Prensa

Jeff Bezos despedirá a más de un tercio de los periodistas del 'Washington Post'

El diario sufre una crisis de lectores y de imagen a raíz de lo interpretado como una aproximación descarada a Trump

Cuando Jeff Bezos compró el Washington Post en 2013 en la familia Graham era evidente que no esperaba enriquecerse con la operación –ya poseía una de las mayores fortunas del planeta como propietario de Amazon–, sino que más bien pretendía demostrar que podía salvar una cabecera histórica que entonces tenía graves problemas. Pero pese a los primeros años de expansión y fichajes, los resultados no han terminado de consolidarse y ahora el empresario ha decidido empezar a adelgazar la estructura del diario, célebre por haber ayudado a destapar el caso Watergate, que se saldó con la dimisión del presidente Richard Nixon.

En concreto, se calcula que el rotativo se deshará de 300 periodistas, lo que representa más de un tercio de los 800 que tiene. Las áreas de redacción que más lo sufrirán serán deportes, internacional y local. Aparte, también habrá despidos en el área de gestión. Según ha explicado el director de la cabecera al personal este miércoles por la mañana, el diario lleva demasiado tiempo perdiendo demasiado dinero y que no satisface las necesidades de los lectores, por lo que se quiere que la cabecera se centre sobre todo en las coberturas de la política nacional, la economía y la salud, en detrimento de las otras áreas. De hecho, la sección de deportes cerrará, aunque algunos periodistas se mantendrán para realizar coberturas especiales o reportajes específicos.

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En cuanto a la cobertura internacional, se mantendrán una docena de corresponsalías, pero ya se han anunciado despidos en Oriente Próximo, India y Australia. El jefe de sección ha pedido que le despidan, porque se niega a pilotar los recortes en su área. El editor del Washington Post en esta última etapa fue Will Lewis, que intentó remodelar el diario infructuosamente aplicando, entre otras medidas, la inteligencia artificial como herramienta para propulsar los comentarios. En una reunión colectiva hace año y medio lanzó una alerta de que se ha demostrado premonitoria: "Estamos perdiendo mucho dinero. Su audiencia se ha reducido a la mitad en los últimos años. La gente no lee lo que escriba".

El venerable diario ha atravesado, además, una crisis de imagen importante desde el regreso de Donald Trump a la presidencia. Cuando todavía lo dirigía Martin Baron, el papel de Jeff Bezos se limitaba básicamente a darle apoyo financiero. En cambio, cuando el veterano periodista fue relevado, el dueño de Amazon empezó a intervenir más directamente, en lo que se ha interpretado como una aproximación al presidente estadounidense (para salvar a los negocios de su compañía que dependen de contratos públicos).

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El movimiento más decisivo, que desató una ola de protestas y una cancelación masiva de suscripciones, fue la orden que dio al equipo de opinión prohibiendo que se publicara una pieza que ya tenían preparada en la que recomendaban el voto para Kamala Harris. Bezos defendió públicamente la decisión de no pronunciarse en favor de un candidato, como había sido tradición en las últimas décadas. Semanas después, exigió también que los artículos de opinión se centraran en defender las libertades personales y el mercado libre. David Shipley, responsable de la sección, dimitió. Ese enero, en la ceremonia de investidura de Trump, Bezos se sentaba en segunda fila, justo detrás de la familia presidencial.

En un comunicado reaccionando a la noticia, Baron lo ha calificado como "uno de los días más oscuros en la historia de uno de los medios de comunicación más importantes del mundo".