Felipe González tiene una lección para ti

Diecinueve hombres tiran del cable que debe trasladar el cadáver gigantesco de 3.200 brazadas hasta la tumba. Es la premisa de la sublime novela El padre muerto, de Donald Barthelme. El hijo y su mujer lideran la penosa expedición, mientras se preguntan cómo puede ser que aquel ser omnipresente siga dictando su ley incluso una vez fallecido. Porque hay un problema: el padre sigue pronunciando discursos, promulgando edictos y descargando su furia paternal censora.En otro orden de cosas, Felipe González copa hoy dos de las portadas de los diarios de derechas de Madrid. Me quedo con la de El Mundo, donde destacan esta cita suya: “Hay una responsabilidad política: dimita o convoque elecciones”. Se trata del hombre que aseguró enterarse del caso Filesa o Roldán por la prensa hasta el punto que esta excusa se convirtió en una frase recurrente para ridiculizarlo. Y es exactamente el mismo hombre que acompañó al exministro José Barrionuevo y al exsecretario de estado Rafael Vera a la puerta de la cárcel cuando fueron condenados por el secuestro de Segundo Marey. Genio y figura, Felipe González reclama ahora la asunción de responsabilidades, él que atribuyó toda la podredumbre que afloró a través de El Mundo –vaya por dónde, ahora diario tan amigo– a una campaña mediática de lo que llamaba el sindicato del crimen. Quién le iba a decir, años ha, que el rotativo fundado por Pedro J. Ramírez sería quien le restituyera la autoridad moral perdida.