Todo puede cambiar de golpe
En el año 2023 la Generalitat realizó una campaña titulada El agua no cae del cielo para recordarnos la importancia de ahorrar agua en plena sequía. Tres años después, el gobierno de todos ha puesto en marcha Todo puede cambiar de golpe, una nueva campaña de Protección Civil para advertirnos de los peligros de las lluvias torrenciales. El anuncio, que habréis visto en diferentes pausas publicitarias de TV3, refleja muy bien esta idea de riesgo en zonas aparentemente seguras. Se advierte que se ha utilizado la inteligencia artificial para recrear algunas escenas, que se alternan con imágenes reales para reflejar el contraste entre el antes y el después del gran diluvio. Un bucólico torrente de agua en un pueblo que se convierte en unas cascadas violentas, un aparcamiento junto al mar que desaparece bajo la furia de las olas, un coche aparcado del cual después solo se ve el techo, una calle que se convierte en un río vigoroso imposible de cruzar, y un puente al final de un arroyo que queda obstruido por una pila de coches destrozados. Imágenes que, desgraciadamente, hemos visto demasiadas veces en los últimos años sin necesidad de la IA. El sonido juega acertadamente a la hora de potenciar el contraste repentino entre la calma y la catástrofe. La voluntad de concienciar a la población tiene lógica. Desde el punto de vista creativo, el anuncio es impactante. Está bien planteado para que los espectadores aprendamos a desconfiar de paisajes habituales supuestamente seguros. El anuncio, sin embargo, apela al miedo. El regusto que dejan estas campañas es el de la duda sobre si, en el fondo, son una transferencia de responsabilidad. Una manera de curarse en salud para que no se diga que la población ya hemos sido prevenidos institucionalmente de cualquier fatalidad que pueda llegar. “Ellos” ya nos han avisado. La línea entre la responsabilidad pública y la individual queda diluida. Nos insinúan que nos protejamos, lo que no deja de ser una obviedad. Quizás falta explicar dónde queda, mientras tanto, la responsabilidad del gobierno: qué pasa con las zonas inundables, el mantenimiento de infraestructuras, el control de arroyos, el sistema de alertas...Es difícil comprobar la eficacia de este tipo de campañas masivas a la hora de modificar conductas, sobre todo cuando priorizan esta carga emocional. ¿El anuncio ayudará a diferenciar una simple lluvia de una alerta real? ¿La campaña evitará catástrofes? ¿La población actuará de una manera más adecuada ante futuros aguaceros? La amenaza nos ha quedado clara, pero no la respuesta a todo ello. Ni dónde queda la responsabilidad de cada uno: la de los ciudadanos y la del gobierno. Tendremos claro que todo puede cambiar de golpe, pero no qué hay que hacer.Irónicamente, la campaña ha coincidido con la polémica por la falta de envío de la ES-Alert durante los fuertes aguaceros en el Campo de Tarragona a finales de agosto. El consejero Ramon Espadaler lo justificó diciendo que “la meteorología no es una ciencia exacta”. La frase quizás la podrán aprovechar de eslogan en la próxima campaña.