Cómo hacer la foto perfecta de la Sagrada Familia: los profesionales revelan sus trucos
El templo es uno de los iconos de la ciudad, pero capturarlo en una imagen no siempre es fácil
BarcelonaSi esto es el Big Ben, estamos en Londres. Si esto es la Torre Eiffel, estamos en París. Y, si esto es la Sagrada Familia, estamos en Barcelona. Hay edificios con la capacidad de representar toda una ciudad solo con figurar en una fotografía y el templo proyectado por Antoni Gaudí ocupa una posición destacada en este Olimpo instagramer. El ARA ha hablado con fotógrafos que han retratado la Sagrada Familia para que expliquen qué hacer (y qué no hacer) a la hora de capturar este icono en una estampa para el recuerdo.
Evidentemente, no hay una única imagen buena posible. Lo recuerda Pere Virgili, fotógrafo de este diario, porque aquello que captamos puede querer hablar de la arquitectura de la Sagrada Familia y los mil y un detalles imaginados por Gaudí y sus seguidores, pero también podemos querer mostrar el encaje del templo en la ciudad, su proceso de construcción, el imán que supone para las multitudes de turistas o su aspecto cambiante según la meteorología. “Tengo la suerte de que, desde el balcón de casa, la veo. Esto me ha permitido clavar la cámara cuando veo que se acerca una tormenta del sur y esperar al momento preciso en que los rayos se dibujan contra su silueta”, explica, al recordar una de las imágenes más impresionantes que tiene de la Sagrada Familia en su perfil de Instagram. “Eso sí, todavía no tengo la foto del rayo impactando con la cruz ya acabada. Esa todavía la estoy esperando”.
Una de las primeras decisiones que hay que tomar es si queremos la Sagrada Familia “limpia” o no. Es decir, si queremos fotografiarla sin gente, para centrar la mirada en su figura y eliminar posibles distracciones. Esto nos obligará a levantarnos a horas intempestivas o a fotografiarla desde lejos. “Montjuïc o cualquiera de las tres colinas es una buena opción”, sugiere Virgili. Pero también es válida la actitud opuesta: integrar a la gente que la admira, lo cual se parece más a la experiencia habitual de pasar por allí cerca, abriéndose paso entre la multitud. Entonces el truco es la composición y hacer que los elementos humanos que aparezcan tengan intención y expresen algo concreto. “Pasa lo mismo con las grúas”, explica este fotógrafo. “Al principio es fácil pensar que molestan, pero pensé: no, no, el elemento humano es importante. Sin aquella gente que trabaja a estas alturas, no se habría podido construir”.
El otro factor clave es la luz. Hay que evitar el mediodía, con el sol cayendo a plomo y dejando sin sombras la Sagrada Familia (lo que le resta volumen). Dependiendo de si elegimos mañana o tarde, encontraremos una fachada mejor iluminada que la otra. Y, evidentemente, también está la maravilla de retratar su interior, aunque entonces no es fácil identificarla en tres microsegundos. “Un agente de seguridad me acompañó un día para verla por dentro”, revela Virgili. “Vimos mil detalles y, al final, me dijo: «Es que no te la acabas nunca»”.
Ten cuidado con la perspectiva
Otro escollo a evitar son las líneas de fuga. Si la fotografiamos demasiado de cerca, en un plano picadísimo mirando hacia arriba, empezaremos a crear distorsiones que solo tienen sentido, de nuevo, si se juegan con una intención. Cuanto más centrados, más fácil mantener la simetría y que el conjunto no se desmorone del todo. “La composición es lo que cuenta. Y se nota enseguida cuando está controlada o no. A veces, todo se arregla moviéndote un par de pasos a la izquierda, o a la derecha”.
Robert Ramos tiene también unas cuantas fotografías impactantes de la Sagrada Familia, en las que juega con el Sol. Tomadas desde mucha distancia –unas las tiró desde Sant Boi, con un 1.000 de teleobjetivo– las torres aparecen coronadas por una inmensa bola de fuego, por el efecto de la compresión de la perspectiva. Eso sí, hay que plantar la cámara en un lugar muy preciso, y en el momento adecuado. “La encuentro horrorosa, la Sagrada Familia, y más ahora con la cruz: queda muy desproporcionada”, explica este profesional. “Pero es verdad que se ha convertido en un cierto reto entre fotógrafos, eso de ir a buscar la imagen más espectacular”. Otra de las estampas de Ramos está tomada desde Montgat, de manera que se ve la obra de Gaudí precedida por un buen trozo de mar.
Pero también los aficionados de domingo pueden hacer pruebas de crear una imagen de la Sagrada Familia que sea visualmente atractiva, poco vista. “En esta época, que el sol se pone más por detrás de Collserola, una buena foto la tienes subiendo por el Arrabassada”, detalla Ramos. “Hay un punto, antes de la gasolinera, en el que hay una curva con un desvío de tierra donde puedes pararte un rato. El horizonte te queda por encima, pero puedes coger la Sagrada Familia con el mar de fondo e iluminada por el sol cálido de la tarde. Y si tienes la suerte de que te pase una barquita... Es una foto asequible, porque no te obliga a levantarte a una hora intempestiva”.
Eso sí, hay que tener claro que, cuanto más distancia interponemos, menos definición conseguiremos. “Claro, es fácil que desde lejos captes neblina o que la foto quede afectada por las turbulencias de la atmósfera. Yo no soy partidario de retocar demasiado. No me gusta Disney: intento ser fiel a lo que se ve. Si te encuentras una foto de la Sagrada Familia tomada de lejos y perfectamente definida... sospecha. Que la fotografía quizás se ha hecho, pero debe estar hiperretocada o tratada con IA”, alerta Ramos.
La insistencia, fundamental
Para tener una fotografía única hace falta otro ingrediente imprescindible: el tiempo. Lo sabe bien Núria Puentes, que estuvo seis meses preparando lo que acabó siendo una triple portada para National Geographic. Una de las perspectivas inéditas la consiguió haciendo volar un dron de 249 gramos –un gramo menos del límite que marca la ley– hecho volar desde dentro del templo, porque así los 120 metros de altura permitidos empezaban a contar desde aquel punto y, por lo tanto, se podía conseguir el espectacular plano casi cenital. “Fue muy difícil, porque había demasiado viento”, recuerda la fotógrafa. “Se había pospuesto varias veces y, finalmente, decidieron rematar la colocación de la cruz un viernes por la mañana a las siete. Solo tenía diez minutos para conseguir la foto precisa, así que tenía cero margen de error. Y toda la presión del mundo, porque sabía que aquella foto iría a muchas ediciones internacionales de la revista”.
El otro factor, evidentemente, es la insistencia. No solo la de levantarse a las cinco de la mañana para bajar desde Lliçà de Vall y pillar la salida del sol en Barcelona. También la de hacer clic una vez y otra. Puente tiró 4.800 fotografías, de las cuales editó 664 para acabar publicando 28. En total, 21 sesiones de fotografías. “Estaba emborrachada de imágenes”, explicaba a ARA.
Para los fotógrafos de domingo, Puente recomienda encontrar un lugar elevado. Su preferido es el Turó de la Rovira: “Se ve el mar de fondo y es uno de los miradores más bonitos de Barcelona y se encuadra el 22@ y las torres de Badalona. Pero también la puedes captar desde el Macba y desde Montjuïc. No siempre se ha de querer cogerla entera”, recuerda.