nuestro espacio en el entorno rural", argumentan sus responsables.
En este mismo contexto, el poeta mollerusense Jaume Suau publicó el libro Ulls de cugula (premio de poesía Maria Mercè Marçal 2020) que, además de dedicarlo a su hija Lupa, quería así reivindicar el papel de las mujeres en la sociedad rural y, en general, para "homenajear a todas aquellas perzsonas que no han tenido una vida fácil".
La escritora Ivet Eroles Palacios (Santa Maria de Meia, 1988) ha publicado hace pocos meses una recopilación de poemas y relatos con ilustraciones que, bajo el título Cugula, con el que quiere "enredarse con malas hierbas para encontrar refugio", argumenta.
Y hace apenas un año, nacieron también los primeros pantalones con el sello La Cugula. Lo hicieron de la mano de la mollerusense Anna Cabal Verdés, maestra de inglés, vinculada con el mundo de las artes escénicas, sobre todo del circo y, durante los últimos años, muy activa en la práctica del contacto improvisación, una modalidad de danza en pareja que juega con el experimento y la imaginación. Fue por la afición a esta última disciplina cuando Cabal le pidió un favor a su madre, Dolors Verdés, una modista de setenta años ya jubilada. "Le propuse que me hiciera una prenda cómoda, funcional y bonita a la vez", recuerda Cabal.
Cuando Dolors cosió un primer modelo, su hija le fue vistiendo en todos aquellos encuentros y festivales de danza en los que participaba y muchas de las compañeras con las que se encontró se mostraron interesadas. Una de las más curiosas fue Rocío Rodríguez Murillo que, además de asidua practicante de la danza, es también una diseñadora gráfica establecida en Olost (en la comarca del Lluçanès). Su interés mutuo por promover una ropa cómoda y digna confluyeron para acabar generando una marca que ya está dando pequeños pasos en el mercado de la ropa. "El hecho de bailar con este pantalón se convierte en un gesto salvaje, como la cugula, que crece libremente y sin restricciones", defienden ambas emprendedoras.
La madre de Anna Cabal continuó diseñando (y perfeccionando) los patrones y un pequeño taller local participó en la confección de las primeras piezas. Además, configuraron juntas una imagen gráfica que las definiera, la silueta de una cugula.
El verano del año pasado arrancaron oficialmente con la promoción de la marca de pantalones La Cugula. Desde Asturias al Valle de Boí, pasando por Baldellou (Huesca) y Bilbao, cualquier cita ha sido una buena excusa para montar una sencilla parada de venta. "Es un proyecto pequeño, sostenible, hecho en nuestra casa con mucho de cariño", justifica Rocío Rodríguez.
Las primeras unidades que confeccionaron hace un año estaban hechas de poliéster, un material sintético con un corte muy pensado para el público femenino. Por último, han ido perfeccionándolas añadiendo diferentes tipos de telas, incorporando el algodón y la viscosa, esta última una fibra que se obtiene a partir de la pulpa de madera, que le da la elasticidad que buscan las promotoras y, al mismo tiempo, por cumplir con unos criterios de sostenibilidad. "Intentamos responder a las necesidades que hemos estado recogiendo en los encuentros y festivales donde vamos a vender", explica Cabal. Por este último motivo, ya se pueden elegir dos modelos distintos de longitud, con el tobillo como punto de referencia.
La producción es muy limitada y se confeccionan solos según la demanda existente. Por eso, no está siempre disponible todo el abanico de colores (verde pistacho, verde oliva, negro, crudo, lila, rojo, naranja…). "Alguna vez nos hemos planteado ofrecer pantalones personalizados, al gusto de cada uno, pero eso haría doblar su precio", admite Rodríguez. Actualmente, unos pantalones cuestan cuarenta euros y hacen tiradas de una veintena de unidades unas seis veces al año, más o menos cuando ven que se quedan sin stock. "Queremos crecer muy despacio", avisa Cabal, que prevé próximamente la creación de una página web de venta online si el proyecto se acaba consolidando.
"Como una segunda piel"
La terapeuta psico-corporal Lara Terradas, también asidua al baile, asegura que, aparte de agradarle la comodidad del pantalón, asegura que "son muy flexibles, se adaptan al movimiento y se agarran perfectamente a mi cintura". "Me gusta mucho la caída que tienen, porque están hechos con una ropa que, al igual que el contacto improvisación, baila con la gravedad", añade Terradas.
Otra profesional, Maria Comas, profesora de telas aéreas (una conocida disciplina del circo) asegura que eligió este pantalón por su versatilidad técnica "y porque su cintura alta me genera una segunda piel que me protege la ab~ argentina Julieta Ferraro, que con sus espectáculos experimenta entre danza contemporánea, literatura, música, circo, teatro físico y artes marciales, asegura que, cuando lleva los pantalones, "siento como si fuera desnuda pero, a la vez, con una buena protección" Y BK_SLT_LNA~ Y es que los pantalones La Cugula está bailarina. En cualquier caso, las promotoras aseguran que está también teniendo una buena respuesta entre los hombres Quizás por una convicción ideológica feminista o quizá por una cuestión puramente práctica, les está gustando. y, al mismo tiempo, sensibilidad al tacto de la piel".
La pequeña comunidad de la danza y, especialmente, la del contacto improvisación, va hablando cada vez más sobre esta nueva aportación que va más allá de la moda. "Hay poesía en esta pieza –añade Ramon–, porque quiere recuperar memoria, porque al final venimos de algún sitio, venimos de personas que crearon esta danza, que la mostraron desde la generosidad". Y muchos miembros de la comunidad describen a Anna Cabal y Rocío Rodríguez como dos personas generosas, "que ofrecen esta pieza para compartir una vivencia y una manera de ver la danza y la vida".