Sarah Santaolalla y Nacho Abad, martes, en 'En boca de todos'.
Periodista y crítica de televisión
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El martes la tertuliana Sarah Santaolalla se marchó llorando de la mesa de debate del programa En boca de todos, en Cuatro. No solo sufrió el trato abusivo y degradante de otro colaborador, Antonio Naranjo, sino que el presentador más sensacionalista y cínico de la televisión actual, Nacho Abad, lo toleró en beneficio del espectáculo.Santaolalla se ha convertido en una analista política progresista y feminista muy popular en diferentes espacios de debate. Su espíritu combativo la ha hecho una colaboradora muy solicitada. Ha sido víctima de acosos, amenazas, escraches y agresiones por parte de la extrema derecha, incluyendo las persecuciones del incendiario Vito Quiles. La tertuliana lleva desde hace una semana el brazo en cabestrillo por un tirón de este personaje cuando la provocaba y grababa con la cámara. El mes pasado también recibió el menosprecio machista de Rosa Belmonte en El hormiguero, que la sexualizó para vejarla intelectualmente.Todo ello se ha viralizado en las redes. Lógicamente, la escena de la confrontación en En boca de todos también. Más tarde, Santaolalla hacía un comunicado renunciando a continuar en el programa. El espectáculo, que provoca repulsión, deja entrever la agresividad que se permite contra las mujeres tertulianas, especialmente si son jóvenes. Naranjo, soldado de Ayuso en las mesas de debate y propagandista en su programa de Telemadrid, convierte la verborrea incesante e inflamada en arma de destrucción. Fue triste que, después de esta escena, una Pilar Rahola que lo observaba vía videollamada, en vez de lamentarlo como tertuliana bregada en estas discusiones, se limitara a hacer una relación de todas las amenazas que ella había recibido como si se tratase de una competición con Santaolalla. El ego por encima del sentido común.El espectáculo nos alerta de dos tendencias televisivas nada inocentes, que tienen que ver con los programas que en algún momento han fichado a Santaolalla como tertuliana: En boca de todos, Todo es mentira, Mañaneros 360 y Malas lenguas. Lo llaman tertulias, pero se han convertido en máquinas de confrontación para fabricar clips virales. Se potencia la provocación y los antagonistas se eligen para maximizar el choque. Todo está pensado para favorecer el clickbait. Encubiertamente, es una práctica disciplinaria, porque los mismos participantes saben que deben contribuir al circo con eficacia si no quieren ser expulsados. No tiene nada que ver con el periodismo. Es una manera de polarizar y degradar el discurso público. Los códigos del reality están invadiendo el género de la tertulia. Esta estrategia hace emerger otro aspecto más sutil: estos programas buscan mujeres tertulianas jóvenes y vehementes que se ajusten al máximo a unos cánones hegemónicos de belleza, para que contribuyan al reclamo. Con ellas los hombres veteranos se ensañan más fácilmente. Por más válidas que sean, cada vez se ejerce más presión estética sobre las analistas políticas para estetizar el campo de batalla. La palabra cada vez les importa menos.

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