Marcos Llorente ya se puede asar al sol

El martes por la noche, Pablo Motos entrevistó al futbolista Marcos Llorente, que está promocionando su libro sobre salud. Se trata de una publicación de estética zen, como si fuera una edición selecta de un artista famoso. Llorente, más allá de ser un eficaz soldado de Simeone en el Atlético de Madrid, se ha hecho célebre por sus teorías extravagantes sobre el funcionamiento del cuerpo humano y el bienestar. Promociona unas gafas de cristales amarillos y rojos por unas historias sobre la melatonina que la comunidad científica ha rechazado. El jugador regaló unas gafas al presentador y a las hormigas de peluche para difundir su uso. Motos picó al futbolista para que repitiera sus teorías sobre la exposición solar a pesar de saber que han provocado la indignación de oncólogos y dermatólogos. Llorente desaconsejaba el uso de los protectores solares porque aseguraba que el sol no hace daño a la piel. Afirmó que no estaba demostrado que la exposición solar a lo largo de los años pudiera provocar cáncer. El argumento fue delirante: “¿Y cómo miden esto?”, preguntó. E insistió en que era imposible saber si un cáncer de piel era fruto del sol o de cualquier otro hábito poco recomendable. Obviamente, Pablo Motos no supo rebatirle, porque no tiene los conocimientos para hacerlo y ni siquiera se había preparado. Por tanto, en horario de máxima audiencia y público familiar, un programa líder volvió a dar espacio y voz a un negacionista con tesis esotéricas vendiéndolas como consejos saludables.Llorente es percibido, por buena parte de los espectadores, como una figura aspiracional y de autoridad. Es penoso, pero es así. Personajes de éxito y gran poder adquisitivo que se consideran referentes o ejemplos a seguir. La televisión a menudo juega a la farsa equidistante del “todas las opiniones son respetables”, pero hay algunas que no lo son porque atentan contra la salud pública. En cuestiones científicas no todas las opiniones son respetables. El planteamiento del “no se puede demostrar” o el “¿cómo lo saben?” en un contexto sin ningún experto es una trampa. Al farsante le sirve para aparentar un escepticismo racional, una especie de pensamiento crítico, cuando en realidad aprovecha la ausencia de una autoridad para sembrar la duda sin tener que aportar ninguna prueba. Utiliza la duda para desacreditar la evidencia médica cuando no hay nadie delante que lo pueda explicar desde la ciencia. En cambio, nadie le pide a Llorente que sea él quien demuestre sus teorías. Le basta con defenderlas desde la fatuidad, dando consejos de bienestar para ricos con vidas ociosas: “Tienes que exponerte al sol progresivamente desde el alba”, dice el espabilado.Los medios audiovisuales premian la disidencia porque genera viralidad, polémica y el llamado engagement. Por eso, esta manía preocupante de dar espacio a los negacionistas. A Motos, la exposición solar y las cremas le importan un bledo. Él quiere que al día siguiente el mundo digital destaque la barrabasada, sin tener en cuenta que es de una gran irresponsabilidad social. En todo caso, en privado, Llorente y todos los que le hacen la pelota pueden asarse al sol tanto como quieran. Adelante con sus convicciones.