Las influencers y los presentadores de más de 60

TV3, ajena al debate sobre la crisis de las influencers, escogió a Dulceida para presentar el Piromusical de la Mercè. Muy oportuno, porque sus limitaciones ante la cámara aportaron unos cuantos espasmos al festival de fuegos artificiales. La crisis se confirmaba. La presentadora se expresaba con una impostura antinatural porque tenía que leer el guion del teleprompter como si fuera un ejercicio que le suponía una tensión y una dificultad enormes. Ella misma se puso en evidencia. Una vez acabada la introducción inicial se filtró por el micrófono su grito de liberación por haber conseguido leer el párrafo entero. Ánimo, pues. 3Cat está regalando un curso acelerado de presentadoras de tele a las influencers del país.A continuación se estrenaba Vèrtex, y con el regreso de Ramon Pellicer a la pantalla era inevitable observar un hecho sintomático. Tres de los programas más importantes de la parrilla de TV3 están presentados por hombres de más de sesenta años: Xavier Grasset en La Selva, Jordi González en Col·lapse y ahora Pellicer. La experiencia es un grado, sobre todo porque tiene que ver con la autoridad y la credibilidad. Pero resulta que de mujeres presentadoras de más de sesenta años, en cambio, no se ven liderando un programa. TV3 prefiere a las influencers, jóvenes e inexpertas, como Dulceida y Laura Escanes. En la promoción de La travessa nos enseñan a Escanes haciendo de sirena bajo el agua y emergiendo del mar en bañador como hacían las partenaires de James Bond. Incluso incorporan un plano detalle de su cadera. Son presentadoras que han de trabajar en formatos grabados para disimular parte de sus carencias y que en directo hacen sufrir. Su nivel no se aceptaría en profesionales de la cadena. Pero se les admiten estas carencias porque se considera que lo compensan con argumentos de imagen y repercusión. Se prioriza la corporeidad de estas celebridades del ámbito digital antes que sus habilidades televisivas. La misma Escanes lo reconocía en una entrevista a El matí de Catalunya Ràdio. “Soy un perfil de entretenimiento muy vacío”, decía, y lo generalizaba a los influencers que se dedican a explicar “qué ropa se ponen y dónde han comido”. Dicho y hecho. Pero TV3 las elige por delante de presentadoras profesionales con talento y bagaje. Y esto delata un sexismo impropio de una televisión pública. Mientras tanto, el sábado, Col·lapse arrancaba con Jordi González haciendo un anuncio a la audiencia: “He pactado con la dirección de esta empresa que hago encantado esta temporada, pero con una condición: este programa es largo y yo necesito descansar un poco y me han concedido este capricho. Descansar un minutito y medio cada noche, porque, si no, no llegaré a mayor, ¿me entendéis?” Después interaccionó con el público con su condescendencia habitual y añadió que no recordaba qué más quería decir. Ya se entiende que todo ello era una comedieta inverosímil para intentar dinamizar un show que continúa tan encorsetado como siempre. Tantas semanas de vacaciones para arrancar con un Jordi González que ya parece que empiece cansado.