Dígitos y Androides

Ni Musk ni Bezos te liberarán (todavía) de tu operadora móvil

El satélite no compite con la fibra allá donde la hay, sino solo en el pequeño porcentaje del territorio donde ningún operador terrestre ha llegado nunca, ni llegará

10/07/2026

Este viernes hace 64 años que la NASA puso en órbita el Telstar 1, el primer satélite comercial de telecomunicaciones. Actualmente, 10.413 satélites de Starlink, la empresa de Elon Musk, sobrevuelan nuestras cabezas. En cambio, la Unión Europea, que hace años que habla de autonomía estratégica en telecomunicaciones, todavía no ha lanzado ninguno de su proyecto emblemático. La diferencia explica dónde estamos en 2026 en conectividad por satélite.

Starlink aseguraba en el MWC de febrero pasado en Barcelona haber superado los 10 millones de abonados a su servicio de internet por satélite; sus directivos confiaban en llegar a los 25 millones antes de que acabe el año. Son previsiones optimistas, pero la tendencia es clara: se estima que Starlink ya es el sexto operador con más usuarios únicos en España, con más de medio millón de conexiones activas.

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Fibra y satélite no juegan en la misma liga

Este éxito debe ponerse en contexto: en España, la fibra óptica llega al 95,92% de la población, según los datos oficiales más recientes. Es la cobertura más amplia de Europa, muy por delante de Alemania o el Reino Unido. El satélite no compite con la fibra allí donde existe, sino solo en el pequeño porcentaje del territorio donde ningún operador terrestre ha llegado jamás, ni llegará.

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En el fondo hay una cuestión física. Los satélites geoestacionarios orbitan a unos 36.000 kilómetros y mantienen siempre la misma posición respecto a la Tierra, pero esta distancia introduce en la señal un retardo de cientos de milisegundos. Los de órbita baja (como Starlink o Amazon Leo) vuelan a menos de 2.000 kilómetros y reducen la latencia a niveles comparables a los de la fibra, aunque se necesitan miles para cubrir todo el planeta. Algunos operadores ya combinan las dos órbitas, y también la media, en constelaciones híbridas.

En el reducido territorio donde el satélite sí compite con la fibra, los números se pueden comparar directamente. Starlink ofrece en España tres tarifas, de 35 a 65 euros al mes, con velocidades entre 100 y 400 Mbps de bajada y una latencia de entre 20 y 40 milisegundos. Con la fibra, allí donde llega, por menos de 25 euros tienes más velocidad de conexión que la más alta del satélite y latencias inferiores a los 10 milisegundos.

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Amazon parte de una posición más atrasada. Su constelación Kuiper, ahora rebautizada como Amazon Leo, tenía el mes pasado en órbita unos 365 satélites de producción, lejos de los más de 3.200 previstos para la primera fase. Aun así, el servicio comercial debería arrancar este mismo verano, con terminales domésticos y profesionales (barcos, aviones).

El gobierno español subvenciona una tercera vía, más antigua y menos vistosa. Desde 2023, varias operadoras con Movistar a la cabeza comercializan, sobre los satélites geoestacionarios de Hispasat, un servicio de banda ancha rural con el nombre comercial de Conéctate35, financiado con 76,3 millones de euros de fondos europeos. El servicio cuesta 35 euros al mes, con velocidades de hasta 200 Mbps pero con una latencia de entre 600 y 700 milisegundos, penalizado por la órbita geoestacionaria. En marzo tenía solo unos 11.500 clientes.

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Del SOS de emergencia a los móviles sin operadora

La segunda gran transformación del sector es la conectividad directa al móvil, conocida como D2D. Comenzó en 2022, cuando Apple integró en el iPhone 14, en alianza con Globalstar, un sistema para pedir auxilio por satélite pensado solo para emergencias sin cobertura. Desde entonces ha evolucionado hacia la mensajería y ahora hacia aplicaciones que consumen pocos datos, como WhatsApp y Google Maps.

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La empresa que más ha impulsado la tecnología D2D es AST SpaceMobile. Sus satélites BlueBird (el último es la antena comercial más grande jamás desplegada en órbita baja) han llegado a transmitir picos de casi 99 Mbps directamente a teléfonos estándar, sin ninguna modificación. AST tiene acuerdos con cerca de 60 operadores, que suman más de 3.000 millones de abonados en todo el mundo: Vodafone, AT&T, Verizon y Telefónica, entre otros.

Starlink ha seguido un camino paralelo con el Direct to Cell, que comercializa desde hace un año en Estados Unidos con T-Mobile, y que permite enviar SMS y utilizar un puñado de aplicaciones concretas. En España, MasOrange y SpaceX anunciaron en febrero un piloto técnico en la provincia de Valladolid, el primero de este tipo en toda la Unión Europea. Por el momento, sin embargo, solo abarca mensajería y datos ligeros, aún sin voz ni datos generales.

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La batalla del espectro

Sin espectro propio, un satélite no puede hablar directamente con un móvil, y por eso Starlink Direct to Cell depende del espectro licenciado de operadores como T-Mobile y MasOrange. Esto empieza a cambiar: en mayo, los EE. UU. aprobaron a SpaceX la compra a EchoStar de 65 MHz por 17.000 millones de dólares, el primer espectro exclusivo y nacional que la firma de Musk consigue para su servicio directo al móvil, sin ningún operador terrestre como intermediario.

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Amazon ha hecho un movimiento similar: en abril compró Globalstar, la empresa que ofrece los servicios de satélite del iPhone desde 2022, y usará su espectro para su propio D2D desde 2028.

Ninguno de estos servicios funciona con cualquier teléfono: se necesitan chips y antenas que ahora solo incorporan los modelos más caros. Según Counterpoint Research, serán el 46 % de las ventas globales en 2030, liderados por Apple, Samsung, Huawei y Google, pero la adopción en gama media espera aún nuevas versiones del estándar 3GPP.

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Tengan espectro propio o no, la capacidad que ofrecen hoy los satélites sigue siendo muy inferior a la de una antena terrestre. El sector lo presenta solo como un complemento para zonas de sombra, no como una alternativa general.

Alrededor de estas tecnologías se ha tejido una red de alianzas entre operadores y empresas espaciales que ya suma 275 acuerdos en 101 países, según datos de la asociación GSA. Starlink participa en 96; AST SpaceMobile, en 44. Además de los ya mencionados, destacan el acuerdo de Telefónica con Sateliot para servicios de defensa y seguridad y el de Vodafone con AST SpaceMobile para crear una filial conjunta europea.

Cobertura para sensores

El otro gran capítulo es el internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés) vía satélite, pensado para conectar sensores y dispositivos allá donde no llega ninguna red. Sateliot, la empresa con sede en Barcelona, opera seis satélites bajo estándar 5G y vende conexión a un dólar mensual por dispositivo, con clientes en 60 países; en Cataluña, el centro tecnológico i2CAT ha probado su aplicación en el Pallars, con collares para ganado de pastoreo allá donde ninguna red terrestre llega por la complejidad del terreno, y en el Empordà, con sensores de suelo para el riego agrícola. Sateliot también colabora con la empresa Sensefinity para rastrear contenedores marítimos, con el objetivo de reducir las pérdidas de mercancía en trayectos donde los barcos pasan semanas enteras sin cobertura.

La Unión Europea aspira a responder a todo esto con IRIS², su constelación soberana de unos 290 satélites, adjudicada al consorcio SpaceRISE (SES, Eutelsat e Hispasat). El presupuesto asciende a 10.600 millones de euros, y los primeros servicios, dirigidos específicamente a los gobiernos de la UE, no llegarán hasta 2030.