Una comedia sobre un drama

Mucha gente tiene que morir es un título que sugiere una mirada pesimista de la vida, una mala leche que denota un desgaste existencial y una dosis extra de sarcasmo. Concuerda con lo que propone la serie que ha estrenado Movistar+, creada por la humorista, guionista y escritora Victoria Martín. Cocreadora del pódcast Estirando el chicle, un fenómeno de éxito gracias a sus contenidos irreverentes y feministas, Martín ha adquirido una voz propia con tendencia a la autoparodia y al humor negro que refleja las inseguridades de su generación. Este universo también lo convirtió en una novela, que ahora ha adaptado a la pantalla con un estilo descarnado y ácido.Hay que morirse mucha gente funciona desde una perspectiva muy generacional, especialmente con el público femenino. Se recrea en la crisis de los treinta de tres amigas de toda la vida: la Bárbara (Anna Castillo), la Elena (Macarena García) y la Maca (Laura Weissmahr). La primera es adicta a las benzodiacepinas, la segunda está embarazada —sin haberlo deseado— de un millonario mucho mayor que ella y la tercera tiene tendencia a las relaciones tóxicas. Su vínculo de amor-odio y tener que compartir piso aún les complicará más la existencia.Lo mejor de la serie son los diálogos ingeniosos y ágiles que dan mucha personalidad a las protagonistas. La idea de incluir un alter ego infantil de Bárbara como un personaje más para subrayar su inmadurez es sensacional, sobre todo porque retrata el talante más cruel y sin filtros de una niña indignada. Pero más que un malestar contra el mundo y contra el entorno, el gran problema que quiere explicar la serie es la falta de autoestima. No soportan a la gente, pero sobre todo no se soportan a ellas mismas.Los problemas de salud mental son una constante en la serie, pero filtrados a través del humor negro. Y aquí es donde emergen algunos de los aspectos más incómodos. La adicción a las benzodiazepinas se integra con ligereza dentro del talante del personaje de Bárbara, y la conducta de la embarazada bebiendo alcohol y fumando cuesta de percibirse como parte de la comedia. Hay una banalización de estas circunstancias que, según cómo, se hace difícil de gestionar. La serie confía en que el humor desactivará la gravedad de los hechos, pero acaba cayendo en la romantización de los problemas de salud mental. Demasiado a menudo, algunas ficciones que quieren retratar el universo femenino convierten la autodestrucción en un atributo atractivo de los personajes, en un elemento de fascinación. Las adicciones, la ansiedad o las conductas de riesgo devienen la marca de su personalidad para dotarlos de encanto y complejidad. Pasa muy especialmente cuando estos personajes se quieren presentar como irreverentes, modernos e indomables. Hay una idealización cómica del malestar y la inestabilidad emocional. Es como si los problemas de salud mental dotaran a las personas de carisma. Y cuando esta confusión se traslada a la vida real, entonces no hablamos de comedia, sino de drama.